Es posible que la protagonista de Agatha Raisin no sea la dama del misterio como su tocaya e icónica escritora británica. Hasta que se dé cuenta de que tiene todo para ser una sucesora de la Christie. En principio, es una urbanita que arriba con sus modismos londinenses a un pueblo del interior. Mujer confiada y testaruda que tiene el deseo de ser aceptada por sus nuevos vecinos en los montes Cotswolds. “¡Hola, soy Agatha Raisin!”, va canturreando mientras se presenta y pasea con sus zapatos de  tacones aguja por el verde césped.  Pero no todo saldrá como lo tenía planeado y que la señalen como responsable de un asesinato se volverá un trampolín para su nueva afición y persona: la detective  menos pensada que resuelve misterios.
Luego de vender su exitosa agencia de marketing, Raisin (interpretada por Ashley Jensen) se dispone a cumplir el sueño de su vida mudándose a un lugar donde las máximas preocupaciones son llegar a tiempo a las cabalgatas, los torneos de competencias de comida y pedir una pinta antes de que suene la última campana en el pub. Pero le dejan bien en claro que es un sapo de otro pozo y, al momento que ella se compra una casa, una ola de asesinatos sacude al pueblo. El primero de ellos no ocurrirá en una mansión misteriosa ni en un callejón tenebroso, sino en un concurso de tartas. Y por ese tono se encarrila Agatha Raising, simpático thriller por accidente, comedia que no apela a buscar carcajadas, que pone el foco sobre los usos y costumbres de la isla, basada en una serie de best sellers de M.C. Beaton.
Cada episodio funciona a partir de un caso independiente, con algunos hilos a lo largo de la serie: el imán de la mujer para estar en el ojo de la tormenta, sus esfuerzos por encajar con los lugareños y su constante obstrucción a la policía local. Y, claro está, la siempre rendidora oposición de la vida de la campiña con la ciudad. Ni ella es tan snob como aparenta y detrás de la bonhomía doméstica puede haber asesinos implacables. Pero el mayor interés de la serie es la mujer que le da su nombre. Un poco como Angela Lansbury en Reportera del Crimen, con sus tailleurs que recuerdan a  La Niñera, y el toque sexy y sofisticado de un ángel de Charlie pero con más de cuatro décadas en el documento. “Básicamente es una mujer muy confiada en sí misma, que siempre tiene la razón y quiere que los demás lo sepan”, definió la actriz cuyo papel más reconocido hasta la fecha había sido en Extras como ladera de Ricky Gervais.  
Para los creadores de la serie era fundamental dejar una marca desde lo visual para Raisin: “Como fue el impermeable de Columbo y los pulóveres de Sarah Lund de The Killing, había que lograr una presencia física para el personaje”, especificaron. “Ella es alguien que no anda pidiendo perdón por el modo en que se viste. Usa tacos altos y se pinta los labios. A veces se nos hace creer a las mujeres que para seamos tomadas en serio tenemos que aplacarnos y eso es un poco triste”, dijo Jensen. Es un personaje con sus mohines de ceja levantada pero que no está compuesto a base de tics, lo que la vuelve tierna y simpática es su creencia de estar viviendo dentro de una novela de Conan Doyle. Helen Mirren le hubiera rezado a varios santos por un papel como el de Jensen.    
Si en la reciente Search Party se presentó a una detective para la generación millenial, Agatha Raisin lo hace para una más madura e igual de descolocada.  El riesgo de caer en una caricatura, con sus toneladas de maquillaje y ropa cara, se logran sortear por la gracia –en ambos sentidos del término– de la composición de la intérprete. “Sí, todo está un poco intensificado, brillante y colorido. El maquillaje de Agatha, por ejemplo, en realidad es como una armadura para cubrir su vulnerabilidad mientras intenta hacer esta nueva vida en el campo. Luce glamurosa, pero también la ves sola con su gato, bebiendo demasiado vino, siendo una cocinera malísima y teniendo relaciones desastrosas una tras otra. Es genial jugar a esta mujer de unos 40 años con todos estos lados ángulos”, explicó la actriz.