jueves, 10 de agosto de 2017

Santa Mariana Cope

Santa Mariana Cope

En Molokai, Hawai, santa Mariana Cope, virgen, que sirvió a Cristo en los leprosos.

Nació en Heppenheim, Hessen-Darmstadt (Alemania), el 23 de enero de 1838. Sus padres fueron Peter Kobb, agricultor, y Bárbara Witzenbacher. La bautizaron con el nombre de Bárbara. Al año siguiente, la familia emigró a Estados Unidos y se estableció en Útica, Estado de Nueva York. Su padre obtuvo la ciudadanía norteamericana y la dio a sus hijos. La familia adoptó el apellido Cope. Bárbara estudió en la escuela parroquial de San José, en Útica; hizo la primera comunión en 1848.

Siendo aún adolescente, aceptó un puesto en una fábrica de ropa para ayudar económicamente a la familia. A los 15 años quería entrar en el convento, pero, al ser la hija mayor y tener a su cargo a su madre impedida, a sus tres hermanos menores y a su padre inválido, tuvo que esperar nueve años para cumplir su deseo. Durante esos años de espera se pusieron claramente de manifiesto su paciencia y su espíritu alegre.



En 1860 una rama independiente de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia se estableció en Útica y Syracuse, ciudades ubicadas en el área central de Nueva York. Dos años más tarde, a la edad de 24 años, Bárbara ingresó en la orden y posteriormente emitió la profesión religiosa, tomando el nombre de Mariana. El apostolado de la orden consistía en la educación de los hijos de inmigrantes alemanes. Aprendió el alemán, la lengua de sus padres, y fue destinada a abrir y dirigir nuevas escuelas.



Dotada de cualidades naturales de gobierno, pronto formó parte del equipo directivo de su comunidad, que en 1860 estableció dos de los primeros cincuenta hospitales generales de Estados Unidos, que alcanzaron gran renombre: Santa Isabel de Útica (1866) y San José de Syracuse (1869). Los dos siguen siendo en la actualidad florecientes centros médicos. Ambos hospitales, equipados con medios extraordinarios para su tiempo, ofrecían sus servicios a todos los enfermos sin distinción de nacionalidad, credo o color. A menudo criticaban a la madre Mariana por atender a los «excluidos» de la sociedad: los alcohólicos y las madres solteras.



En medio de las dificultades más serias, la madre Mariana logró realizar un servicio apostólico sobresaliente con los más pobres de entre los pobres. Fue elegida provincial de su congregación en 1877 y, de nuevo, por unanimidad en 1881. En 1883, cuando las islas Hawai eran una lejana monarquía en el océano Pacífico, sólo la madre Mariana respondió a una petición urgente de los reyes de Hawai: se necesitaban enfermeras para los leprosos del país. «No tengo miedo a la enfermedad -aseguró-. Para mí será la alegría más grande servir a los leprosos desterrados...». Más de cincuenta comunidades religiosas habían declinado la petición de los reyes.



Al llegar al hospital de leprosos de Kakaako, Honolulú, se encontró con problemas muy serios. Su intención era volverse a Syracuse después de establecer la misión en Hawai. Sin embargo, las malas condiciones higiénicas del hospital, la falta de alimentación adecuada y la precaria atención médica, la impulsaron a cambiar sus planes. Las autoridades eclesiásticas y el Gobierno de Hawai pronto se convencieron de la importancia de su presencia para el éxito de la misión. Fueron numerosos sus logros en favor de los enfermos y de las personas sin hogar en Hawai. En 1884 el Gobierno le pidió que estableciera el primer hospital general en la isla de Maui. En 1885, cuando sólo las Hermanas Franciscanas podían hacerse cargo de los hijos de los pacientes leprosos, abrió un albergue para ellos en los terrenos del hospital de Oahu. El rey la condecoró con una preciada medalla en reconocimiento de su acción en favor del pueblo de Hawai.



En 1888 la madre Mariana respondió una vez más a la solicitud de ayuda del Gobierno. El hospital de Oahu se había cerrado y los pacientes leprosos eran enviados a la aislada colonia de Kalaupapa, en Molokai. El padre Damián de Veuster había contraído la lepra en 1884 y su muerte era ya inminente. En 1889, después de la muerte del padre Damián, aceptó la dirección del hogar para los varones, además del trabajo con las mujeres y las niñas.



La madre Mariana vivió treinta años en una lejana península de la isla de Molokai, exiliada voluntariamente con sus pacientes. Debido a su insistencia, el Gobierno dio leyes para proteger a los niños. La enseñanza, tanto de la religión como de las otras asignaturas, estaba al alcance de todos los residentes capaces de acudir a las clases. Dando ejemplo, promovió en aquella árida tierra la siembra y el cultivo de árboles, arbustos y flores. Conocía por su nombre a cada uno de los residentes en la colonia y cambió la vida de quienes se veían forzados a vivir allí, introduciendo la limpieza, el sentido de la dignidad y un sano esparcimiento. Les daba a conocer que Dios amaba y cuidaba con cariño de los abandonados.



Los historiadores de su tiempo se referían a ella como a "una religiosa ejemplar, de un corazón extraordinario". Era una mujer que no buscaba protagonismo. Su lema, según testificaron las hermanas, era: «Sólo por Dios». Murió el 9 de agosto de 1918.

La Santa Mariana Cope, O.S.F., también llamada Mariana de Molokai, fue una religiosa franciscana terciaria. Nació en Heppenheim, Gran Ducado de Hesse, el 23 de enero de 1838.

Su familia emigró a los Estados Unidos al año siguiente, donde se establecieron en la ciudad de Utica, donde permanecieron toda su vida. Estudió allí en una escuela católica. Después de trabajar en una fábrica doce años para ayudar a la familia, debido a la debilidad del padre, entró a las Hermanas de la Tercera Orden Franciscana, con sede en la ciudad de Siracusa, en el norte del Nueva York. Profesada en 1860, elegida Superiora General de la Congregación en 1873, ese mismo año fue llamada a Honolulu por el Rey de Hawái para cuidar del gran número de leprosos en el Reino. Mariana respondó "No tengo miedo de cualquier enfermedad; entonces, sería mi mejor alegría en cuidar a los leprosos abandonados". En 1888, se trasladó a la isla de Molokaʻi, donde se ubicaba el asilo para leprosos de Kalaupapa, para asistir San Damián de Veuster, SS.CC., en sus últimos meses de vida y para seguir con sus trabajos en cuidar a los leprosos.

En 1885, recibió la condecoración de Dama Compañera de la Real Orden de Kapiʻolani por sus servicios, de manos del Rey Kalākaua.

Apoyó la construcción de la iglesia de Santa Filomena y del colegio católico de San Francisco de Asís. Fundó una lavandería para las leprosas y formó un coro para las iglesias. Exigió, a gritos, comida y medicamentos para los leprosos. Tras la muerte de Veuster en 1889, Cope fue llamada a Honolulu para que regresara a Siracusa, pero ella se negó y decidió establecer su residencia en Kalaupapa, donde murió el 9 de agosto de 1918.

La beata es canonizada el 21 de octubre de 2012 por el papa Benedicto XVI, el mismo pontífice que la beatificó.

La historia del Padre Damián fue llevada al cine en el film Molokai: The Story of Father Damien (1999). Mariana fue interpretada por la actriz sudadricana Alice Krige.

MARIANA COPE nació en Heppenheim (Alemania) el 23 de enero de 1838, emigró con su familia a Útica (Nueva York, USA). Nutrida en la fe, recibió el don de la compasión y de saber responder a todo aquel que se encuentra necesitado, siempre en el respeto hacia los demás y sacrificándose ella misma.

En 1862, ingresó en las Hermanas de San Francisco de Filadelfia (hoy Congregación de las Hermanas de San Francisco de la Comunidad de Neumann) y tomó el nombre de Mariana. Además de dedicarse a la enseñanza, fundó y gestionó dos hospitales, respectivamente en Útica (1866) y en Syracuse (1869). En 1877 fue elegida provincial de su congregación. Durante el desarrollo de este servicio, respondió a una petición urgente del rey de Sandwich (actualmente Hawai) para enviar hermanas que deberían ocuparse de los que más sufrían en pueblo.

Inicialmente, la Madre Mariana pensaba simplemente en ayudar a seis hermanas voluntarias a resolver la misión pero, profundamente conmovida por la situación crítica de todos los que estaban afectados de la lepra, ella decidió quedarse con ellos. Inicialmente, ejerció durante cinco años su apostolado juanto a los residentes del “Leper Hospital” en Honolulu y después en la Península de Kalaupapa durante treinta años.  Durante su exilio, escogido libremente, la Madre Mariana ofrece un refugio seguro y amoroso a los marginados de la sociedad. Colaboró en la obra de San Damián de de Molokai y, en 1889, después de la muerte del padre Damián, aceptó la dirección del hogar para los varones, además del trabajo con las mujeres y las niñas.

Con profunda solicitud maternal, la Madre Mariana prometió a sus hermanas que ninguna de ellas se contagiaría de la lepra por el contacto con sus pacientes y, hasta hoy, así ha sido. Los historiadores de su tiempo se referían a ella como a “una religiosa ejemplar, de un corazón extraordinario”. Era una mujer que no buscaba protagonismo. Su lema, según testificaron las Hermanas, era:  “Sólo por Dios”.

La Madre Mariana murió el 9 de agosto de 1918 y fu enterrada por la persona que tanto amó durante su vida. En el 2004, sus restos fueron trasladaros a la capilla de la Casa Medre de Syracuse. La “Madre de los marginadas” fue beatificada el 14 de mayo de 2005 y canonizada el 21 de octubre de 2012 por el papa Benedicto XVI.

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