jueves, 3 de agosto de 2017

San Pedro Julián Eymard

San Pedro Julián Eymard

San Pedro Julián Eymard, presbítero, el cual fue primeramente sacerdote diocesano y después miembro de la Compañía de María. Adorador eximio del misterio eucarístico, instituyó dos nuevas congregaciones, una de clérigos y otra de mujeres, para fomentar y difundir la piedad



Pedro Julián nació en un pueblito de la diócesis francesa de Grénoble, llamado Mure d'Isére, en el año 1811. En la misma diócesis ocurrieron las apariciones de la Virgen en La Salette.   Trabajó con su padre en su fábrica de cuchillos y mas tarde en una prensa de aceite, hasta que cumplió 18 años. En sus horas libres estudiaba latín y recibía clases de un sacerdote de Grénoble, con quien también trabajo por un tiempo. 

En 1831 entra en el seminario de Grénoble y en tres años es ordenado sacerdote.   En sus primeros cinco años de sacerdote sirvió en una parroquia en Chatte y Monteynard. Luego pidió permiso al obispo para ingresar en la Congregación de los Maristas. El obispo le concede diciendo: "La mejor prueba de estima que puedo dar a esa congregación es permitir a un sacerdote como vos ingresar en ella". Al terminar su noviciado, Pedro Julián fue nombrado director espiritual del seminario menor de Belley y mas tarde fue elegido provincial de Lyon en 1845. 

El centro de su vida espiritual había sido siempre la devoción al Santísimo Sacramento. El santo decía: "Sin El, perdería yo mi alma". El santo nos relata una experiencia extraordinaria en una procesión de Corpus Christi, mientras llevaba al Santísimo en sus manos: "Mi alma se inundó de fe y de amor por Jesús en el Santísimo Sacramento. Las dos horas pasaron como un instante. Puse a los pies del Señor a la Iglesia de Francia, al mundo entero, a mi mismo. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, como si mi corazón fuese un lagar. Hubiese yo querido en ese momento que todos los corazones estuvieran con el mío y se incendiaran con un celo como el de San Pablo". 

Hizo una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Fourviéres en 1851: "Me obsesionaba la idea de que no hubiese ninguna congregación consagrada a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación total. Debía existir esa congregación ... Entonces prometí a María trabajar para ese fin. Se trataba aún de un plan muy vago y no me pasaba por la cabeza abandonar la Compañía de María...¡Que horas tan maravillosas pasé ahí! ". 

Fue aconsejado por sus superiores a no tomar ninguna decisión hasta que su proyecto estuviera más maduro. Después de 4 años en la Seyne, alentado por los mismos fundadores de los Maristas, Pío IX y el venerable Juan Colin, decide salir de la Compañía de María para fundar la nueva Congregación de Sacerdotes adoradores del Santísimo Sacramento, en 1856. Presenta su plan al Monseñor Sibour, Arzobispo de París. Recibió la aprobación de Mons. Sibour a los 12 días. 

Pedro Julián junto con un compañero se instaló en la casa que el mismo Monseñor puso a su disposición. El 6 de enero de 1857, en la capilla de la casa, Julián por primera vez expuso el Santísimo Sacramento y predicó en la nueva congregación.   El Padre Eymard tuvo que enfrentar muchas críticas por haberse salido de la Compañía de María y sufrió oposición a su obra. El Santo les decía: "No comprenden la obra y creen que hacen bien en oponerse a ella. Ya sabía yo que la obra iba a ser perseguida. ¿Acaso el Señor no fue perseguido durante su vida?". 

Muchos eran los llamados, pero pocos los escogidos. Los P.P. de Cuers y Champion fueron los primeros miembros de la Congregación. El progreso fue lento y con muchas dificultades. Tuvieron que cambiar de casa. En 1858 consiguieron una capillita en el suburbio de Saint-Jacques. El P. Eymard llamó a ese lugar "la capilla de los milagros" porque por 9 años, el Señor se derramó allí en abundancia. El Santísimo se exponía 3 veces por semana. El siguiente año, Pío IX emitió un breve en alabanza a la congregación. 

Se abre la segunda casa en Marsella y la tercera en Angers en 1862. Para entonces habían suficientes miembros para establecer un noviciado regular. Los sacerdotes rezan el oficio divino en coro y ejercen ministerios pastorales. Su principal misión es la adoración del Santísimo Sacramento, en lo cual ayudan los hermanos legos. 

El P. Eymard funda la congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento en 1852, también dedicadas a la adoración perpetua y a propagar el amor al Señor. También funda la Liga Eucarística Sacerdotal cuyos miembros se comprometen a una hora diaria de oración ante el Santísimo.   Trabajar con los sacerdotes y religiosas no fue su único objetivo. Funda la "Obra de Adultos", organización que se dedica a preparar a hombres y mujeres adultos para la primera comunión cuando por razón de edad o trabajo no podían asistir a la catequesis parroquial. 

Organizó la Archicofradía del Santísimo Sacramento que luego el derecho canónico ordena establecer en todas las parroquias. Escribió varias obras sobre la Eucaristía que han sido traducidas a varios idiomas.   Muchos lo consideraban un verdadero santo, se le notaba en todo: en su vida diaria llena de obras y virtudes, en especial el amor, y en sus dones sobrenaturales. Tenía visiones proféticas, adivinaba los pensamientos y leía los corazones. 

San Juan Bautista Vianney lo conoció personalmente y dijo de él: "Es un santo. El mundo se opone a su obra porque no la conoce, pero se trata de una empresa que logrará grandes cosas por la gloria de Dios. ¡Adoración Sacerdotal, que maravilla! ... Decid al P. Eymard que pediré diariamente por su obra".   En sus últimos años de vida, el P. Eymard tuvo una gota reumática, padecía de insomnio y otras tantas enfermedades. A sus sufrimientos se añadían innumerables dificultades. 

Una vez dejó ver el desaliento que sufría, según escribe el P. Mayet en 1868: "Nos abrió su corazón y nos dijo: 'Estoy abrumado bajo el peso de la cruz, aniquilado, deshecho'. Necesitaba el consuelo de un amigo, ya que, según nos explicó: 'Tengo que llevar la cruz totalmente solo para no asustar o desalentar a mis hermanos' ".   Presentía su muerte. Su hermana le pidió en febrero que fuera con mas frecuencia a Mure, el le dijo: "Volveré mas pronto de lo que imaginas".

El P. Eymard fue a visitar a sus amigos y penitentes, hablándoles como si fuese la última vez que los veía. El 21 de febrero el Padre Eymard salió de Grénoble rumbo a la Mure. Por el intenso calor y cansancio, llega casi sin conocimiento y con un ataque de parálisis parcial.   Muere el 1 de agosto. Antes de finalizar ese año ocurren varios milagros en su tumba. En 1895 la Santa Sede confirmó la Congregación "in perpetuum". 

El Padre Eymard es beatificado en 1925 y es canonizado el 9 de diciembre de 1962 por S.S. Juan XXIII.  J.M. Lambert, Colección Les Saints (1925).

 San Pierre-Julien Eymard, conocido también en castellano como Pedro Julián Eymard (La Mure, Grenoble, Francia, 4 de febrero de 1811 - 1 de agosto de 1868, La Mure) fue un presbítero católico, fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento. Es considerado el Apóstol de la Eucaristía, y su proceso de canonización culminó en 1962, con declaración de santidad.
Pedro Julián es parte de una familia muy cristiana pero muy pobre. Rápidamente el joven se sintió atraído por la Iglesia que su madre Maria Magdalena y su hermana Mariana acudían asiduamente. Aún siendo muy joven, su hermana lo encuentra con la cabeza inclinada y muy cerca del tabernáculo, y él le dice: « Es que le escucho y le entiendo mejor así ».

Desde su primera comunión, a la edad de 12 años, siente una profunda atracción hacia la vida religiosa, pero su padre, quien desea verlo retomar su comercio de aceite de oliva se opone a su vocación.

No obstante, encuentra al abad Desmoulins quien obtiene del Señor Eymard la autorización de llevarlo con él a Grenoble para que estudiara gratuitamente pero haciendo algunos servicios. Su madre muere un poco después, a pesar de algunas cosas, su padre acepta dejarlo partir a Marsella para que estudiara en casa de los Padres Oblatos.

El Señor Eymard muere el 3 de marzo de 1828. Pedro Julián entra al gran seminario de Grenoble y sigue su vocación. Es ordenado sacerdote a la edad de 23 años, el 20 de julio de 1834. Se le confía el ministerio de vicario y después de cura de la diócesis. Pero él, secretamente desea ser religioso.

El 20 de agosto de 1839, entra al noviciado de los Padres Maristas, congregación fundada por el Padre Colin. Después de su noviciado, es nombrado director espiritual del Colegio de Belley, seguido de Provincial de Francia y Director de la Tercera Orden de Maria.
El 20 de agosto de 1839, el Padre Eymard llega a ser miembro de la Congregación Marista haciendo profesión de votos de pobreza, castidad y obediencia.

Con una fe inquebrantable y una energía fue un remarcable organizador de asociaciones laicas, un educador devoto y un buscado predicador.

En 1851, después de tener una revelación que tuvo en el Santuario lyones de la Basílica de Nuestra Señora de Fourviere - Mientras el oraba, estuvo fuertemente impresionado por un pensamiento en un estado de abandono espiritual en el cual se encontraban sacerdotes seculares, la falta de formación de laicos, la lamentable devoción hacia el Santísimo Sacramento y los sacrilegios cometidos contra la Santa Eucaristía - le viene la idea de fundar una Tercera Orden masculina devota a la Adoración Reparadora; proyecto que, en los años siguientes llegará a ser la Congregación religiosa enteramente consagrada al culto y apostolado de la Eucaristía.
Después de numerosas y difíciles peripecias, agregados a los conflictos de personalidad y los problemas financieros, el Padre Eymard logró abrir su primera comunidad en la calle d'Enfer, en París. Su congregación fue definitivamente aprobada el 3 de junio de 1863, por Pío IX.

El Padre Eymard aceptó su elección como Superior General de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento (orden que fundó) aunque solamente quería ser un simple religioso.

San Juan Bautista Vianney lo conoció personalmente y dijo de él: « Es un santo. El mundo se opone a su obra porque no la conoce, pero se trata de una empresa que logrará grandes cosas por la gloria de Dios. ¡Adoración Sacerdotal, que maravilla! … Decid al P. Eymard que pediré diariamente por su obra».

Poco tiempo después, estuvo tentado a dejar su casa de París, debido a que iba a ser demolida para dar paso a un boulevard y debían instalarse a las afueras, mientras que la pobreza de la nueva congregación era tan grande que debían aceptar ayuda material de conventos vecinos.

El 21 de julio de 1868 por la tarde, el Padre Eymard desgastado, muy delgado e incapaz de tomar la mínima comida, llega a La Mure, con la orden formal de un médico, para descansar. Muere el 1 de agosto siguiente, fatigado, sucumbió a una hemorragia vascular cerebral. Tenía 57 años.
El Papa Pío XI lo beatificó el 3 de agosto de 1925.

El día siguiente a la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II, el 9 de diciembre de 1962, el Papa Juan XXIII, en presencia de 500 padres conciliares, lo inscribe en el Catálogo de los Santos.

33 años más tarde, el 9 de diciembre de 1995, fue inscrito en el calendario gregoriano y presentado a la Iglesia Universal como Apóstol de la Eucaristía.
Los Sacerdotes del Santísimo Sacramento son poco menos de mil alrededor del mundo, repartidos en 140 casas en 29 naciones. Las Siervas del Santísimo Sacramento (cerca de 300 religiosas) tiene casas en Francia, en Bélgica, en Estados Unidos, en Canadá y en Vietnam. Posteriormente surgió el Instituto Secular Servitium Christi, parte de la familia Eymardiana, con miembros provenientes de Holanda, Inglaterra, Alemania, Polonia, Chile, Brasil, Filipinas, Vietnam, entre otros.

    « Dame la Cruz, Señor, si me das también tu Amor y tu Gracia.»
    « Como testimonio de la Palabra de Jesucristo, La Iglesia agrega su ejemplo de su fe práctica. Sus espléndidas basílicas son la expresión de su fe hacia el Santísimo Sacramento. La Iglesia no ha querido construir tumbas sino templos, un cielo sobre la tierra, donde su Salvador, su Dios, encuentra un trono digno de El. Por una atención celosa, la Iglesia ha establecido hasta los mínimos detalles al culto a la Eucaristía; la Iglesia no descarga sobre nadie el honrar a su Esposo Divino: Todo es grande, todo es importante, todo es divino, cuando se trata de Jesucristo presente. La Iglesia quiere que todo aquello que es puro en la naturaleza, lo más precioso del mundo sea consagrado al servicio real de Jesús»
    « La Santa Eucaristía es Jesús pasado, presente y futuro.. Es Jesús transformado en Sacramento. Bienaventurado el alma que sabe encontrar a Jesús en la Eucaristía y en Jesús-Hostia todo lo demás »

    De Juan XXIII, el día de su canonización : « A partir de sus inicios los religiosos del Santísimo Sacramento comenzarán a ser, en la Iglesia, soportes de gran valor y propagadores de este movimiento de almas hacia la Santísima Eucaristía, una de las perlas más brillantes de la piedad cristiana»

La Eucaristía



La Eucaristía, Sacramento de Vida  La Eucaristía es la vida de todo los hombres.

La Eucaristía les ofrece un principio de vida. Todo pueden acudir, sin impedimento alguno ni de nacionalidad ni de lengua, a celebrar las fiestas sagradas de la Iglesia.

La Eucaristía les entrega una ley de vida, más aún de caridad, cuyo manantial es éste sacramento, que por eso produce este efecto: crea entre ellos un vínculo común, como cristiana familiaridad.    Todos comen del mismo pan, todos son comensales de Cristo, quien suscita entre ellos, sobrenaturalmente, una concordia de vida fraterna.

Lo leemos en los Hechos de los Apóstoles. allí se afirma que la multitud de los primeros cristianos, judíos convertidos y paganos bautizados, proveniente de diversas regiones, eran un solo corazón y una sola alma. ¿ porqué? Porque se reunían asiduamente para escuchar las enseñanzas de los Apóstoles y participaban en la fracción del pan.

La Eucaristía es la vida del alma y de la sociedad humana, como el sol es la vida de los cuerpos y del orbe de la tierra. Sin sol la tierra es estéril, él la alegra, la adorna y enriquece; concede a los cuerpos energía, fuerza, belleza. Ante estos efectos admirables no debemos sorprendernos de que los paganos le tributaran culto como a dios del mundo.

El astro del día obedece y está sometido al Sol supremo, el Verbo divino, Jesucristo, que ilumina a todo los que vienen a éste mundo y que obra el mismo por la Eucaristía, sacramento de vida, en el interior de las almas, de tal modo que informa a las familias y naciones: feliz y ciertamente felicísima el alma fiel que encuentra este tesoro escondido, que sacia su sed en el manantial de la vida, que come a menudo este Pan de vida.

Además la comunidad de los cristianos es una familia. El vínculo entre sus miembros es Jesús-eucaristía. Él es el Padre que prepara la mesa a su familia. En la Cena fue promulgada la fraternidad cristiana al mismo tiempo que la paternidad de Jesucristo; Él mismo llama a sus Apóstoles filiolos, es decir «hijitos míos», y les manda que se amen unos a otros como Él los amó.

En la Mesa Santa todos son hijos que reciben un  mismo pan, y San Pablo concluye por esto que ellos constituyen una familia, un mismo cuerpo, porque todos participan de un único pan, que es Jesucristo. La Eucaristía finalmente comunica a la comunidad cristiana la virtud de observar la ley del respeto y la caridad para con el prójimo.

Jesucristo manda honrar y amar a sus hermanos. Por eso Él se reviste de la persona de ellos: lo que hicieron al mas pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron; Él se entrega a cada uno mediante la Santa Comunión.

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