jueves, 10 de agosto de 2017

Los aires a un año de la masacre

29/6/2003

LA VISITA DE KÖHLER Y LA DEFENESTRACION DE JULIO NAZARENO

Los aires a un año de la masacre

El presidente de la Corte no resistió la embestida y ahora el Gobierno va por más. Una manito a Ibarra, jugando como al tute. Duhalde y su relación con Kirchner. Un piantavotos bonaerense recusado por sus propios compañeros. La visita de Köhler, el Gobierno en sintonía. Las razones del optimismo oficial. La banca oficial, defendida desde acá, toda una primicia. Balances provisorios, a un año y a un mes vista.

 Por Mario Wainfeld

 “Moliné va a resistir menos que ése. Nazareno era de amianto, no le importaba nada el descrédito social. Moliné tiene berretín de figurar, le duele el escarnio público, lo mortifica que lo silben en las canchas de tenis. No lo veo soportando presión en la calle sin quebrarse.” A pocas cuadras de la Rosada, el ministro no duda. La segunda etapa de la ofensiva debe abrirse pronto y será aún más fulmínea que la primera. En el Congreso tanto como en algún otro despacho del Gobierno hay más prevenciones: quizá sea prudente dejar pasar algún tiempo, supeditar otra embestida a la previa elección transparente, ejemplar, del nuevo Supremo. Como siempre, será Néstor Kirchner quien decida si es el instante del acelerador o el del freno. Una discusión gratificante para el gobierno naciente, la de analizar cómo se siguen consolidando posiciones, a pura política.
Sembrando mejor sobre el campo arado por el anterior juicio político, el Gobierno sigue arrasando las posiciones del menemismo. El menemismo... Y pensar que hace diez años eso fue la locura de muchos argentinos. Ese esperpento al que le cuesta coordinar sujeto, verbo y predicado de corrido con cierta pertinencia presidió el máximo tribunal del país. Otros ignorantes, navegando sobre una burbuja de estabilidad destruían la economía nacional. Y una perversa ejemplaridad se cimentaba desde el poder público. Duró diez años, fue una pesadilla, especialmente por el aval que colectó en los votantes, en los ciudadanos de a pie, en cenáculos culturales y universitarios, en técnicos de surtidos pelajes.
Carlos Menem ejercitó el poder con mano firme e hizo sentir su hegemonía cultural y política. Desde que él dejó la Casa Rosada y hasta que la ocupó el patagónico, nadie fue tan firme en sus convicciones y tan decidido para imponerlas. Como Menem, está dispuesto a barrer a quien se le ponga en el camino. Dos datos esenciales lo diferencian. El primero (al menos por ahora) es que intenta apegarse a la ley. El segundo es que su proyecto es bien distinto, sin exagerar, hasta antagónico del que arrasó este país.
El poder político no es algo estático, dado de una vez para siempre. Contra lo que predican los posibilistas, lo real no es sólo lo actualmente existente sino también lo virtual disponible o generable. El poder, en tanto relación entre seres humanos, tiene magnitud variable, en función de la voluntad de los actores. Lo fascinante de la política es la aptitud de estirar los límites, de cambiar los escenarios, de hacer posible lo que –sin voluntad– asomaba como inimaginable. Un mes lleva el actual gobierno “haciendo política”, definiendo metas, adversarios, enemigos, sabiendo hacia qué arco patear. Y no sólo tiene la cabeza de Nazareno como trofeo sobre su chimenea, también niveles de consenso inimaginables semanas ha.
Buena falta van a hacerle, ahora que se vienen la maratón electoral y los grandotes del mundo.
De visitante, al ataque
En la vida, como en el tute, se puede jugar a más o a menos. Queda claro que en el despunte de su gestión Kirchner elige ir a más, en sus embestidas contra Nazareno o sobre el PAMI, cuya intervención sigue siendo más que factible. Ex post, algunos señalan que eligió contendientes débiles sin ponderar que la debilidad, como ocurre en toda puja, depende de la fuerza con que se los ataca. Pero Kirchner también ha decidido jugar fuerte en situaciones donde la correlación de fuerzas le es menos propicia. Por caso, de cara a las elecciones que como cascada se prolongarán hasta octubre. Dada su condición minoritaria dentro del PJ, Kirchner ha tenido poca injerencia en el armado de las listas de las diferentes provincias. Ahora trata de recomponer su presencia y de armar su propia coalición. En los últimos siete días ha producido al menos un hecho y un par de omisiones significativas. Estas fueron hurtar su cuerpo en Tierra del Fuego y Tucumán que hoy eligen gobernador. El Presidente no se compromete a fondo por el menemista furibundamente reconvertido Carlos Manfredotti (que lleva las de perder en segunda vuelta en el Sur) ni por José Alperovich (que lleva las de ganar en el Norte). Necesitará el concurso de gobernadores peronistas y de legisladores de su sector, pero también quiere marcar diferencias entre quienes se granjean su confianza y quienes no la suscitan.
El hecho fue el audaz apoyo a Aníbal Ibarra. Una jugada a cara o cruz que asocia a Kirchner como socio en ganancias y pérdidas de una elección reñida en las que por ahora, Mauricio Macri parece tener una mínima ventaja. Queda claro que Kirchner no podía unirse al presidente de Boca sin mengua de su perfil político, pero sí podía mantenerse prescindente o ambiguo. Decidió apostar fuerte y, según como salga la taba, cobrará o pagará en consecuencia. Su intención es trascender, en su marco de alianzas, las fronteras del PJ e Ibarra ha venido siendo un aliado consistente en ese sentido.
Contra lo que se viene prejuzgando en estos días cuesta creer que Eduardo Duhalde vaya a poner algún escollo en Capital. Duhalde ha venido demostrando ser un aliado consistente de Kirchner y un buen tiempista y está claro que sería un dislate despegarse del Presidente en este momento. Por lo demás, la Reina del Plata no es un territorio apetecido por el bonaerense, que tiene una histórica excelente relación con Ibarra a quien asocia con la “nueva política” y a quien adorna con la cualidad de “cumplir los pactos”.
La relación Kirchner-Duhalde es sólida (lo que no es sinónimo de eterna) y no da trazas de estar en crisis, de ninguno de los dos lados. En el entorno del Presidente (y en el de Ibarra) bufaron cuando Eduardo Camaño se sacó una foto con Macri, pero lo cierto es que, asumen en la Rosada y zonas aledañas, el presidente de la Cámara de Diputados fue determinante para garantizar la blitzkrieg contra Nazareno.
Donde sí tendrá que meter mano Duhalde es en su provincia. Entre la gente de Felipe Solá y los duhaldistas, albricias, rara avis, ha brotado una coincidencia: todos quieren eyectar de la lista de diputados nacionales a Carlos Ruckauf. “El territorio” lo aborrece desde hace añares e instala un temor: que el ex canciller “tire abajo” la lista de diputados que encabeza Chiche Duhalde. Incluso temen algún corte de boleta que mejore a “Felipe” con relación a la hiperduhaldista lista de legisladores nacionales. Una eventual candidatura de Ricardo López Murphy en la provincia acrecentaría esos temores y esos reclamos. Eterno generador de unanimidades en su contra –con la única, hasta hoy, excepción de Duhalde- el desaparecido en inacción Rucucu deberá poner sus barbas en remojo cuando el ex presidente concrete su moroso retorno a Argentina.
Gestos
Dos gestos sustanciales enmarcaron la visita del titular del Fondo Monetario Internacional (FMI): los suyos y los del Presidente. En la Rosada, en Economía y en el Central prima la misma evaluación: ambos generaron un contexto inmejorable, dentro de lo que hay, para la inminente negociación.
Kirchner desplegó inusual energía y claridad en la cena con el enviado, tal como reveló en exclusiva Página/12. En la cúspide del Central y de Economía ni dudan: “Köhler se llevó una excelente impresión del Presidente. Le pareció un hombre ‘firme’”.
“No habrá molestado la energía de Kirchner?” pregunta Página/12 a un negociador que conoce bien a las huestes del FMI. “Para nada. Si Roberto (Lavagna) decía lo que dijo Kirchner hubiera interpretado que pateábamos la mesa. Pero la palabra presidencial es leída como un paraguas, válido, para la negociación”.
Los baqueanos en eso de pulsear con el FMI registran cambios importantes respecto del 2002:
- El primero es el propio viaje de Köhler quien, hasta ahora, había desatendido y desentendido el “caso argentino”. El alemán, cuentan sus contrapartes locales, se expresó satisfecho de haber venido, “lo que revela que hubo un tira y afloje previo en el FMI”. En Economía aseguran que la famosa “línea” sugería a su superior que no viniera y que hasta agitaron el espantajo de alguna medida judicial tendiente a apresarlo si recalaba en las pampas.
- La agenda del visitante es exhibida en triunfo por Economía. Como es de estilo, ese ministerio la diseñó, pero esta vez no tuvo ninguna addenda ni añadido molesto. “Köhler no vio al ‘elenco estable’” se ufana Lavagna. El “elenco estable” es la derecha económica, promenemista, que no termina de digerir la derrota de su paladín. El año pasado, cuando vinieron “los notables” a las reuniones predispuestas por Economía, por manes del establishment se añadieron cónclaves con el elenco estable. Esta vez, nada de eso ocurrió.
- Las alusiones de Köhler a las demandas sociales, que para el argentino de a pie huelen a cortina de humo o a verso, son leídas de otro modo en Economía y en el Central. La jerga del FMI empieza, a su ver, a converger con la de otros organismos internacionales como el Banco Mundial. “No es poco escuchar en boca de la autoridad del FMI palabras que estaban desterradas de su diccionario” se halaga un negociador.
- En lo poco que se avanzó en puntos concretos, el visitante se mostró (dentro de lo posible) menos invasivo que en otros tiempos. Concedió a los gobernadores que no será fácil sancionar este año electoral la nueva Ley de Coparticipación Federal. Y no porfió frente al Central cuestionando su política monetaria. “No tiene autoridad moral para decirnos nada. El año pasado discutimos fuerte, porque nos pedían medidas contractivas augurandoque si no lo hacíamos, se desencadenaría la híper. Nada ocurrió y ahora nos respetan más,” dicen cerca de Alfonso Prat Gay.
- Tanto en los diálogos con el emisario cuanto en las lecturas posteriores Economía, el Central y el ala política del Ejecutivo tienen una unanimidad de posturas y de lecturas altamente infrecuente en gobiernos argentinos.
- La misión negociadora vendrá a toda velocidad, antes aún que la que debe auditar el cumplimiento del último tramo de las metas pautadas a principios de 2003. Lo que es interpretado como un aval decidido a que haya acuerdo.
La ambición del gobierno argentino, de cara a un acuerdo de tres años, es un roll over, postergación de pagos por el plazo total del convenio. “No pedimos plata fresca –comenta Lavagna a su gente–, es un acuerdo inusual y se va a cerrar”.
El optimismo, valga enmarcarlo, es “dentro de lo que hay”. Las libras de carne, ay, siempre existen. Una de ellas es el aumento de tarifas, suculento cabrito en el altar del G-7 que por un lado presiona a Köhler para que acerque posiciones con Argentina y al unísono aprieta a ésta para que mejore la posición de las privatizadas de servicios públicos. El otro es, que aun mediando alguna postergación de pagos, mediará una exigencia de un superávit primario fenomenal. Un 3,5 del PBI, guarismo bastante inferior al ofrecido por Lula, implica algo así como un 25 por ciento del presupuesto anual de un país agobiado por la pésima distribución de la riqueza. Un freno al crecimiento cabal y uno aún mayor a algo parecido a la justicia.
Un banco ahí, por favor
Los titulares del Central y de Hacienda tienen más coincidencias de fondo que las que suele registrar la comidilla cotidiana, situación que Lavagna generó a pulso “cargándose” a los dos precursores de Prat Gay. Como fuera, puestos a discutir la situación del sector financiero, tocaron la misma partitura. También lo hizo la titular del Banco Nación, Felisa Miceli, quien defendió en cara de Köhler el rol de la banca pública. Postura verbal que fue robustecida con el lanzamiento, coincidente con la partida del alemán, de una línea de créditos para vivienda. La banca pública debe prestar, pontifica Lavagna, a condición de tener reservas y management. El Nación, se precia, tiene ahora una línea bien profesional y resto. Puertas adentro de su despacho, Lavagna reconoce que no toda la banca pública está en similar condición. También registra que el ánimo social sigue caído y que no será sencillo conseguir demanda para esa oferta.
Prat Gay, a su vez, cuestionó los embates del FMI tendientes a ajustar el sector. “No sobran bancos, faltan negocios” afirmó y explicó que en los ‘80 había menos plata en danza y más entidades en plaza. Es real, los bancos atesoran cuantiosas reservas que no prestan, esperando a vaya usted a saber a qué Godot. Los popes de la city alegan que esperan la compensación por la pesificación asimétrica, pero ese montante (que podría llegar a 10.000 millones) es casi irrisorio si se lo coteja con su patrimonio. Una mirada suspicaz podría maquinar que los banqueros se sientan sobre su plata en plan de apretar al Gobierno. “Es una mirada conspirativa, que le atribuye excesiva astucia al sector. Mejor piense que son malos empresarios, sin creatividad ni reflejos” le sugiere una alta voz del equipo económico al Gobierno. Para catalizar al sector el Central sigue bajando las tasas de interés pero, hasta ahora, el monstruo no reacciona. “La banca privada no puede sobrevivir sin dar crédito. Podrían hacerlo los bancos extranjeros, cubrirse y zafar por un tiempo, pero los nacionales...” describen en Economía. “Lo de ustedes no es autoconservación sino autoflagelación” los regañó alguna vez el Central pero el pescado sigue sin venderse, lo que retrata no sólo el patriotismo sino la idoneidad de los dueños del capital en estas latitudes.
A un año
Se cumplió un año del asesinato de los pibes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán cometido por la Policía Bonaerense y alentado por un clima de fronda creado desde el poder político de entonces. Las responsabilidades penales del caso se tramitan morosamente y dejan dudas. Las políticas y las morales deberían ser recordadas y revividas siempre. No fue la menor los embustes canallescos ulteriores a los homicidios tendientes a inculpar de ellos a las propias víctimas. Artificios que, valga recordar, fueron desbaratados por la valiente actitud de profesionales de la información y algunos medios.
Es del caso reconocer, empero, que desnudada la mentira las autoridades nacionales y provinciales registraron el cimbronazo que produjeron los crímenes. Duhalde anunció que se retiraba de la carrera electoral y adelantó los comicios, autolimitaciones en las que muy pocos creyeron pero que se cumplieron. Felipe Solá cambió la orientación de seguridad de su gestión, a punto tal que hoy disputa su reelección con el sello del garantismo contra dos apóstoles de la “mano dura”, entendida como sinónimo de la ilegalidad ejercitada por el Estado.
La situación nacional, desde entonces, no ha cambiado brutalmente pero sí ha mejorado el contexto político y las consiguientes expectativas. Las elecciones, amañadas y desangeladas como ninguna, detonaron un resultado interpretado virtuosamente por buena parte de la sociedad. Y el Presidente, surgido de esas añagazas y sucesor de ese gobierno poco querido, ha recuperado banderas tan añejas como nobles y se ha propuesta restaurar la validez de la palabra política. Uno de los daños fenomenales que infringió Menem a la sociedad es devaluar el contrato electoral y degradar la palabra a un mero artificio o simulacro. La restauración de la palabra política y de la autoridad del Gobierno, no como agente del poder establecido sino como representante de los ciudadanos, son tareas peliagudas que, según indican sus primeros días, Kirchner ha decidido acometer.
La pura voluntad no todo lo puede. Los condicionantes son fenomenales y la asimetría con los poderes fácticos poco propicia. El Gobierno, en consonancia con casi todos los que hay hoy en el mundo y con la mayoría de su electorado, ha elegido el camino de la negociación con los organismos internacionales de crédito. ¿Es posible que un pequeño y azotado país conserve dignidad acodado a tan desparejas mesas? La respuesta oficial, concordante con el estado actual del mundo y con vastas mayorías nacionales, predica que sí. Habrá que verlos andar y habrá que juzgar los resultados. Dentro de su visión, difícil de cuestionar si se acatan los mensajes de las urnas, los movimientos de estos días han sido auspiciosos. Lo más duro, de todos modos, está por venir.
A un año de la muerte de dos militantes populares, jóvenes y nobles por añadidura, cabe exigir para ellos, sus familias y sus compañeros de luchas y de tramo social, verdad y justicia. Dos mercaderías difíciles de conseguir en mostradores de este lado del mundo.
Otro tipo de justicia, la que designa a un país con índices decorosos de desocupación, de analfabetismo, de mortalidad infantil, de distribución del ingreso, está aún pendiente. Su restauración, mucho más complicada que la del prestigio de la Corte, será la cabal medida del valor de un gobierno que recién comienza y que en su primer mes ha abierto un crédito a la esperanza.
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 SERMON DE KÖHLER Y RESPUESTA SOCIAL

Etica global

En una áspera reunión, que se previó para 45 minutos y duró dos horas, representantes de la sociedad civil criticaron al Fondo Monetario por haber apoyado el corrupto proceso político que arrasó con la seguridad jurídica y la equidad social. Horst Köhler y Anoop Singh revelaron que ellos fueron los autores del Plan Jefes y Jefas, concebido como un subsidio indirecto a las empresas privatizadas, a expensas de mayor endeudamiento estatal. Un debate sobre ética y globalización.

 Por Horacio Verbitsky

 Durante la áspera reunión del lunes 23 con diez representantes de la sociedad civil, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, opinó que los principales problemas argentinos son éticos e institucionales. Köhler y Anoop Singh se atribuyeron la invención del plan Jefes y Jefas de Hogar. Tal vez sin querer, Singh reveló que lo habían concebido como modo de facilitar el aumento de tarifas que reclaman las empresas que prestan servicios públicos. Se trata de un perverso mecanismo de subsidio indirecto que incrementa el endeudamiento público. El Estado se endeuda, para que los pobres paguen y las empresas privadas incrementen sus beneficios. Köhler insistió en la seguridad jurídica y el cumplimiento de los contratos pero se sorprendió al saber que la ley de convertibilidad prohibió las indexaciones y actualizaciones monetarias de los contratos a partir de 1991, lo cual fue violado en forma sistemática. Köhler dijo ante los gobernadores que la reunión con la sociedad civil había sido la más fructífera de su agenda. Durante la comida con el presidente Néstor Kirchner, Köhler dijo que las voces de la sociedad civil habían modificado su percepción del país en general y su visión del problema de las tarifas y las prestadoras privatizadas en particular.
Pese a las versiones acerca de una promesa de aumentos tarifarios de entre el 7 y el 10 por ciento, el ministro de Economía Roberto Lavagna dijo a este diario que no se tocó el tema ni hay compromiso alguno asumido. También negó que el gobierno hubiera preferido un acuerdo de corto plazo con el FMI. “Queríamos el de mediano plazo, pero debemos ser realistas. Tal vez no sea posible llegar a un acuerdo y debemos tener pensada una alternativa.” También dijo que la Argentina no pedirá fondos frescos al Fondo Monetario. “El país ya está sobre, endeudado, aplastado por su deuda, más que cualquier otro país del mundo, Rusia incluida. Sólo queremos reestructurar los vencimientos.” La apertura de las negociaciones con el Fondo implicará la postergación de pagos por más de 6.000 millones de dólares en lo que resta del año. Según el jefe de gabinete Alberto Fernández,
Kirchner no cuestionó la necesidad del superávit fiscal que exige el Fondo Monetario pero dijo que lo necesitaba para financiar obras públicas que creen trabajo.
Köhler con las ONG
Horst Köhler dijo que el resultado de la relación de la Argentina con el FMI no había sido bueno y que ahora “estamos aprendiendo de nuestros errores y experiencias. Pero ustedes tienen tendencia a buscar culpables externos y el FMI es el perfecto chivo expiatorio”. En cambio, instó a “buscar qué es lo que anda mal en la sociedad argentina. Con humildad queremos saber cómo ayudar a salir de la crisis, con crecimiento equitativo”. Ponderó el modelo alemán de economía social de mercado, que después de la devastación de la guerra “reconstruyó el mercado con igualdad social. Ahora incluso se está repensando si no fue demasiado lejos, con un sistema de beneficios sociales imposible de financiar y que minó la iniciativa individual. Hay que buscar un equilibrio justo, que es distinto para cada país. Aquí no lo hubo. Buscamos un nuevo equilibrio, que sea bueno para el futuro. No tenemos todas las respuestas, porque sólo somos seres humanos. Por eso queremos escuchar”.
Jorge Casaretto, obispo católico de San Isidro y presidente de Caritas, dijo que la crisis “fue clave para que tomáramos conciencia de los problemas, a un costo muy alto, medido en los índices de pobreza e indigencia. Es una crisis del bien común, sobre el que primaron los intereses corporativos y de grupos. Estamos trabajando ahora en las necesarias reformas, desde el Diálogo Argentino. No culpabilizamos al FMI pero no se puede aplicar una política monetaria al margen de la justicia social. Los mismos países que declaran guerras y matan inocentes nos piden que luchemos contra la corrupción, pero ellos no aplican la ética que nos piden. Desde la guerra en Irak hay en la sociedad un fuerte sentimiento anti norteamericano”.
Cristina Calvo, de Caritas y Coordinadora de la Mesa del Diálogo Argentino, dijo que la desigualdad social no era un problema exclusivo de la Argentina y preguntó si los países del G7 “planean revisar las reglas que generan esa desigualdad, de modo que el capital financiero no actúe en detrimento de la economía real. Queremos saber si están dispuestos a considerar soberanos a los Estados del mundo, de modo que no se sacrifiquen las políticas sociales básicas para pagar la deuda”.
Lucrecia Lacroze, presidenta de Conciencia, dijo que prefería la educación y la reactivación económica al asistencialismo, “para que el país se levante a sí mismo y cada uno tenga un trabajo digno”.
Aldo Ferrer, miembro del grupo que elaboró el Plan Fénix, dijo que una política económica que genera desempleo y pobreza es pésima. “Los planes sociales son sólo paliativos, que no compensan esa política. Es necesario el diseño de una estrategia para crear riqueza. La Argentina está produciendo un 30 por ciento por debajo de su capacidad, con un excedente externo considerable. Es necesaria una expansión de la demanda global, con un tipo de cambio competitivo y una política monetaria apta para la creación de empleo. La Argentina tiene los medios, hay que aprovecharlos bien. Es el octavo país en extensión del mundo, superavitario en energía y alimentos. Hay que estimular el ahorro interno, la seguridad jurídica y de los contratos. El sistema dolarizado era insostenible, porque no estaban los dólares. El acuerdo con el FMI es conveniente, no para pedir recursos sino para postergar vencimientos de modo de relanzar la economía. Los criterios de sustentabilidad deben ser argentinos. La responsabilidad es argentina, eso implica defender nuestros intereses y criterios. Nadie puede impedir que hagamos lo necesario. La gobernabilidad no consiste en ganar la confianza de los mercados, sino en el desarrollo sustentable para consolidar la democracia.”
Mario Rejtman Farah, presidente de Poder Ciudadano admitió que había “responsabilidades compartidas. No se fijaron prioridades al endeudarse y los mecanismos para controlar el destino de los fondos fueron poco transparentes. Debe haber un control social de modo que los fondos se apliquen a generar empleo”. Con vistas al futuro, “es necesario definir mecanismos de negociación entre los estados endeudados y el FMI para que realmente se avance en un proceso de transformación social, no limitada a la mera imposición de condiciones”.
Abraham Kaul, presidente de la AMIA, se pronunció en contra de la ley de convertibilidad, que sumió en la pobreza “a una cuarta parte de la colectividad judía. Les damos de comer a 50.000 personas, pero lo que quieren es trabajo. La Argentina estuvo al borde de la guerra civil. Es cierto que tuvimos gobiernos corruptos. Pero como dice Isaías: los padres comieron frutos que dañan los dientes, ¿deben pagar los hijos por ello? El nuevo gobierno despierta una expectativa favorable, pero hay que darle oxígeno, no asfixiarlo con los pagos. Hay que pagar, pero también crear fuentes de trabajo”.
Moshen Alí, presidente de la Casa para la Difusión del Islam, hizo notar que estaba sentado junto a Kaul, “musulmanes y judíos juntos”. Atribuyó responsabilidad de la deuda “a los gobiernos de facto que mal utilizaron esos recursos. El país no debe hacerse cargo de esa deuda ilegal. Hubo reactivación en los dos años en los que el FMI aportó cero. ¿Qué bien nos hacen sus préstamos entonces? Sugiero que den un mensaje al pueblo, que durante un lustro no haya que pagar los intereses y que se produzca una quita sustancial en el volumen de la deuda”.
Emilio Monti, presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas, dijo que “en la década del 70 se prestó sin estudios suficientes a quienes se sabía que no podrían pagar, porque destinaron esos fondos al enriquecimiento ilícito o la represión y no a la producción. Había allí un objetivo, el de crear una deuda impagable para mantener la dependencia con un tributo anual. Hay que arrepentirse, caminar por un sendero diferente”.
Agustín Radrizzani, obispo católico de Lomas de Zamora, exaltó la fraternidad entre los pueblos, que “no deben ser sometidos” y cuestionó “los gastos en armas de la superpotencia”. A los gobiernos les faltó “sentido del bien común” y debido a la corrupción el país “ha llegado a tal nivel que no podemos responder a las exigencias del Fondo Monetario Internacional”. Introdujo la cuestión del aumento de tarifas y preguntó si vendrán fondos para generar empleo. Dijo que había que unir lo social a lo económico y sostuvo que “la deuda externa es inmoral. Con lo ya pagado es suficiente”.
Horacio Verbitsky, presidente del CELS. Hay que celebrar que esta vez el FMI no se reúna sólo con el gobierno y los empresarios, es decir con los responsables de la tragedia argentina, sino también con quienes mal o bien tratamos de representar a las víctimas. Tal vez así también cambie el tipo de condiciones que el FMI siempre ha impuesto a la Argentina y que se reflejan en un dato insoslayable. Hace medio siglo, cuando comenzó su relación con el FMI, la Argentina era el país con mayor integración social y equidad de América Latina, con pleno empleo y altos salarios. Hoy vive en la marginalidad y la desintegración, como resultado de los sucesivos ajustes que los gobiernos argentinos aplicaron. El CELS, junto con varias entidades de usuarios y consumidores denunciamos ante la Oficina de Evaluación Independiente del FMI que la presión ejercida para que aumenten las tarifas de los servicios públicos viola la legislación argentina y el convenio constitutivo del propio organismo. La presión para un aumento de tarifas es contradictoria con las finalidades del FMI de “mantener altos niveles de ocupación y de ingresos reales” de la población. Los funcionarios del Fondo también tienen prohibido defender intereses particulares o de sus países de origen. En este caso, actuaron como agentes de las empresas prestadoras de servicios, cuyos accionistas mayoritarios lo son también del FMI. También violaron la ley de emergencia económica, que desconoció la legalidad de todas las indexaciones aplicadas a partir de 1991 y estableció que en la renegociación con las 61 prestatarias se consideraría el impacto de las tarifas en la competitividad de la economía y en la distribución de los ingresos, la calidad de los servicios y los planes de inversión, el interés de los usuarios y la accesibilidad de los servicios, la seguridad de los sistemas y, recién en último lugar, la rentabilidad de las empresas. ¿De qué empresas estamos hablando? Por los privilegios concedidos por el poder político la facturación de las privatizadas creció entre 1993 y 2001 casi siete veces más que el Producto Bruto. Sus márgenes de rentabilidad fueron 14 veces mayores que los de las empresas más grandes del país que no participaron en las privatizaciones y entre dos y cuatro veces mayores que los de las prestadoras de los mismos servicios en otros países, incluso los de sus casas matrices. Esas firmas fueron generosas en la distribución de dividendos a sus accionistas y para invertir contrajeron endeudamiento externo. Una parte significativa de esa deuda fue para importar bienes de capital e insumos de firmas vinculadas, lo que les permitió inflar costos y eludir impuesto a las ganancias, mientras se desmantelaba la industria local de proveedores. Otra parte no se invirtió en el proceso productivo sino en la especulación financiera. También contribuyeron al crecimiento del desempleo en un 2,2 por ciento de la Población Económicamente Activa, mientras los incrementos tarifarios hicieron que el pago de servicios pasara a insumir casi el 15 por ciento del presupuesto de los hogares más pobres, que postergaron otros consumos esenciales. Las ganancias que así obtuvieron esas empresas se fugaron del país. Por cada dólar de deuda pública se deposita o se invierte en el exterior entre ochenta y cinco centavos y un dólar originado en la Argentina. Todas esas cosas nos gustaría que monitoreara el FMI en lugar de exigir ajustes sobre ajustes.
Köhler. He escuchado con atención y actitud abierta, pero estoy desilusionado. Buena parte de las exposiciones insisten en que los culpables no están en la Argentina. Hubiera preferido oírlos hablar de los errores propios. Ustedes juegan un rol en la sociedad argentina. ¿Qué hicieron ustedes para tener una sociedad mejor? En la primavera de 2001, tuve oportunidad de conversar en Canadá con un obispo argentino. Le dije que para que hubiera paz y prosperidad, era necesario el crecimiento con equidad y le hablé acerca de cómo lograrlo:
u En 2000 y 2001 recibimos cerca de 10.000 emails desde la Argentina. No les den más plata, porque son todos ladrones, decían.
u Los informes de Inteligencia indicaban que los disturbios y manifestaciones en las que murieron tantas personas fueron financiados por argentinos que no querían a De la Rúa.
u Le planteamos al gobierno que era necesario un alivio social y sugerimos el programa Jefes y Jefas de Hogares Desocupados. Pero vimos que parte del dinero iba a parar a bolsillos que no correspondían, que había corrupción, que se usaban los planes para comprar votos. Nosotros no podemos controlar eso.
u De la Rúa me dijo que necesitaban dinero y le sugerí la llamada Ley de Déficit Cero. El Congreso la aprobó, pero nadie se preocupó por aplicarla y los senadores conservan sus jubilaciones de privilegio vitalicias.
Esto indica que en la Argentina hay un problema moral, de ética, de integridad del sistema político. El obispo estuvo de acuerdo. Ustedes tienen que contestar qué pasó para que un país que en la década de 1920 era el sexto más rico del mundo terminara así. Eso no ocurrió por culpa del FMI, que se creó mucho después. Canadá era como la Argentina un país de inmigrantes pobres y hoy es uno de los más ricos del mundo. Por eso no acepto ser acusado como chivo expiatorio. Aquí se ha dicho que la deuda es inmoral. No sé adónde nos lleva ese planteo. La deuda no es mágica, ni buena ni mala. Es un instrumento para financiar proyectos. No hay paz sin responsabilidad ética. Es necesario fortalecerla. En Estados Unidos se produjeron los escándalos de las auditorías contables que truchaban balances. Eso no es ético y no podemos tolerarlo. Hay que reforzar la educación, para que la gente sea responsable por el bien común. La Argentina es una democracia clientelística. Los mandatos se ejercen haciendo favores. El problema es cómo fortalecer el sistema político para que represente al pueblo. Esa es una pregunta que ustedes deben hacerse. La desigualdad mide cómo funciona el sistema político, no el sector empresario. En Canadá el sector empresario es mayor que en la Argentina y la desigualdad es menor. Se habla del desastre de la globalización. Pero siguen existiendo las decisiones soberanas. Ustedes pueden decidir no pagar sus deudas. Yo les aconsejo que no lo hagan. Los jóvenes quieren viajar, no quedarse aislados. Lo que tienen que hacer es pagar sin desatender las necesidades del pueblo. La deuda con el FMI hay que pagarla. Es plata de nuestros accionistas que luego se represtará a otros países. La cooperación internacional requiere que los países miembros cumplan con sus obligaciones. El FMI presta cuando nadie presta, asume un alto riesgo pensando en el bien común. Somos acreedores privilegiados para mantener la estabilidad del sistema. No se olviden de que hay entre 100.000 y 200.000 millones de dólares de la Argentina depositados en el exterior. Hay que crear incentivos para su repatriación, seguridad jurídica y previsibilidad, que no haya leyes expropiatorias o de favoritismo. El problema básico de la Argentina es la debilidad institucional, la situación de la justicia, la altísima corrupción. En Canadá el índice de corrupción es tres veces menor. Esto quiere decir que hay algo que anda mal en la sociedad y en el sistema político. La Argentina tiene que volverse un país normal, esa es una tarea de ustedes. Lo más importante no son los intereses de la deuda externa. Yo no soy un cobrador de deudas. Pero existe una continuidad jurídica de los Estados, que es necesaria para que pueda funcionar la comunidad internacional. No podemos reinventar la rueda. Trabajamos con cualquier gobierno electo, sea de izquierda o de derecha. Lo hacemos con Lula y también trabajaremos con Kirchner. Y no le voy a hablar de la deuda externa sino de los pobres. No queremos ser vistos como los cobradores. Soy el primero en apoyar la idea de un crecimiento con equidad, pero no puedo decir que se olviden de la deuda externa. Sobre el tema de las tarifas me preocupa que crean que venimos aquí como abogados de las empresas y le voy a pedir al director del Departamento Hemisferio Occidental del Fondo que conteste lo que aquí se ha planteado.
Anoop Singh. Me temo que en el tema de los servicios públicos está siendo difícil entendernos. Es muy importante e incluye más cosas a considerar que las tarifas. Se trata de un sector crucial para el crecimiento, no podemos congelarlo y tratar a las empresas como el chico que se portó mal y lo dejamos encerrado en una pieza. Los pobres están protegidos por el plan Jefes y Jefas, con un ingreso que les permite pagar los servicios y no frenar el desenvolvimiento de las empresas. Yo personalmente le propuse ese programa al matrimonio Duhalde. Había espacio para aumentar las tarifas y al mismo tiempo proteger a los pobres. Queremos pensar en el futuro, en un marco regulatorio que dé seguridad a las empresas y les permita reestructurar sus deudas.
Köhler. Uno de los prestadores del servicio de gas nos dijo que no pueden invertir para dar más energía. Si la economía crece los servicios van a colapsar porque no están invirtiendo. Si permitimos que una empresa no tenga ingresos, cortamos su propia expansión. Me sorprende que hayan sugerido que el FMI está en contra de los pobres. Lo que formulamos son recomendaciones para que haya energía para el desarrollo. El error fue que cuando se privatizó no se fomentó la competencia, que evita precios monopolistas. Pero esto fue antes. Si las tarifas se congelan las empresas no invierten y estaríamos subsidiando a los ricos.
Singh. Quiero que miren al futuro. Se puede proteger a los pobres y al mismo tiempo permitir que las empresas inviertan. No hay que politizar este tema.
Köhler. Vamos a trabajar en un programa de mediano plazo y tomamos en cuenta lo que nos han dicho. Nuestra política no es pedir un ajuste sin dejar espacio para los pobres. Esto llevará tiempo, no vamos a pedir aumentos de un día para el otro. Pero ustedes piensen en trabajar más duro en vuestra sociedad.
Casaretto. Nos ha dado un sermón y aquí el especialista en sermones soy yo. Los aquí presentes somos conscientes de que hemos sido víctimas de nuestros gobernantes.
Lacroze. Este grupo conoce sus defectos.
Rejtman Farah. Las empresas han tenido ganancias irrazonables y ha habido impunidad. Pero los aquí presentes estamos entre quienes lo denunciaron.
Radrizzani. En el Diálogo Argentino somos conscientes de toda esa podredumbre.
Köhler. Lamento si se sintieron sermoneados y les pido disculpas. El FMI está en un proceso de cambio, en el cual la ética tiene mucha importancia. Yo soy miembro del Instituto Etica Global, cuya misión es promover los comportamientos éticos, y mi filósofo predilecto es Karl Popper.
Verbitsky. Su pregunta sobre qué hicimos nosotros me obliga a contestarle que yo escribí un libro de 500 páginas sobre la corrupción del sistema político en el proceso de privatizaciones que ustedes apoyaban y otro libro de 500 páginas sobre el copamiento de la justicia para garantizar la impunidad de aquella corrupción que ustedes no objetaron. Y no lo hice diez años después como parte de una revisión autocrítica sino en el momento en que esas cosas estaban sucediendo. De modo que no necesito lecciones sobre seguridad jurídica e integridad pública. La seguridad jurídica no consiste en mirar al futuro, como proponen ustedes, sino en tomar en cuenta todo el proceso y verificar si hubo apartamientos de la legalidad vigente en cada momento. En abril de 1991 la ley de convertibilidad estableció que no se reconocería ningún tipo de indexación en ningún contrato. Sin embargo las tarifas de los servicios privatizados primero se dolarizaron y luego se indexaron por el índice de precios mayoristas de los Estados Unidos, que en esa década crecieron un 17 por ciento mientras en la Argentina disminuían un 2 por ciento. Esto carece de toda racionalidad económica y es un escándalo ético. ¿Qué pensarían de eso Karl Popper y los miembros del Instituto de Etica Global? De modo que la ley de emergencia económica promulgada en febrero de 2002 no es una injerencia indebida del Congreso en los contratos ni altera la seguridad jurídica. Por el contrario, cuando dice que todas esas indexaciones “se mantienen derogadas a partir del 1 de abril de 1991”, restituye la seguridad jurídica violada por decretos y resoluciones de jerarquía inferior a la ley.
Singh. No es sostenible que las tarifas sigan congeladas. Habrá que negociar el descongelamiento, cuanto antes mejor. Pero no estamos insistiendo en aumentar un 5 o un 10 por ciento, sino en establecer un nuevo marco macroeconómico y fiscal.

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