jueves, 31 de agosto de 2017

San Germán de París

San Germán de París

Gran parte de su vida la conocemos por el testimonio de su colega el obispo Fortunato que asegura estuvo adornado del don de milagros.
Nació Germán en la Borgoña, en Autun, del matrimonio que formaban Eleuterio y Eusebia en el último tercio del siglo V. No tuvo buena suerte en los primeros años de su vida carente del cariño de los suyos y hasta estuvo con el peligro de morir primero por el intento de aborto por parte de su madre y luego por las manipulaciones de su tía, la madre del primo Estratidio con quien estudiaba en Avalon, que intentó envenenarle por celos.
Su pariente de Lazy con quien vive durante 15 años es el que compensa los mimos que no tuvo Germán en la niñez. Allí sí que encuentra amor y un ambiente de trabajo lleno de buen humor y de piedad propicio para el desarrollo integral del muchacho que ya despunta en cualidades por encima de lo común para su edad.
 
Con los obispos tuvo suerte. Agripin, el de Autun, lo ordena sacerdote solucionándole las dificultades y venciendo la resistencia de Germán para recibir tan alto ministerio en la Iglesia; luego, Nectario, su sucesor, lo nombra abad del monasterio de san Sinforiano, en los arrabales de la ciudad. Modelo de abad que marca el tono sobrenatural de la casa caminando por delante con el ejemplo en la vida de oración, la observancia de la disciplina, el espíritu penitente y la caridad.
Es allí donde comienza a manifestarse en Germán el don de milagros, según el relato de Fortunato. Por lo que cuenta su biógrafo, se había propuesto el santo abad que ningún pobre que se acercara al convento a pedir se fuera sin comida; un día reparte el pan reservado para los monjes porque ya no había más; cuando brota la murmuración y la queja entre los frailes que veían peligrar su pitanza, llegan al convento dos cargas de pan y, al día siguiente, dos carros llenos de comida para las necesidades del monasterio. También se narra el milagro de haber apagado con un roción de agua bendita el fuego del pajar lleno de heno que amenazaba con arruinar el monasterio. Otro más y curioso es cuando el obispo, celoso que de todo hay por las cosas buenas que se hablan de Germán, lo manda poner en la cárcel por no se sabe qué motivo (quizá hoy se le llamaría «incompatibilidad»); las puertas se le abrieron al estilo de lo que pasó al principio de la cristiandad con el apóstol, pero Germán no se marchó antes de que el mismo obispo fuera a darle la libertad; con este episodio cambió el obispo sus celos por admiración.
El rey Childeberto usa su autoridad en el 554 para que sea nombrado obispo de París a la muerte de Eusebio y, además, lo nombra limosnero mayor. También curó al rey cuando estaba enfermo en el castillo de Celles, cerca de Melun, donde se juntan el Yona y el Sena, con la sola imposición de las manos.
Como su vida fue larga, hubo ocasión de intervenir varias veces en los acontecimientos de la familia real. Alguno fue doloroso porque un hombre de bien no puede transigir con la verdad; a Cariberto, rey de París el hijo de Clotario y, por tanto, nieto de Childeberto, tuvo que excomulgarlo por sus devaneos con mujeres a las que va uniendo su vida, después de repudiar a la legítima Ingoberta.
El buen obispo parisino murió octogenario, el 28 de mayo del 576. Se enterró en la tumba que se había mandado preparar en san Sinfroniano. El abad Lanfrido traslada más tarde sus restos, estando presentes el rey Pipino y su hijo Carlos, a san Vicente que después de la invasión de los normandos se llamó ya san Germán. Hoy reposan allí mismo y se veneran en una urna de plata que mandó hacer a los orfebres el abad Guillermo, en el año 1408.

Santa Margarita Ward

Santa Margarita Ward 

En Londres, en Inglaterra, santa Margarita Ward, mártir, que, estando casada, durante el reinado de Isabel I fue condenada a muerte por haber ayudado a un sacerdote, sentencia que acogió de buen grado y que se cumplió al ser ahorcada en Tyburn. Allí mismo, con ella consumaron su martirio los beatos mártires Ricardo Leigh, presbítero, y los laicos Eduardo Shelley y Ricardo Martín, ingleses, Juan Roche, irlandés, y Ricardo Lloyd, del país de Gales, el primero por el hecho de ser sacerdote y los otros por haber dado hospitalidad a sacerdotes.
Margarita Ward nació en Cobgleton, Cheschire, en torno al 1550, en el seno de una distinguidísima familia inglesa; se sabe que en los últimos años vivió en casa de la noble señora Whitall, de la que era dama de compañía.

Margarita era católica, y supo que habían arrestado el sacerdote Guillermo Watson, que estaba encarcelado y sometido a continuos sufrimientos. Estaba en curso la persecución de la sanguinaria Isabel I Tudor contra los católicos, y la tortura era una práctica usual. Margarita decidió visitarlo repetidas veces, para ayudarlo y confortarlo.

Watso ya había estado encarcelado una primera vez, pero luego, en un momento de debilidad por las torturas sufridas, había consentido participar del culto protestante, y por ello había sido liberado. Pero amargamente arrepentido de esta acción, se había públicamente retractado y declarado ser católico, por lo que fue nuevamente prendido y llevado a la cárcel de Bridewell

Margarita desplegó su caridad, incluso hasta favorecer la fuga de Watson de la cárcel, pero una cuerda olvidada colgando de una ventana, después de la fuga del prisionero, hizo que enseguida se viera que había sido ayudado por la visitante, y por tanto ella vino a ser arrestada y conducida ante el juez. La dama no sólo confirmó plenamente cuanto había hecho, sino que se negó a revelar dónde estaba escondido el fugitivo, no quiso pedir el perdón a la reina Isabel, ni quiso adherir al culto protestante, condiciones que le eran impuestas para obtener la libertad. Ella estaba convencida de no haber ofendido de ningún modo a la soberana, y consideraba cosa absolutamente contraria a su genuina fe católica el asistir a las funciones de un culto herético.

Fue, por tanto, condenada a muerte por alta traición: inmoló su vida por la fe católica en la que creía y que no quiso abjurar, y marchó al patíbulo en Tyburn, el 30 de agosto de 1588. Ricardo Leigh, Eduardo Shelley, Ricardo Martin, Juan Roche y Ricardo Lloyd fueron sus compañeros de martirio. Todos ellos fueron beatificaos en 1929 por el papa Pío XI, y Margarita fue canonizada en 1970 por el papa Pablo VI, entre los 25 mártires de Inglaterra y Gales.

Santo José de Arimatea

Santo José de Arimatea

En Jerusalén, conmemoración de los santos José de Arimatea y Nicodemo, que recogieron el cuerpo de Jesús bajo la cruz, lo envolvieron en una sábana y lo depositaron en el sepulcro. José, noble decurión y discípulo del Señor, esperaba el reino de Dios, y Nicodemo, fariseo y principal entre los judíos, que había ido de noche a ver a Jesús para interrogarle acerca de su misión, defendió luego su causa ante los sumos sacerdotes y los fariseos que buscaban la detención del Señor.
En realidad la figura de José de Arimatea sólo nos es conocida por una única referencia que está, sin embargo, presente en los cuatro evangelios, respectivamente en Mateo 27,47, Marcos 15,43, Lucas 23,50-51, y Juan 19,38. A pesar de tan escasas menciones los cuatro testigos no parecen ponerse demasiado de acuerdo en cómo describir al personaje. Veamos:
-En Marcos se dice: «vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús.»
-En Mateo se dice: «Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús.»
-En Lucas, por su parte: «Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.»
-Y finalmente en Juan: «Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús.»

Evidentemente resultó incómodo para esta generación cristiana que elaboraba los recuerdos de la época de Jesús constatar que podía haber sido discípulo de Jesús, o al menos haber sido afín a su predicación, alguien que de una manera u otra hubiera estado en el Consejo que emitió la condena. Marcos, de redacción más antigua que los otros tres, trae lo que podríamos llamar la expresión básica, sin pretender responder a la contradicción que señalábamos. Mateo y Lucas, cada uno a su manera, añadirán a la descripción algo que permita salvar el problema, así, mientras Mateo se libera del asunto omitiendo la pertenencia de José al Consejo, Lucas aclara que aunque pertenecía no asintió. Juan por su parte no dudará en incluir a José entre el grupo que los especialistas en su Evangelio llaman los «criptocristianos», es decir cristianos que no daban el paso valiente que suponía la ruptura con el judaísmo; aunque en beneficio de José debe tenerse presente que esta situación es propia de la época de Juan y no de la época de José de Arimatea.

Una fuente apócrifa, Evangelio de Pedro 6,21-24, narra más detalladamente las acciones de José con el cuerpo de Jesús, que corresponden al ritual de enterramiento de un muerto: «Entonces, los judíos sacaron los clavos de las manos del Señor y lo depositaron en el suelo. En ese momento, tembló toda la tierra y cundió el pánico entre la gente. Pero el sol <volvió>a lucir, y se comprobó que era la hora nona. Los judíos se alegraron y entregaron el cuerpo de Jesús a José para que lo enterrase, pues había sido testigo de todo lo bueno que él [Jesús] había realizado. José tomó al Señor, lo lavó, lo envolvió en unos lienzos, y lo colocó en su propio sepulcro, en el lugar llamado Jardín de José». No nos agrega demasiado a lo dicho en los Evangelios, sino sólo el rito de lavado, que, naturalmente, no habrá faltado en el sepultamiento de Jesús. El pueblo de Arimatea es de localización incierta, aunque en la actualidad tiende a identificarse con Rentis, a unos 30 Km al NE de Jerusalén. Que fuera miembro del Consejo -lo que se supone que indica el Sanedrín, aunque con ese nombre sólo se lo menciona aquí-, no indica que fuera sacerdote ni anciano. No hay más datos históricos sobre este personaje, aunque leyendas posteriores lo hacen transmisor del Santo Grial con la sangre de Jesús, ideal de la búsqueda caballeresca en el medioevo.

Junto a él, en la misma escena del sepultamiento, el evangelio de Juan nos muestra a otro personaje, que sólo conocemos por esa tradición, aunque no aparece una única vez; se trata de Nicodemo, un personaje que nos es familiar por el bellísimo relato de Juan 3, la visita nocturna que le hace a Jesús, en la que en un diálogo catequístico puesto en boca de Jesús, se le introduce -a Nicodemo y al lector- en los puntos centrales de la teología del Cuarto Evangelio. El diálogo ocurre en la noche, porque precisamente se tratará de los conocimientos que permitiran al discípulo pasar de las tinieblas de la ignorancia-noche, a la luz del día-sabiduría.

No llegamos a saber, propiamente, nada sobre Nicodemo, tan sólo que es un «magistrado judío», sin que se nos especifique más, y que debía ser de muy buena posición económica, para costear, más tarde, los ricos perfumes de la unción de Jesús. El nombre Nicodemos, aunque es griego, no era desconocido ni inusual entre los judíos de época de Jesús, y se conoce, por ejemplo, un fariseo, Naqdimon ben Gurion, anterior a los 70. Por supuesto, eso no significa que ese fariseo sea nuestro Nicodemo, sino sólo que el nombre no es completamente atípico. La existencia histórica de Nicodemo parece fuera de toda duda, pero esa existencia histórica no debe distraer del punto central, que es que Juan no lo menciona por su historicidad, sino por un papel altamente simbólico que cumple en su narración: representando a todos aquellos que, aunque formados y conscientes de la verdad de Jesús, temen dar el salto hacia la fe, porque no terminan de deponer su propia sabiduría -humana- y abrirse a la acción del Espíritu que, puesto que es viento (espíritu y viento son la misma palabra en griego), «sopla donde quiere» (Jn 3,8).

El arte los suele representar juntos, ya sea en la escena del descendimiento, en la unción o en el momento de la sepultura. Los creyentes también los recordamos unidos, pero no sólo por la acción del sepultamiento, sino también por ese carácter de «cristianos sin animarse del todo», que, como la inscripción del Martirologio piadosamente nos recuerda, también pueden llegar, por el soplo del Espíritu, a las alturas de los coros celestiales. Gran consuelo para muchos de nosotros.

André Gide - "Dostoievski"

André Gide - "Dostoievski"

El alma rusa, el gusto francés

Cuando lo descubre entre los años 1906 y 1912, apenas lo registra en sus célebres Diarios, pero no por eso Dostoievski deja de ser una presencia fuerte y una corriente turbulenta que entra a la vida de André Gide con ímpetu, dejando huella. Testimonio de ello es Dostoievski (Ediciones del susbsuelo), una serie de artículos y conferencias que revelan el impacto de lectura del gran novelista sobre un Gide que poco a poco se deja ganar por el conflicto existencial del alma rusa.


En lo que va de 1906 a 1912, los años en que descubre a Dostoievski, André Gide apenas lo menciona en su diario. Sus entradas registran situaciones culturales, novelas, poemas, óperas, viajes, encuentros con amistades más o menos famosas, la afinidad y el disenso con Paul Valery, que puede anularlo, la relación tensa con Paul Claudel, la afectación y el egocentrismo de Giovanni Papini, la actuada intensidad de Gabriele D’Anunzio, la distancia enigmática de Stefan George. La mundanidad de Gide apabulla. En sus diarios predomina con exquisitez el respeto a las formas aún en los patinazos existenciales. Si bien abundan sus raptos neuróticos, ganan la crónica de vida intelectual, las desavenencias y coincidencias en el ambiente parisino. El cuidado de la frase, la creación del clima en cada estampa, cada retrato, son sus dones. El registro de costumbres, por su lado, remite a un tiempo donde la elegancia se trasunta en una sutileza del lenguaje, que es de clase. Su diario es no sólo uno de los más voluminosos y paradigmáticos del género. También deviene entretelón de la inquietud de un escritor en busca de sí mismo, y como en todo diario de escritor, no faltan el bloqueo y el recelo en la detección de un tono propio, además del previsible afán de quedar bien en la foto póstuma.
Dostoievski, con su turbulencia emocional y su desgarramiento, personalidad antitética a la del francés atildado, se plantea como un ejemplo salvaje y visceral explorador del yo para quienes deciden llevar un diario. Lector agudo, sensible, Gide no podía menos que dejarse seducir por su lectura intempestiva. En su vastísimo arco de intereses de típico intelectual francés, Dostoievski irrumpe huracanado, lo arrebata de sus anotaciones frívolas,de los devaneos y vacilaciones y le detona una apasionada serie de artículos y conferencias, material que leído hoy se presenta como introducción lúcida a la obra del ruso y ahonda en aquellos temas que no perdieron vigencia: la libertad y sus límites, la cuestión de la pena de muerte, la enfermedad como vía cognoscitiva y problema moral, el amor a los otros.
 
Gide aborda a Dostoievski a comienzos del siglo XX, cuando sus  novelas comienzan a divulgarse en Francia. Las traducciones son torpes y tratan de ser amables con los remilgados lectores franceses. Algunas se ofrecen en versiones condensadas. Otras, con los títulos cambiados. Los editores encuentran en Dostoievski un autor atractivo pero, con ese temperamento tumultuoso, es “demasiado ruso” para el gusto francés. Apartándose del prejuicio, Gide se adentra en su obra a partir de una versión teatral de Los hermanos Karamazov. El primer acercamiento profundo al mundo dostoievskiano lo hace a través de su correspondencia. A medida que se interna en su narrativa, observa que no es Tolstoi, como se había pensado hasta entonces, la cima de la novela rusa. “Uno espera encontrarse con un dios y aparece un hombre, enfermo, pobre, siempre esforzándose y singularmente desprovisto de esa pseudocualidad que él reprochaba a los franceses: la elocuencia. Para hablar de un libro tan descarnado (Gide alude a la correspondencia) intentaré dejar a un lado cualquier otro sentimiento que no sea la probidad. Si algunos esperan encontrar en esas líneas arte, literatura o algún divertimento para el espíritu, les aconsejo vivamente que renuncien a esta lectura”. Una cita de Nietzsche, que se había deslumbrado con Memorias del subsuelo, acude como refuerzo de sus ideas: “Dostoievski, el único psicólogo del que yo he tenido que aprender algo. Uno de los más bellos golpes de suerte de mi vida, aún más que el descubrimiento de Stendhal”. 
Más de una vez se ha señalado que en Dostoievski el origen de la epilepsia data del instante del fusilamiento, que sería providencialmente indultado ante el pelotón de tiradores. Pero hay antecedentes de la enfermedad mucho antes de su participación entre los conspiradores de Petrashevski y la condena a muerte. También se ha conjeturado que su intervención como activista revolucionario fue relativa: se debió más a la curiosidad y la búsqueda de documentación para ser utilizada en la ficción que el propósito subversivo. Después del perdón del zar, Dostoievski es enviado a Siberia donde pasará años de calvario. Aquí, otra consideración suya: “En la cárcel no hay animales salvajes sino hombres, tal vez mejores que yo, quizá más dignos”. La convivencia con asesinos y ladrones, lejos de desbarrancarlo en la autocompasión lo enaltece inclinándolo a la beatitud. Cuando le enseña a leer a un penado joven, se maravilla con la gratitud del otro. Dostoievski se relaciona con la ralea social como uno más, solidario, sin dogmas ni reticencias. Es uno más, un cristiano más. Y se comporta con una entereza sufrida que despierta la devoción de los presos. Está convencido de que Dios le asignó este destino. Su pasaje por “la casa de los muertos”, medita, se trata de un aprendizaje de la pureza. A Gide le llama la atención el empecinamiento de sus personajes - rasgo también de Dostoievski-, la búsqueda de una ansiada pureza que conecta con la santidad, pero en su terrenalidad más absoluta. Es en los pequeños gestos donde se cifrará su literatura, pero en esos pequeños gestos, así como en la subordinación a los detalles,  se vislumbra la angustia que arrastra a hombres y mujeres a actos sin retorno. “En cuanto salga empezaré a escribir. He vivido mucho durante estos meses, y en el tiempo que tengo todavía por delante, cuántas cosas veré y experimentaré. No me faltará material para escribir enseguida”. En prisión se le ha revelado no sólo el dolor como categoría existencial: se le ha revelado el “alma rusa”, el pueblo y su humildad. 
Gide lo deja claro de entrada: no es su propósito escribir una biografía. Más bien se inclina hacia la semblanza y el ensayo, como lo hizo con Oscar Wilde. En la naturaleza de Dostoievski, está convencido, subyace un secreto que se propone revelar leyéndolo y releyéndolo. Estos artículos y conferencias, que a veces parecen redundar, en cada uno de sus movimientos hacia atrás toma envión y cala en un algún aspecto que hasta entonces se le había pasado por alto. En este sentido, la recopilación de estos escritos, con sus subrayados enfáticos, funciona como otro diario, uno que es de lectura. En Gide sorprende y admira la preocupación por difundir la narrativa de un escritor extranjero, un indispensable que socava los parámetros de la novela francesa. “Qué lejos estamos de Balzac y de su generosa imperfección”, afirma Gide. “¿Acaso el propio Flaubert conoció esa dura exigencia de sí mismo, esas luchas encarnizadas, ese desmedido exceso de trabajo? No creo. Su exigencia es únicamente literaria, y si los avatares de su labor protagonizan sus cartas es porque a Flaubert le apasiona su trabajo y, aunque no se vanagloria de ello, se enorgullece. Flaubert suprime todo lo demás porque considera que la vida es ‘una cosa horrible y la única manera de soportarla es evitándola’. En cambio, Dostoievski no suprime nada. Tiene mujer e hijos y los quiere”. Otra diferencia entre la literatura francesa y Dostoievski, marca Gide, es la escasez de niños en la primera. En el escritor ruso no sólo abundan los niños sino que son objeto de preocupación. La mengua de niños en las ficciones francesas, observa Gide, se debe probablemente a “una cierta incomodidad ante lo que aún no se ha formado”. La infancia es un estado de inocencia original que más tarde se envenena o bien es víctima de los adultos y sus caprichos: allí están Stavroguin y el acto gratuito, la violación de una niña, disparadores de su célebre confesión. La complejidad de sentimientos es constante. Otro ejemplo, la poligamia de sus personajes. Un ejemplo nomás: Mishkin ama igualmente a Aglaya Epachin, una joven acomodada y formal y a Nastasia Filippovna, la heroína de la vida. Es decir, el amor espiritual y el carnal. O, si se lo prefiere, un amor convencional y uno transgresor.
 Al salir de presidio Dostoievski escribe: “Al menos he vivido, he sufrido pero aun así he vivido”. Es más, juzga su pasaje por Siberia como un tránsito sanador de su “enfermedad mental”, como la denomina. A la vez, si para Stendhal la novela se define como un espejo en movimiento, para Dostoievski el espejo, si algo refleja es el abismo íntimo. Gide lo subraya: en Balzac no hay abismos. A Dostoievski, en Siberia, lo ha ganado la creencia de que el pueblo ruso, a través de su humildad, tiene una misión especial. Sus personajes cometen abyecciones y se humillan, se confiesan y confían que en esta tentativa de ser absueltos, como el condenado a muerte,  se librarán de la culpa. “Bueno, usted me ha humillado”, dice un personaje. “Pues bien, yo mismo me humillaré todavía más”.
 La experiencia de la pena de muerte es trascendental en la comprensión de Dostoievski. Será la catalizadora de numerosas reflexiones a lo largo de su inmensa narrativa. La ejecución, como el asesinato (¿acaso no son lo mismo?), el adueñarse de una vida, ya sea mediante el crimen o la extorsión que impone el sometimiento, son detonadores claves para pensar la existencia de Dios y la libertad. Dios es central asimismo en la resurrección del pueblo ruso: “La meta de todo movimiento popular, en cualquier pueblo y momento de su existencia, es únicamente la búsqueda de Dios”, escribe. En Los demonios se anticipa a la revolución bolchevique. Profético, la anticipa: “Habrá un estrépito como el mundo no lo ha visto hasta ahora. Rusia se verá sumida en tinieblas, la tierra llorará por sus antiguos dioses”.
El asunto de la santidad lo atribula. Varios de sus personajes, tanto Mishkin, el príncipe idiota, como el stárets Zósima y Aliosha Karamazov la rozan. Pero no hay que confundir santos con  santurrones. Sus iluminados conocen el deseo, pero también su represión. La tirantez siempre se respira ahí. Gide, en este punto, asocia a Dostoievski con Blake: “El deseo contenido engendra la peste”, anota el poeta inglés maldito en los “Proverbios Infernales” de El matrimonio del cielo y el infierno. La pregunta nodal en esta introspección es dónde se aloja el Mal. Una respuesta que sugiere Gide es que en su obra “lo que se opone al amor no es tanto el odio como darle vueltas a la cabeza”. Sigue Gide: “No pretendo decir que la voluntad y la inteligencia de los personajes de Dostoievski sólo ejerzan el mal, sino que, incluso cuando se esfuerzan en hacer el bien, la virtud que alcanzan es una virtud orgullosa que los lleva a la perdición”. Y es entonces cuando sus personajes acceden a Dios, cuando renuncian a su inteligencia, cuando abdican de su voluntad, cuando renuncian a sí mismos.
“No es a la anarquía hacia donde nos lleva Dostoievski”, puntualiza Gide, “sino al Evangelio. La doctrina cristiana, tal como está contenida en el Evangelio. Sin embargo Dostoievski profesa verdadera aversión por las iglesias y en particular, por la Iglesia Católica. No conozco a ningún otro autor más cristiano y, al mismo tiempo, menos católico”. Extremando el razonamiento Gide aventura: “Si no es a la anarquía a donde nos lleva, entonces es hacia una especie de budismo”.
  Si la aspiración dostoievskiana es el insight místico, la epilepsia, el mal sagrado, es el camino de acceso. Hay un epiléptico en cada uno de sus grandes libros. Mishkin reflexiona sobre su enfermedad y sus visiones: “Uno no perdona nada, porque no tiene nada que perdonar. No es amor. Es algo superior al amor. Y lo más atroz es que todo es tan terriblemente claro, ¡y que goce! Si durase más de cinco segundos, el alma no podría resistirlo y tendría que perecer”. Gide advierte: “En el origen de toda gran reforma moral, si buscamos bien, encontraremos un pequeño misterio fisiológico, una insatisfacción de la carne, una inquietud, una anomalía. Todo reformador es un desequilibrado”. Apunta Gide: Mahoma era epiléptico, al igual que los profetas de Israel, así como Lutero. Sócrates tenía su demonio. Pascal la misteriosa “espina de la carne”. Rousseau, su locura. Lo que Gide plantea no sólo es que no existe obra de arte sin la participación demoníaca. También que la asunción de la enfermedad tiene que ver con una cuestión moral.
 A Gide lo impresiona, además de la sencillez y la modestia de Dostoievski, su atormentada obsesión por el oficio, que lleva adelante a pesar de las desgracias personales, el alcoholismo y las deudas de juego. En una carta a su hermano, Dostoievski reflexiona: “¿Qué es esa teoría tuya de que un cuadro  debe pintarse una sola vez? Si los versos de Pushkin son lo que son se debe a que empleó mucho tiempo en corregirlos y pulirlos. Nada de lo que se escribe a vuelapluma está maduro”, sostiene. Hay que consignarlo: Dostoievski no escribe cartas por placer. Sus mejores horas las dedica a la literatura y no al epistolario, que es tan prolífico como fatigoso. “No sé escribir cartas”, dice. “No sé escribir acerca de mí, no sé escribir con mesura”. Tampoco hay “mesura” en su biografía, tal vez más popularizada que su obra, a la que es recomendable volver una y otra vez, una y otra vez, indagando “el corazón como campo de batalla”.

Puerto Iguazú - MISIONES

MISIONES> La mejor mesa de Iguazú

Cocina es identidad

Los colores y sabores de la selva le valieron el calificativo de “maravilla culinaria” a la más reciente Semana Gastronómica de Puerto Iguazú, que se lució con presentaciones gourmet y productos regionales: desde la pesca hasta frutos típicos como el mango o maracuyá. Un destino sabroso todo el año.


La cinta roja de la tierra misionera se sumerge en la espesura de la selva en el mismo instante en que el viajero desciende del avión. Un viaje a Puerto Iguazú no solo reconforta el alma con naturaleza plena: además, la quinta edición de la Semana Gastronómica dejó en claro que la identidad guaraní está en cada delikatesen. Es que aquí los chefs y los dueños de los restaurantes coinciden en señalar que hace unos años era impensado servir “reviro” en una carta gourmet: el plato más sencillo del menchú (jornalero), esa preparación de harina y agua cocida con aceite y luego deshecha contra el fondo de la sartén como un granulado. “Quizás había cierta vergüenza de poner el reviro. Hoy está en la mesa del desayuno como oferta regional junto con  unas tortas fritas y alfajores de maicena”, dice Giovani Sopczeyszen, del restaurante Naipí en el Loi Suites, uno de los hoteles más destacados en plena reserva Yryapú (o “las seiscientas hectáreas”, como la llaman en la zona y donde se pueden visitar aldeas guaraníes que cuentan con guías de sitio).
Giovani, que lleva en la sangre la mixtura de sus abuelos colonos ucranianos, alemanes y guaraníes, desarrolla la cocina desde pequeño, cuando su madre salía a trabajar y él se encargaba de preparar un guiso de arroz para sus tres hermanos más chicos. “Me gustaba tanto el orégano que pensaba que si le ponía mucho era mejor, imaginate”, dice y se sonríe al recordar el “alto guiso” que hacía. 
Hoy la tendencia mundial es la regionalización: “Tener un carta típicamente regional es el punto más alto al que se puede llegar”, y como cocinero la vanguardia está en el diseño de platos con los productos de la zona, como se hizo con éxito en las vacaciones de invierno. Esto incluye cuscús con surubí, cocú (“una hojita silvestre que se usa para el tereré y que muchos utilizan para tragos, pero nosotros la servimos en ensaladas”), surubí, dorado y pacú -la pesca de río por excelencia- y además guayaba, pitanga, mango y maracuyá a la cabeza del ranking de frutas de la zona.
Las combinaciones son miles. Tanto que para la quinta edición de la Semana Gastronómica, del 14 al 21 de agosto, los 22 restaurantes que participaron idearon cada uno su propia carta de entre tres y cinco pasos, plena de productos y recetas regionales para impulsar la identidad misionera. La propuesta gastronómica recorrió el enorme abanico y deleite de los platos con propuestas como chipá guazú (soufflé de choclo) con dulce de tomates y pickles; pacú con vegetales asados y relish de mango, perejil y limón; y de postre mousse de maracuyá. Para los amantes porteños de esta fruta, esta semana fue el paraíso.

ARIPUCA A LA MESA Los habitués de las cataratas saben que cada vez que recalan en El quincho del tío querido el asado es un clásico. pero en esta semana el menú de tres pasos tuvo su estrella con el primer plato, donde se lucía una “aripuca” (trampa de ramas en forma de pirámide que utilizaban los guaraníes para cazar) elaborada con una posta de surubí con bastones de mandioca y batata frita, bañado en salsa de maracuyá, con guarnición de mirepoix de frutos y vegetales misioneros, zumo tropical y reducción de mate cocido.
La edición 2017 tuvo otros condimentos: se desarrolló la fecha del Torneo Federal de Chefs que organiza Fehgra, hubo capacitaciones y una exposición de emprendedores Hecho en Misiones, que exhibieron sus productos. Desde dulce de mamón hasta la famosa stevia, la planta que endulza en forma natural las infusiones. 
El secretario de Marketing y Promoción de eventos del Ministerio de Turismo misionero, Oscar DeGiusti, contó a TurismoI12 que la idea de este año fue hacer hincapié en los productores, los encargados de proveer las exquisiteces con las que se elaboran los platos. Así huevos de codorniz, licor de yerba mate, azúcar de caña y hasta salsas agridulces fueron de la partida.
Gaby Machel, oriunda de la localidad de Montecarlo, le puso su nombre a la marca y desarrolló una línea de confituras y salsas en frascos primorosos que “te remiten al lugar donde vacacionaste”, subraya, destacando que “el ananá tiene gusto a ananá”. Gaby  recomienda su elixir de mango y maracuyá, que servido con un buen espumante se convierte en el trago “suspiro de la selva”.
Todo una dulzura, como la miel de abejas La Justina, que produce Orlando Morán y  lleva el nombre de su mamá, una santiagueña fallecida a los 105 años. El productor destaca esta miel por ser orgánica, dado que los campos de los alrededores son “monte” de ubajay, puitanga, espinillo, niño rupa, chichita, ajico y monte bajo.
En Misiones y en Puerto Iguazú se pueden visitar sitios donde crece la stevia, cuyas hojitas son edulzantes naturales. Fabián Wolheim armó hace cuatro años su línea productiva, que abarca desde stevia pura hasta yerba dulce y endulzante en polvo casi instantáneo (se consiguen incluso en el Barrio Chino porteño). 
Los colonos no descansan. Jorge Prytuluk llegó desde Aristóbulo del Valle con envasados de huevo de codorniz  y Juan Martínez desde San Javier  (a 140 kilómetros de Posadas) con su azúcar pura de caña, la de color beige, que se usa en repostería y gastronomía. Y Erica Gómez, de Posadas, ofrecía las quince variantes de dulces regionales: desde arándanos hasta quinotos, naranja, mamón y guayaba, así como los  clásicos en almíbar. 
COMIDA ES IDENTIDAD El consultor gastronómico de Misiones, Iván Ortega, se entusiasma con la movida gastronómica y recuerda que diez años atrás cuando ofrecía en sus platos “mbejú” (una tortilla de masa de chipa, muy popular) recibió críticas…   pero hoy se vende en la costanera de la capital misionera. En síntesis, la gastronomía es la forma de conocer la identidad de un pueblo. Por eso, desde una mesa en otro de los restaurantes de Puerto Iguazú hace alarde de la Semana Gastronómica y comparte con el dueño de La Rueda, Juan Pablo Bauza, el primer paso: Trilogía de Río, que se convierte en una clase magistral porque en un plato largo se distinguen los tres pescados (dorado frito sobre rösti de mandioca, pacú braseado sobre quitebe y deconstrucción de surubí con suave ahumado). “Es un plato donde se ve la evolución de la cocina del pescado local. Las formas ideales de prepararlos”, destaca el chef. 
¿El postre? Raviolón de dulce de madera: leyó bien, es yacaratiá, que no tiene celulosa y se conoce como “la golosina de los guaraníes”. 
Para Leopoldo Luca, de Turismo de Iguazú, “somos un destino de todo el año, pero ahora –con el clima ideal de 26 grados y las nuevas frecuencias aéreas a precios competitivos– esperamos llegar al turista un millón para la primavera y superar el record de los dos últimos años”. 
Iguazú es una fiesta para los sentidos. Y de yapa,  después del atardecer, cada media hora en el flamante paseo de la costanera hay una propuesta de luz y sonido en la fuente de las aguas danzantes junto al hito de las tres fronteras. Sólo hay que acomodarse, cuanto más al centro mejor, porque desde allí se ve perfecto a las bailarinas que se mueven al ritmo del carnaval brasileño, el chamamé, la polka paraguaya Pájaro Campana y hasta un tango.  Es una filmación que se proyecta sobre el agua, mediante la técnica del holograma. Otra maravilla.

Simon Bisley

Simon Bisley

Lobo está

El próximo fin de semana regresa Comicópolis, pero ya no en Tecnópolis sino en La Rural, y uno de sus invitados de lujo será el dibujante británico Simon Bisley. Antes de pisar por primera vez suelo argentino, el dibujante de Lobo, Judge Dredd y Batman, entre tantos otros personajes, cuenta cuándo fue que se sintió el heredero de Frank Frazetta y por qué piensa que la invasión de autores británicos de fines de los 80 fue fundamental para que las editoriales norteamericanas DC y Marvel hoy sean lo que son.


“Me firmó algunos libros y puso en uno de ellos ‘Al gran Simon Bisley’”. El británico Simon Bisley evoca la cena compartida durante un San Diego Comic Con, allá por 1995, en la cual habló como nunca con uno de sus héroes e inspiraciones para ser dibujante: Frank Frazetta. No sólo conoció personalmente al artista que define como ninguno lo cool, el talento, la épica y la inventiva anabólica –cualquier pose de los personajes de Game of Thrones o un héroe musculoso con una espada le debe todo a Frazetta y sus composiciones–, sino que lo importante de aquel encuentro es cómo su colega admirado hizo que Bisley sintiera de una vez por todas eso que venía siendo obvio para los demás: que era el próximo en un linaje de artistas populares que crean, en un día de trabajo normal, las poderosas imágenes “más grandes que la vida” de su negocio.
Antes de llegar al país en su primera visita porteña como parte de una nueva edición de Comicópolis, Bisley define ese vínculo entre Frazetta y su propia obra: “Podría decirse que ahora soy el abuelo en el arte de dibujar personajes que son poderosos, a los que de un solo vistazo se les nota la concentración de poder que su cuerpo y su actitud conllevan. Frazetta es el bisabuelo. Yo vi eso en él, bah, en su obra, cuando lo único que quería de la vida era ser un metalero que tocaba la batería. Mi carrera es un accidente. Pero esa capacidad de síntesis para lo que se ve atemorizante y bestial, enérgico y amenazante fue lo que me definió.” Y no se detiene ahí: “Es algo que depende de un instinto casi visceral antes que artístico. Cuando se hace una obra, sea una pintura o una escultura, soltás ahí algo de tu alma, algo que te es indómito pero sabes tenés que sacar, y que va a definir esa obra. Eso me pasa con esa cosa ‘más grande que la vida’. Realmente está ahí.”
Bisley viene generando un estilo personal y único que ha definido una escuela y una excepción en la historieta comercial en occidente. Es algo que hace desde 1987, cuando sus dibujos inspirados en personajes de la mítica antología inglesa 2000 A.D. le ganaron una invitación para sumarse a la publicación por parte de su director de entonces, Pat Mills, que los descubrió de casualidad. ¿Qué cree Bisley que había en esos dibujos de un “pendejo que sólo quería beber pero que se descubrió atrapado por lo que el arte podía hacer” –según su propia definición– y que finalmente lo llevarían a publicaciones como Heavy Metal y personajes como Sláine, los ABC Warriors, Judge Dredd, Batman y hasta la reciente Harley Quinn? “No me daba cuenta de eso, pero confieso que encontré muy rápido mi manera de dibujar. No me ató ninguna teoría de anatomía porque era autodidacta, así que no había reglas para mí. Y de haberlas, seguro las hubiera destruido.”
El autor de Lobo podría ser considerado una excepción tardía a la llamada “invasión inglesa”: ese momento a finales de los 80 y comienzos de los 90 que hace referencia a la llegada a las editoriales grandes norteamericanas, léase Marvel Comics y DC Comics, de autores del otro lado del océano. Una lista con nombres como Neil Gaiman, Grant Morrison y Alan Moore, entre otros grandes y regenerativos valores cuya importancia radicaría en la forma en que patearían el tablero y formarían un nuevo paradigma de expectativas para Superman, Batman y todos los calzados del género. Y, sin dudas, para otros personajes que apenas eran tenidos en cuenta antes de su paso. “Entiendo que ahora quizás no se siente una onda de energía, una potencia creativa, en los cómics”, dice Bisley. “Aunque vale aclarar que creo están en un gran momento, porque por fin definen una identidad cultural de una generación. Pero también tengo en claro que cuando llegamos en los 80 le dimos al medio la forma de un arte. No es que antes no hubiera cosas así, o nombres que lo elevaran a esos rincones, pero lo cierto es que después de que varios de nosotros pasamos por ahí y por determinados personajes, nadie se atrevió a dudarlo. No es jactarse. Pero se notaba veníamos con ideas claras sobre lo que los cómics podían hacer, y que claramente eran distintas. Era un momento más expansivo, seguro.”
Lo fascinante del cambio que generó Bisley como dibujante en todos sus momentos puede asociarse a uno de esos personajes que eran descartables. Uno propiedad de DC Comics. Uno que, hasta la llegada de Bisley al dibujo y rediseño, y Keith Giffen y Alan Grant en los guiones, no se sospechaba siquiera su potencial. Ese personaje era Lobo, un fornido mentecato con vestimenta de metalero, moto de película, cazarrecompensas interplanetario y dueño de un rostro que parafrasea en sus formas (y su lengua) al demonio blanquinegro de Gene Simmons. De la noche a la mañana en los años 90 (y nunca más con esa fuerza), Lobo, un antihéroe purasangre se convertía en un éxito editorial que no es arriesgado comparar con la reciente llegada de Deadpool al cine: una bienvenida y bien definida cuota de irreverencia. “Fuimos comedia negra y creo que por más inglés que eso sea es también una prueba de que siempre me fue difícil tomarme las cosas en serio”, recuerda Bisley. “Un antihéroe como Lobo era perfecto para mí. Era poder mostrar el humor que faltaba en DC, y reírme desde la caricatura del metal de la rigidez moral de los superhéroes. O incluso usar lo invencible para que se parezca más a Lemmy Kilmister que al último gran boy scout. Todo era serio en ese entonces. Mi humor es el de Lobo. Yo soy Lobo, aunque más viejo. La manera en que dibujaban Marvel o DC me importaba poco y nada. Me llevaron porque era el salvaje, porque podría crear bestias nuevas, porque mi Batman era un monumento a Batman y al mismo tiempo cool. Si lo pensas, todas las miniseries que hicimos con Lobo eran el equivalente a hacer una historieta independiente dentro de la editorial de Superman.”
“Yo viví un poco la vida de Lobo” agrega Bisley, pero sabe que esa broma que espeta con risa sardónica es cierta. Y que toda su obra posee esa radiactividad que sabe sonreír diabólicamente así sean ilustrando a un personaje a lo Conan en sus aventuras, a Batman como nunca antes o a Lobo decapitando a Papá Noel. Y entiende a sus 55 años, y siempre en actividad, que “lo importante hoy es saber que generaste influencia. De pendejo me volvía loco ser el mejor, quería ganar. Me obsesionaba. Era una batalla. Tenía que ser el mejor. Como Lobo. Sabía que era bueno, pero apretaba los dientes. Era una bestia. Pero ahora quiero hablar de mi trabajo, pensar en que dejo y en las ideas que sirven. Es la forma de permanecer. Dar, esa es la clave. Ese es el real poder. Y que se caguen de risa un poco con el abuelo.”

"El futuro perfecto" - Nele Wohlatz

Nele Wohlatz muestra los primeros días de una extranjera en la Argentina

“En el idioma está todo nuestro ser”

La cineasta, que ya había codirigido Ricardo Bär, debuta en solitario con El futuro perfecto, un documental ensayístico con tintes de ficción y ficción dentro de la ficción. “Me interesa mucho la idea de que en realidad comprendemos muy poco a los demás”, asegura.


Hay que darle la razón a Nele Wohlatz cuando dice que “el límite de tu idioma es el límite de tu mundo”. Hay que dársela porque desde hace años da clases de español para extranjeros en un instituto, pero sobre todo porque ella misma llegó a la Argentina desde su Alemania natal con mínimos conocimientos de la lengua de Cervantes. Aquel enfrentamiento ante un entorno que devolvía palabras ajenas caló hondo en ella y operó como punto de partida para la realización de su primer largometraje en soledad, después de haber codirigido Ricardo Bär (Bafici 2013) junto a Gerardo Naumann. Pero ojo, porque El futuro perfecto no es una historia trágica sobre el desa- rraigo y la distancia. Al contrario, es una lúdica aproximación al cine como construcción colectiva, un documental ensayístico con tintes de ficción –y de ficción dentro de la ficción– que toma como punto de partida la historia de una joven china cuyo pasaporte tiene la tinta del sello argentino todavía fresca. Parte de la Competencia Internacional del último Festival de Mar del Plata, el film se verá desde hoy en la Sala Lugones del Teatro San Martín, y desde la semana próxima también en el Malba.
“Tenía ganas de hacer una película con una extranjera sobre el momento de llegar a otro país y empezar a vivir con un nuevo idioma cotidiano”, dice la directora ante PáginaI12. Para eso buscó colaboradores en varios cursos del instituto, hasta que encontró a quien luego se convertiría en protagonista y socia creativa. Una chica de apenas 17 años llamada Zhang Xiaobin que, como la propia Wohlatz un tiempo atrás, apenas balbuceaba su flamante lengua adoptiva. A la alemana le gustó que “su historia personal fuera interesante y conflictiva para desarrollar en un guión”. Pero hubo otro factor aún más importante, y era la curiosidad con la que esos ojos rasgados absorbían la nueva realidad. “La mayoría de los alumnos chinos son de una nueva clase media que vienen solos a estudiar español durante un año y, eventualmente, después seguir una carrera universitaria. Son de un entorno distinto al de Xiaobin, pero ella se anotó igual, por más que le costara muchísimo dinero. Realmente tenía un impulso muy fuerte de salir del mundo endogámico que armaron acá sus padres, que viven y trabajan en el lavadero donde filmamos. Xiaobin y los chicos que participaron en la película son mucho más curiosos, más allá de que se encuentren con choques y prejuicios.”
 –En algunas entrevistas habló de hacer una película “no sobre ella, sino junto a ella”. ¿Cómo fue ese trabajo?
–Mis primeros intentos de hacer cine estuvieron relacionados con el cine documental observacional, pero me sentía incómoda en la posición de “engañar” a las personas que tenía frente a cámara. Me molestaba que siempre se tratara de que yo era la que “sabía más” y el resto, los que sabían “menos”. De ahí salió el deseo de empezar a jugar con las cartas sobre la mesa y hacer un cine más transparente en el que todos sepamos qué estamos haciendo. Xiaobin siempre tuvo voz y voto para decidir qué cosas de su vida mostrar y cuáles no, y a la vez la película estaba abierta a su imaginario. Pasamos mucho tiempo juntas, yendo a lugares y compartiendo cosas que iban más allá de hablar, porque al principio uno se cansa rápido hablando un idioma extranjero. Mientras tanto, yo iba registrando lo que me contaba. Poco a poco fui escribiendo un guión. El proceso fue muy largo, porque después entró un coguionista, Pio Longo, y llegamos al punto de preguntarnos cómo hacer para que ella actuara de sí misma. Empezamos a juntarnos los tres para ensayar y hacer ejercicios con escenas posibles para encontrar el tono de la película y las posibilidades de Xiaobin como actriz. Fue un proceso muy dinámico donde todo influía todo y que terminó condicionando directamente la escritura. Nos acercamos a la película desde todos esos lugares. Por eso digo que fue “con ella”.
–La película mezcla varios registros: el documental, la ficción, el absurdo, la ficción dentro de la ficción. ¿La estructura también la pensó junto a Xiaobin?
–Desde el principio quería jugar con una estructura que fuera entre escenas de su vida y de la clase. Había otra cuestión interesante, y es que el límite de tu idioma es el límite de tu mundo, entonces la apuesta era que su horizonte fuera ampliándose a medida que iba aprendiendo y manejando con más soltura el español. A medida que Xiaobin avanza, la película se vuelve más compleja en sus decisiones formales y entra a jugar una afinación en sus fantasías. Al principio las escenas se resuelven rápido, casi siempre en un solo plano y de manera simple, y con el tiempo y el aprendizaje del idioma se desarrollan más, la cámara se mueve, hay más personajes y recursos de la ficción. Esa idea tiene que ver con lo que pasa en las clases de idioma: al principio aprendés palabras y un par de frases, entonces sos como un chico de 5 años que tiene que representarse a través de esas cosas que uno le dice que diga. Pero que no son tus ideas. Poco a poco vas encontrando una forma de representarte a vos mismo en ese nuevo idioma. Te adaptás a tus posibilidades lingüísticas y cultivás una nueva identidad a medida que crecen. En ese sentido, nosotros querríamos ser consecuentes hasta el final con esa idea de relacionar gramática y película terminando con el modo condicional de conjugación de verbos, que es uno de los más complejos.
–Toda la película podría pensarse como un gran condicional, una suerte de vida posible que piensa “Xiaobin persona” para “Xiaobin personaje”. 
–El condicional es hermoso y necesario para referir al futuro. La imaginación se convierte en un elemento que condiciona la película poniéndose a la misma altura de los acontecimientos “reales” que van sucediendo. Pero no pienso tanto en términos de documental o ficción, ni tampoco como una mezcla. En un punto, creo que el cine es una gran fantasía con un lenguaje propio que se construye con ciertos mecanismos. Y esto sucede tanto en la ficción como en el documental, porque en los dos casos hay un impacto muy grande de la realidad.
–¿En qué sentido? 
–Cuando empecé con el desarrollo de El futuro perfecto fui a varias clases de español para chinos. En una me invitaron a una obra de teatro que hacían los estudiantes que recién empezaban. Era un texto chino de principios del siglo XX con algunos fragmentos traducidos al español. La obra funcionaba así: uno iba para el frente del escenario, decía sus líneas y se retiraba; después iba otro y hacía lo mismo, y así. Todos estaban muy concentrados en pronunciar bien el español, entonces no gesticulaban ni se movían. La ficción no se transmitía para nada bien, pero así y todo había una presencia física muy grande y real de esos chicos, porque el problema del idioma era un filtro que se ponía por sobre la ficción. Entonces, ¿era ficción o documental? Porque la obra era una ficción, pero el impacto era real, documental. Eso fue muy importante; ahí vi todo lo que quería para la película. Después, era necesaria una estructura para que el público pudiera seguirla, pero lo que me interesaba era la presencia de esa chica y el proceso que se genera cuando empieza a desenvolverse en un nuevo idioma. Suena muy teórico, pero en el idioma está todo nuestro ser.
–Ella al comienzo se hace llamar Beatriz y después Sabrina. ¿Qué papel juega la búsqueda de una identidad en ese cambio?
–Todos los inmigrantes chinos acá usan un nombre en castellano. A mí, que soy occidental, me impacta mucho que dejen su nombre y adopten otro por practicidad. Cuando la conocí, se presentó como Beatriz, y después se puso Sabrina porque alguien le dijo que sonaba más parecido a Xiaobin que Beatriz. Eso me pareció aún más extraño. Hasta que me di cuenta que ella veía esos cambios de forma muy pragmática, aunque a la vez tenía el deseo de que la gente supiera su nombre.
–Es que el nombre es el primer elemento que define la identidad...
–Sí, es muy raro lo que pasa en China con los nombres. Cuando fuimos con Xiaobin al Festival de Macao, cenamos un par de veces en casa de chinos y nadie preguntó mi nombre ni mi apellido. Me llamó mucho la atención, pero después me dijeron que era normal. Incluso, decir el apellido es medio de maleducado porque es algo personal que no se puede compartir con cualquiera. Tienen una relación muy diferente con el nombre que los occidentales, aunque a la vez es evidente que no hay una receta para integrarse a una nueva comunidad. En la Argentina creo que tiene un peso muy grande la idea de “adaptación”: si uno quiere integrarse, tiene que “adaptarse”. Eso incluye dejar atrás tu viejo mundo y tu cultura para “adaptarte” a lo nuevo. Eso solo puede fracasar, porque nadie quiere tener 17 años, como Xiaobin cuando llegó, y anular su pasado para empezar aprender desde cero.
–Más allá de la experiencia en común como extranjeras, ella proviene de una sociedad con costumbres muy distintas a la suya. ¿Qué aportaba que ella fuera china y no, por ejemplo, alemana como usted?
–Me interesa mucho la idea de que en realidad comprendemos muy poco a los demás. Cuando empezás a vivir en otro idioma, a tener amistades y vínculos cotidianos, te das cuenta que es un poco más fácil aceptar que sólo entendemos una parte muy pequeña del otro. Me parece fascinante, y también importante, entender eso para no caer en la trampa de respuestas fáciles, y simplificar lo complejo que es el mundo y la tarea de entenderse. A mí, como directora, me fascinaba el desafío de trabajar con alguien que viene de una cultura y una lengua totalmente distintas a las mías, y que el punto de partida de la película sea justamente ese: dos personas, en un tercer país, que nunca hubieran entrado en contacto si no fuera por el cine.

miércoles, 30 de agosto de 2017

"Ocho horas no hacen un día" - Rainer Werner Fassbinder

Cómo es Ocho horas no hacen un día, de Rainer Werner Fassbinder

La telenovela que llegó para retratar al proletariado

Producida por la televisión alemana en 1972 y redescubierta este año en la Berlinale, la “serie familiar” se verá por primera vez fuera de su país a partir de este sábado en la Sala Lugones. Juliane Lorenz, de la Fassbinder Foundation, cuenta todos los detalles.

 “Un kitsch engañoso de la factura más barata”, escribió indignado el crítico del diario alemán Die Welt el 31 de octubre de 1972, días después de la emisión del primer capítulo de la serie de televisión Ocho horas no hacen un día, de Rainer Werner Fassbinder. Para otros críticos, en cambio, la audiencia alemana estaba frente a un producto revolucionario, “un riesgo útil”, como opinó en ese entonces otro desde las páginas de Die Zeit. Pero, ¿de qué trataba esa serie de televisión que generó debates tan encendidos desde el minuto uno, que llegó a alcanzar cuotas de encendido del 60 por ciento y que fue levantada al quinto capítulo, tres antes de los ocho originalmente pautados?
Ocho horas no hacen un día fue la primera serie familiar proletaria de la televisión alemana, copada hasta ese entonces por producciones que ponían a familias de clase media y sus costumbres pequeñoburguesas en el centro de la escena. Y llevó la firma y la dirección de Rainer Werner Fassbinder, uno de los principales exponentes de lo que ya se conocía como “nuevo cine alemán”: una figura polémica y rupturista cuyo espíritu sintetizó alguna vez de forma magistral en una entrevista una de sus actrices fetiche, Hanna Schygulla, al describirlo como un “Bürgerschreck”, un espantador de burgueses.
“Las series familiares de esa época no tenían nada que ver con los trabajadores, eran telenovelas. Trataban sobre médicos de familia, no sobre personas que van todos los días a trabajar, ganan poco dinero y son idealistas. Eran series sobre un mundo ‘sano’”, cuenta a PáginaI12 desde Berlín Juliane Lorenz, montajista de varias de sus películas y última pareja sentimental del cineasta hasta su muerte en 1982, a los 37 años. Como presidenta de la Rainer Werner Fassbinder Foundation (RWFF), fue  responsable –junto al MoMA de Nueva York– de la restauración de la serie que, con la colaboración de Goethe Institut, se podrá ver desde el sábado en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín tras su reestreno mundial en el marco de la Berlinale, a principios de año. En Alemania nadie la había vuelto a ver desde su paso por la televisión. En Argentina y en todo el continente americano es completamente inédita.
Ocho horas no hacen un día se emitía los domingos por el canal público Westdeutscher Rundfunk (WDR) a las 20:15, aunque con una distancia de un mes entre un capítulo y otro, cada uno de los cuales duraba alrededor de hora y media. Por el alcance de la señal, se llegó a ver incluso en la antigua Alemania del Este. “Cuando daban la serie las calles en Alemania quedaban vacías. Nunca nadie había visto algo igual”, apunta Lorenz.

Mujeres fuertes

Al igual que en otras “Familienseries” o series familiares de la época, en Ocho horas no hacen un día también hay una familia en el centro de la escena. Esta, que vive en Colonia, está conformada por un padre medio borrachín y calentón, Wolf (Wolfried Lier, al que se ve casi siempre despotricando a los gritos), una madre de delantal de cocina perpetuo y   paciencia de teflón, Käthe (Anita Buchner), y una abuela, llamada a secas Oma (Luise Ullrich), que acaba de cumplir 60 y, lejos de pensar en sentarse a tejer bufandas, se levanta a un novio en un banco de plaza al que presenta a todos como su “amante”, Gregor (Werner Finck). A ellos se suman los dos hijos del matrimonio Kröger, Monika (Renate Roland), que ascendió en la escala social casándose con Harald, un señor de traje y corbata que se dedica a repartir cachetadas entre ella y la hijita de los dos (interpretado por el actor y director artístico Kurt Raab) y Jochen (Gottfried John), el héroe fabril de la serie, operario en una planta que produce piezas de maquinaria.
Durante una breve salida para comprar más alcohol para el cumpleaños de la Oma –a la que, dicho sea de paso, y al igual que a casi todos los personajes, le gusta empinar el codo bastante seguido–, Jochen conoce a Marion (Schygulla), que trabaja en la oficina de clasificados de un diario local. Como en cualquier telenovela, el flechazo de la pareja protagonista es inmediato y en este caso tan contundente que Jochen la lleva esa misma noche a la reunión familiar, donde todos quedan encantados con ella. Sin embargo, detrás de sus perfectos rulos rubios y su sonrisa angelical, Marion alberga una lengua filosa con la que cuestiona todo lo que la rodea, como cuando piensa en voz alta que tiene que haber una forma de hacer plata trabajando en algo que a uno realmente le guste. Es una chica de clase media con resto como para soportar los dardos venenosos que le lanza su compañera de oficina Irmgard (Irm Hermann), que le recomienda buscarse un novio que no se ensucie las manos trabajando y “no se vaya a mamar todos los viernes a la noche con lo que cobra”, pero también lo suficientemente avanzada como para proponerle a su amado Jochen que la lleve a un bar de striptease a ver mujeres desnudas.
Otra figura femenina fuerte es, sin dudas, la Oma, interpretada por la Ullrich, ex estrella de los estudios UFA. La Oma de Ocho horas no hacen un día aboga por el transporte gratis para todos, asegura que cuando algo es muy caro hay que rebelarse y, después de pelear el alquiler como una fiera, sentencia: “El mundo es una selva. Pero sólo los carneros más tontos eligen su propio carnicero”.
“Le hubiera deseado a mi abuela que se me hubieran ocurrido Oma y Gregor o algún otro 20 años antes y que mi abuela los hubiera visto”, dijo alguna vez Fassbinder. “Quizá así hoy en día no votaría a los democristianos y estaría ocupada en algo más que en su propia muerte”.

Clichés y rupturas

Como en cualquier telenovela, en Ocho horas no hacen un día también hay música de violines cuando los amantes se besan, casamientos y cumpleaños con valses improvisados en el living e incluso algunos pasos de comedia de enredos, como cuando Jochen termina empachado de repollitos rellenos (según Lorenz, el plato preferido de Fassbinder) después de que, en una misma noche, lo invitan tres veces a comer lo mismo.
Pero es evidente que hasta ahí llegaban las convenciones: en todo lo demás, Ocho horas no hacen un día no se parecía en nada a las series que los alemanes habían visto hasta ese entonces. Y eso se debió no sólo a la libertad con la que Fassbinder abordó temas como el sexo o la desnudez, sino también a que la serie trascendía el ámbito privado de la familia y transcurría en gran parte en la fábrica, donde Jochen y sus compañeros cuestionaban el statu quo preguntándose si el régimen de producción al que eran sometidos era justo o trataban de imponer con medidas de fuerza a uno de los suyos como capataz.
“Sus personajes se diferencian de lo que uno se imagina como un trabajador. Fassbinder no quería mostrar a los trabajadores como era quizá su rutina, es decir, gris y triste. Eso sólo hubiera confirmado el estado de las cosas”, señala Lorenz. “La idea era más bien que los espectadores se identificaran con sus personajes y se enteraran, de esa forma, de qué posibilidades hay cuando se actúa de forma solidaria en un grupo”. Aunque había nacido en el seno de una familia burguesa –su padre era médico y su madre traductora–, de acuerdo con Lorenz Fassbinder siempre se había sentido atraído por la clase trabajadora. “Rainer amaba a las personas comunes”, aseguró. “Cuando era muy joven se iba siempre a los bares en los que se reunían los obreros porque quería escuchar de qué hablaban, conocerlos. Sabía que ellos eran los que realmente trabajaban”.
En cuanto a la sexualidad, es abordada sin rodeos y hasta con humor en la serie: Jochen y Marion deben aguantar las constantes interrupciones del hermanito de ella que, cada vez que quieren dormir juntos, abre la puerta del cuarto al grito de “¿Ya terminaron?”, mientras que los compañeros de fábrica de él le preguntan apenas les habla de su chica: “¿Y? ¿Ya te la cogiste?”. Una escena en especial deja al descubierto el sentido del humor fassbinderiano. En ella se ve a Marion y Monika charlando de pie en un puestito mientras comen con la mano salchichas sin pan. Monika le cuenta a Marion lo infeliz que es junto a su marido y pide otra salchicha. “Las mujeres insatisfechas comen más”, se justifica. Lo que sigue es un primer plano de la salchicha, servida por un hombre de quien sólo vemos una mano tatuada (probablemente un ex presidiario) en la que se lee: “Hago saltar todas las cadenas”. Toda una declaración de principios sobre las mejores posibilidades de satisfacer un deseo urgente por parte de Fassbinder, que solía perder la cabeza por hombres humildes como el inmigrante marroquí El Hedi ben Salem (ver recuadro) o su gran amor, el carnicero Armin Meier.
Pero en la serie de Fassbinder los cuerpos no son sólo privados, sino también colectivos: el director muestra a los trabajadores duchándose juntos, desnudos, después de una larga jornada de trabajo, sus partes íntimas ocultadas estratégicamente a los ojos del espectador por una barra. Tampoco esta apertura era usual en la televisión de la época, por más que Alemania haya sido uno de los países precursores del nudismo.
“El público era mucho más inteligente que los críticos, para ellos todo esto era normal. ¿Por qué fue tan exitosa la serie si no? Porque había alguien que les hablaba desde el alma y por eso no les molestaba si aparecía alguien desnudo, porque ellos también querían estarlo”, opina Lorenz. “Claro que las otras series no eran así, eran mucho más recatadas, eran obedientes. Pero tampoco hay que olvidar el humor de Fassbinder. Ocho horas… tiene momentos muy divertidos. Poder contar historias divertidas fue algo nuevo para él. Yo lo conocí así. Era una persona con mucho humor en privado. Disfrutaba de la vida y se divertía”.

Clase trabajadora

La idea de hacer una “Familienserie” protagonizada por trabajadores surgió de dos cabezas: la de Günter Rohrbach, director televisivo del WDR, y la de un entonces joven redactor del canal, Peter Märthesheimer, que había estudiado con Theodor Adorno en la Universidad de Fráncfort y que luego escribiría algunos guiones para Fassbinder. Fue Märthesheimer quien pensó en convocar a ese joven provocador que solía pasearse por todos lados con la misma campera de cuero con la que frecuentaba los “leather bars” gays.
En ese entonces, con apenas 26 años, Fassbinder ya tenía una decena de largometrajes a sus espaldas –entre ellas Katzelmacher y El mercader de las cuatro estaciones– y unas cuantas obras de teatro. Había pasado por festivales de cine como el de Berlín y el de Nueva York y ese mismo año estrenaba Las amargas lágrimas de Petra von Kant.
“Rohrbach vio como de repente había un movimiento llamado nuevo cine alemán, con Fassbinder, Wim Wenders, Werner Schroeter, Werner Herzog y otros, que estaban completamente libres de cualquier atadura. Ellos mismos producían, escribían y hacían sus películas, y se preguntó: ‘¿Por qué esta gente no está en nuestra televisión?’...”, recuerda Lorenz. “En esa época la televisión aún era muy fresca en Alemania Occidental y ese espíritu pionero se trasladó también allí (…) Fassbinder había nacido poco después del final de la guerra, en una Alemania completamente distinta a la que conocemos hoy. Pero era increíblemente talentoso. Veía todas las cosas que estaban mal en ese país que estaba dividido, con un oeste capitalista y un este comunista y aliados que definían las reglas para “desnazificar” al país”, comentó.
De acuerdo con Lorenz, Fassbinder se mostró inmediatamente entusiasmado con el proyecto porque era lo que quería: “llegar al pueblo”. Ocho horas no hacen un día significó su primera serie (aunque no su primer trabajo) para la televisión, a la que le seguiría en 1979 su opus magnum de 13 capítulos Berlin Alexanderplatz, basado en la novela de Alfred Döblin y en el que volvería a trabajar con Gottfried John y Schygulla para el WDR.
“Hay una anécdota maravillosa de esa época. Al parecer Fassbinder llegó a la primera charla con el equipo técnico del WDR con su cámarógrafo y todos pensaban ‘Uf, ahora va a venir este joven maravilla, otro de esos nuevos directores’. Pero él se sentó y dio sus indicaciones como un profesional y todos quedaron encantados porque se notaba que sabía lo que quería”, afirmó Lorenz. “Yo no trabajaba ni vivía con Rainer en esa época, pero todo lo que supe por charlas con sus ex colaboradores es que sabía cautivar a la gente, que los tenía comiendo de la mano. Poco tiempo después ya nadie se acordaba de lo joven que era porque por las películas que ya había hecho era tan seguro que conocía todos los problemas que surgen al filmar”.
Pero hubo algo más: Ocho horas no hacen un día marcó, para Fassbinder lo que Lorenz llamó “el inicio de su vida pública profesional” y le permitió alcanzar el estatus de estrella para un público que iba más allá de sus habituales seguidores, que él mismo identificaba como “intelectuales”. “El propio Rainer decía que sus primeras películas habían sido de naturaleza más bien privada, para él y sus amigos. Con Ocho horas…  tuvo la primera oportunidad de acceder a un gran público. Y fue un éxito enorme”.
Quizá fue ese alejamiento de su público tradicional lo que hizo que algunas de las críticas fueran tan encendidas. Hubo quien incluso llamó a sus personajes “proletarios maquillados” en la prensa. Lo acusaron de ser poco realista: decían que ninguna novia de ningún obrero se parecía ni remotamente a Schygulla, que la línea que había trazado entre buenos y malos era demasiado gruesa y que reemplazar los viejos clichés por otros nuevos le hacía un flaco favor a los trabajadores. “Me pregunto en qué medida una serie familiar con esos trazos gruesos, con esos embellecimientos, con esas formas fijas convertidas en clichés podría servir de alguna manera para modificar conciencias de una manera progresista”, se lamentaba el periodista Günter Wallraff (autor de la crónica “Cabeza de turco”) desde las páginas de la revista Der Spiegel.
La reacción de los trabajadores fue otra. El mismo canal realizó algunas encuestas informales en tres fábricas el día después de la emisión del primer capítulo. La mayoría de las respuestas fueron positivas y se ordenaron entre una tibia aceptación (“Muy divertida, pero nada especial”) y el entusiasmo (“Fantástica. Muy parecida a la vida misma. Así son las cosas entre los trabajadores y los capitalistas”). En general, los obreros valoraron que la televisión se ocupara por primera vez de sus problemas, aunque algunos lamentaron que se los mostrara borrachos o hablando de sexo.
Fassbinder, tenía una respuesta elaborada para sus críticos: “Hice mis películas y obras de teatro para un público intelectual. Frente a los intelectuales se puede ser tranquilamente pesimista y las películas pueden terminar tranquilamente sin perspectiva alguna porque un intelectual tiene siempre la posibilidad de aplicar su intelecto”, dijo en una entrevista incluida en el libro Fassbinder sobre Fassbinder. “Frente a un público tan grande como el de la televisión, en cambio, sería reaccionario, casi un crimen, pintar un mundo con tan poco futuro, porque sobre todo hay que darles aliento y decirles: ‘A pesar de todo hay posibilidades para ustedes, ustedes tienen una fuerza que tienen que usar, porque sus opresores dependen de ustedes’. ¿Qué es un empleador sin trabajadores? Nada”.
Con motivo del estreno de la versión restaurada en la Berlinale, el ex director del WDR Rohrbach apuntó a un argumento basado en su experiencia como productor de películas como Das Boot o la más reciente Anónima: Una mujer en Berlín: “Sí, es verdad, la mayoría de los trabajadores no son tan cancheros como Gottfried John y sus novias no suelen ser tan hermosas como Hanna Schygulla. La mayoría de las abuelas tampoco son tan atrevidas y despreocupadas como Luise Ullrich. Pero los cowboys en el verdadero Salvaje Oeste tampoco eran tan geniales como John Wayne”.
A pesar de su éxito, Ocho horas no hacen un día se dejó de emitir después del quinto capítulo. Lorenz no cree que haya habido ninguna mano negra detrás de la decisión. “Rohrbach dijo de repente: ‘Hasta acá llegamos. Terminamos. Todo lo bueno tiene que tener un final y no perderse en discusiones’”, contó. De todas formas, Fassbinder ya había escrito los tres capítulos faltantes. Lorenz fantaseó durante mucho tiempo con rodarlos 45 años después con Schygulla y John como los abuelitos. Su idea original se frustró con la muerte del actor en 2014, pero no por eso la abandonó del todo.
“A Rainer no le preocupó especialmente que la serie terminara, él siempre tenía un proyecto, siempre estaba activo. Nunca hablaba de eso, tampoco cuando ya estábamos juntos. No fue ninguna frustración, él siempre estaba lleno de ideas”, afirmó Lorenz. “De hecho Rohrbach enseguida le ofreció otras cosas”. Esos ofrecimientos fueron las películas El mundo conectado,  Martha (ambas de 1973) y Miedo al miedo (1975), todas producidas por el WDR. “Además, Rainer era un optimista”, asegura Lorenz. “A veces estaba triste, como todos, y muchas veces después de hacer sus películas terminaba agotado y algo depresivo, pero tenía siempre un talante positivo. Que sus películas no reflejaran esto siempre no tenía nada que ver con él, sino con la realidad de la Alemania Occidental en ese entonces. El simplemente miraba a su alrededor.”

 El elenco estable de R.W.F.

 Además de su musa Hanna Schygulla, entre los intérpretes de Ocho horas no hacen un día hay, como siempre, varios miembros del elenco estable que rodeaba a Fassbinder, desde su torturada pareja sentimental Irm Hermann, de la que el director llegó a decir que sólo obtenía placer “al sufrir, al sentirse oprimida”, hasta Kurt Raab, que en la serie vuelve sobre el papel de burgués border con el que ya se había lucido en ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R? (1969). A ellos se suman otros habitués como Hans Hirschmüller, Margit Carstensen o la madre del director, Lilo Pempeit, aunque estas dos en papeles muy chicos. Sin embargo, llaman la atención en las escenas de la fábrica los primeros planos de un actor moreno vestido de operario que nunca abre la boca. Se trata de El Hedi ben Salem, el amante marroquí del cineasta que ya había tenido un papel secundario en El mercader de las cuatro estaciones y que un año después de Ocho horas…, en 1973, protagonizaría La angustia corroe el alma. Como otros amantes de Fassbinder, Ben Salem no tuvo un final feliz y, ya separado del director, puso fin a su vida ahorcándose en la celda de una prisión en Francia.

Al final, aquellos festejos eran puro globo

Cristina Kirchner se impuso en las elecciones primarias a senador en la provincia de Buenos Aires

Al final, aquellos festejos eran puro globo

El escrutinio definitivo dio ganadora a la ex presidenta por el 34,27 por ciento contra el 34,06 que obtuvo el macrista Esteban Bullrich. Esta tarde, CFK encabezará su primer acto de la campaña para octubre en La Plata.

 Al fin, se hizo oficial lo que todos sabían desde la madrugada del lunes 14 de agosto: Cristina Fernández de Kirchner fue la candidata a senadora nacional más votada en la provincia de Buenos Aires en las PASO. Ayer por la tarde, la justicia electoral bonaerense comunicó el resultado definitivo de las elecciones primarias en el distrito más poblado del país y el frente Unidad Ciudadana, encabezado por la ex presidenta, se impuso en esa categoría por una diferencia de 0,21 puntos, poco más de 20 mil votos respecto al candidato del oficialismo, Esteban Bullrich, que había sido proclamado como ganador por el turbulento escrutinio provisorio.

Así lo informaron fuentes judiciales, que dieron a conocer las planillas con los números finales de las PASO. Allí, puede observarse que en la categoría a senador, Unidad Ciudadana cosechó finalmente el 34,27 por ciento de los votos (equivalentes 3.229.194 sufragios), mientras que Cambiemos obtuvo el 34,06 por ciento (3.208.870 votos), por lo que la diferencia entre ambos fue de solamente 20.324 votos.
Además, se ratificó el tercer lugar para el frente 1País, que llevaba en su boleta a los diputados Sergio Massa y Margarita Stolbizer, y que acumuló 1.451.688 sufragios, es decir un 15,26 de los votos, cosecha magra comparada con las expectativas que tenía el líder del Frente Renovador en la previa de las primarias. En cuarto lugar quedó el Frente Justicialista, cuyo único candidato fue el ex ministro de Interior Florencio Randazzo, y que cosechó 559.516 votos, un 5,88 por ciento del total.
El último frente electoral que superó el piso que establece la ley para poder participar el 22 de octubre de las elecciones generales fue el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que engloba a varios partidos de extracción trotskista bajo la candidatura de Néstor Pitrola y que superó el límite holgadamente, con 317.555 votos, es decir un 3,34 por ciento. El resto de las alianzas que se inscribieron para participar de las primarias no pudieron superarlo y no podrán estar en el cuarto oscuro ese día.
De esta manera quedó clausurado un extenso capítulo que comenzó la noche de las PASO, cuando una discutida carga de los datos mostraba al oficialismo con una amplia ventaja que le permitió a los candidatos de Cambiemos salir a celebrar un triunfo. En la madrugada, cuando CFK recortó la distancia y se puso a tiro, el escrutinio provisorio se interrumpió de forma abrupta en el momento en el que Bullrich llevaba una ventaja de tan solo siete mil votos.
Desde la oposición se denunció que hubo manipulación en el conteo y en la forma en la que se informó acerca de los resultados, teniendo en cuenta que hubo un retraso en la carga de votos en distritos donde Unidad Ciudadana tenía una amplia ventaja mientras que se aceleró el trámite en zonas en las que Cambiemos era favorita. Además, en off the record, desde la misma madrugada del 14 de agosto que dirigentes cercanos al gobierno admitieron que el resultado había sido otro.
Con estos números confirmados ayer, Unidad Ciudadana, el espacio que fundó la ex presidenta este año y que incluye sectores políticos, sindicales y sociales vinculados al peronismo, al kirchnerismo y a otros movimientos, suma un triunfo en el principal distrito del país a la victoria de su candidato Agustín Rossi en la interna justicialista de Santa Fe. Además, fue el frente más votado en Tierra del Fuego y Chubut y participó, en alianzas más amplias con el PJ, en las victorias en Formosa, Chaco, La Rioja, Catamarca, Río Negro y Tucumán.
Esta tarde, con los resultados puestos, CFK hará su primer acto de la campaña de cara a octubre en La Plata, donde celebrará las noticias de ayer y planteará los ejes que desarrollará hasta las elecciones legislativas. El lugar elegido es el tradicional Club Atenas, y la ex presidenta estará acompañada por el resto de los candidatos de Unidad Ciudadana.
Aunque todos los ojos se los llevó el cerrado recuento de los resultados en la categoría senador, ayer también se hicieron oficiales los números definitivos de las elecciones a diputados, donde Cambiemos fue el frente más votado. La lista que encabeza Graciela Ocaña se llevó el 34,07 por ciento (3.240.499 sufragios), contra el 32,12 por ciento (3.054.886 votos) que cosechó Unidad Ciudadana, que llevó como primera candidata a Fernanda Vallejos.
La alianza 1País, en tanto, que postuló a Felipe Solá al frente de su boleta, reunió 1.379.007 de sufragios (14,50 por ciento); seguida del Frente Justicialista con 528.474 votos (5,56 por ciento) y el Frente Izquierda de los Trabajadores con 340.106 (3,56 por ciento). Al igual que en la categoría senadores, ninguna otra alianza electoral superó el piso que establece la ley electoral para presentarse a las elecciones generales del 22 de octubre.

CFK recibió a los candidatos a diputados

“Se conoció la verdad, ganamos”

“Finalmente se conoció la verdad, ganamos”, destacaron los integrantes del frente Unidad Ciudadana que encabeza la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner al conocerse los resultados oficiales del escrutinio de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) bonaerenses. Los candidatos se reunieron con Fernández de Kirchner ayer en el Instituto Patria en la ciudad de Buenos Aires para analizar el conteo final de votos.

“A pesar del posterior intento de desmerecer el triunfo de Unidad Ciudadana, hoy quedó demostrado que la ciudadanía votó para defenderse del ajuste”, destacaron los dirigentes que integran la lista de candidatos de diputados luego de mantener un encuentro en el centro porteño para analizar el informe de la justicia electoral bonaerense sobre la elección que determinó la victoria del espacio político kirchnerista por 20.324 votos sobre la alianza oficialista Cambiemos, que llevó como candidato a Esteban Bullrich.
El festejo se mantuvo contenido desde la madrugada del lunes 14 de agosto, cuando el Gobierno decidió detener el conteo cuando CFK descontaba aceleradamente la ventaja inicial que le llevaba el candidato macrista Esteban Bullrich. Cuando se detuvo, Bullrich todavía llevaba unas décimas pero la mayoría de las mesas no contabilizadas estaban situadas en la tercera sección electoral, zona que aloja el grueso de los votos kirchneristas.
“El domingo 13 decíamos que se iba a conocer la verdad más tarde o más temprano y se conoció la verdad. Ganamos”, apuntaron los dirigente de la UC luego de que se confirmara el resultado final, aludiendo a las denuncias por la manipulación de los datos por parte del gobierno nacional para aparentar una victoria en territorio bonaerense.
A su vez insistieron en que “a pesar de la manipulación mediática electoral realizada por el Gobierno la noche de la elección y el posterior intento de desmerecer el triunfo de Unidad Ciudadana, hoy quedó demostrado que la ciudadanía votó para defenderse del ajuste”. Finalmente, en el comunicado destacaron que  “Unidad Ciudadana es la mayoría de esa oposición que demostró que dos de cada tres bonaerenses le dijeron que no a Macri”.

martes, 29 de agosto de 2017

Santa Sabina de Roma

Santa Sabina de Roma

En Roma, conmemoración de santa Sabina, cuya iglesia titular construida en el monte Aventino recibe su nombre, digno de veneración.
La «Pasión de Santa Sabina», compuesta en el siglo VI y totalmente carente de valor histórico, afirma que la santa, que era viuda, se había convertido al cristianismo gracias a su criada siria, Serapia. Esta fue martirizada por orden de Adriano, el 29 de julio y su ama la siguió en el martirio un mes después. Se dice que esta santa Sabina era la titular de la famosa iglesia del Aventino que lleva su nombre. Pero, a decir verdad, ni siquiera estamos ciertos de que dicha mártir haya existido realmente. La iglesia que acabamos de mencionar llevaba originalmente el nombre de «Titulus Sabinae» y sólo más tarde recibió el de «Titulus Sanctae Sabinae». No es, pues, imposible que en este caso, como en algunos otros, la celebración anual del que construyó la iglesia se haya confundido más tarde con la del santo a cuyo nombre estaba dedicada. De eso a la invención de una leyenda apropiada no hay más que un paso.

El Martirologio actual no conmemora a Serapia, ni convalida la leyenda, sino que se limita a evocar el carácter venerable de la titular de un templo romano tan tradicional. La fecha que da el santoral no corresponde a la supuesta pasión (que de ser histórica habría ocurrido en el siglo II) sino a la erección de la titularidad de la basílica como «Santa Sabina».
 En Roma, conmemoración de santa Sabina, cuya iglesia titular construida en el monte Aventino lleva su venerable nombre (122-132).

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.
 Sabina nació probablemente en Roma en una familia de patricios, en una época en que apenas se organizaba el primer cristianismo.

Existen referencias de que Santa Sabina fue una pagana noble, casada con el senador romano Valentino.

Santa Sabina tenía una esclava de nombre Serafina. En el trato cotidiano, la ama se interesó por las creencias religiosas de su sirvienta y le pidió que le explicara mejor.

De este modo, Santa Serafina, la sierva, llevó a la conversión a su patrona, Santa Sabina, revelándole un mundo completamente nuevo y distinto del de su condición de noble romana.

Santa Sabina se bautizó. Solía acudir clandestinamente a los servicios religiosos que los cristianos celebraban en las catacumbas de Roma, donde conoció y convivió con gente muy diferente de la que encontraba entre los de su condición social, aunque todos eran iguales en sus convicciones y ante los ojos de Dios.

Un mal día, Santa Serafina fue capturada por las autoridades romanas que perseguían a los cristianos, siendo conducida a su muerte a través del martirio.

Al poco tiempo, a pesar de ser una dama de alcurnia, Santa Sabina fue arrestada igualmente. Dado que se trataba de una ciudadana de Roma, se le concedió la venia de que su martirio fuera morir decapitada, y no de manera lenta como solía ser en otros casos.

Durante el pontificado del papa San Celestino I (422-432) se mandó construir en el Aventino, en Roma, la Basílica de Santa Sabina. El culto de esta santa se propagó a lo largo de la Edad Media.

A Santa Sabina se le considera santa patrona de Roma, pero también de las amas de casa y de los niños con dificultades para caminar.

SANTA SABINA nos enseña que en la fe no existen diferencias de clases y que siempre el que conoce un poco más debe compartir ese conocimiento con los demás.

Sobre Cortes Supremas y cortes de luz

10/08/2003

SE INCREMENTA LA PRESION SOBRE LA CORTE MIENTRAS SE VIENEN LAS ELECCIONES

Sobre Cortes Supremas y cortes de luz

Todos los caminos conducen a Tribunales, el Gobierno quiere llegar rápido. Las extradiciones, un atajo posible. La revisión de los indultos, un debate que se viene. Duhalde juega cerca del Gobierno en varios frentes. Las elecciones porteñas, una cuestión capital. ¿Quién apagó la luz? La inminencia de escenarios nuevos. Lucubraciones sobre un match point.

 Por Mario Wainfeld

 ”Fayt dice que la Corte cogobierna. Bueno, si cogobierna, tiene que hacerse de este fardo y resolver cuanto antes.” “Este fardo”, en la jerga coloquial del ministro, es la intrincada cuestión de la constitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Esas que Página/12 designa como “leyes de la impunidad” y otros medios apodan “leyes del perdón”. Por algo será.
Por razones prolijamente distintas, todos los sectores concernidos consideran, a esta altura de la soirée, que es preferible que los represores sean juzgados acá y no extraditados. Los organismos de derechos humanos, el Gobierno, los propios represores y la oficialidad activa de las Fuerzas Armadas. Cada cual atiende su juego, sus valores, sus ideas. Algunos piensan en su pellejo, también. Pero una enmarañada cuestión legal no se define en una improbable mesa de concertación entre sectores, sino que debe ser saldada por la Justicia de los hombres. A eso se ha llegado por un curioso camino. Sucesivos gobiernos, y éste es la excepción, urdieron mil añagazas legales para que los delitos no fueran investigados ni juzgados. Las víctimas, los organismos de derechos humanos y sectores siempre crecientes del conjunto de la sociedad procuraron verdad y justicia, trabajando con consistencia y creatividad en los resquicios que dejaba la tarea obstruccionista del poder político. Los reclamos de argentinos ante tribunales ubicados fuera del aguantadero que construyeron Raúl Alfonsín y Carlos Menem fueron uno de esos caminos. La pulseada desembocó en la actual situación, que exige una decisión judicial. Un tribunal desacreditado y en crisis tiene tamaña responsabilidad.
El Gobierno, el primer gobierno dispuesto a que los genocidas sean juzgados desde que Alfonsín se dejó quebrar la muñeca, espera que los criminales sean juzgados en el suelo que asolaron con sus tropelías. Néstor Kirchner no deja de emitir mensajes en ese sentido, en estos días repitió ante la Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires algo que ya había pronunciado en la intimidad de la Casa Rosada, “si esto se demora no me va a temblar la mano en firmar una extradición”.
–¿A quién se extraditaría en tal caso? –interroga Página/12 a alguien que siempre expresa el pensar del Presidente.
–Alfredo Astiz es el principal candidato. Lo reclama Jacques Chirac en persona, la medida tendría afuera un aval fenomenal. Y el ex marino es una figura emblemática acá.
Vaya si lo es, ese asesino frío y entregador de mujeres que, dicen los que saben, sus compañeros de armas admiran como si fuera el almirante Brown (ver asimismo páginas 2 y 3 de esta edición).
El oficialismo intentará, si cuadra, una carambola a dos bandas. La lucha contra la corrupción y en pro de los derechos humanos son los dos puntos más fuertes que ha sumado Kirchner en el exterior. Sus posturas económicas, el reclamo por las Malvinas, sus desafíos a los empresariosson más controversiales. Pero sus luchas por la justicia y la transparencia (reconocen hasta sus adversarios) lo califican extramuros y el Gobierno no dudaría en doblar la apuesta, si fuera necesario, si la Corte no fallara en tiempo y forma.
Los cruzados, los soldados
–¿Alguien del Gobierno habla con la Corte? –indaga este diario, en sendas charlas con dos ministros.
–No, Beliz no habla con nadie y eso es un problema –replican los dos integrantes del ala política–. Gustavo se explaya sólo ante los micrófonos, aumenta su prestigio pero no le construye política al Gobierno –rezongan.
No todos en la Rosada piensan así. Kirchner suele elogiar a quienes apoda “cruzados”, por ejemplo al mentado Beliz y el interventor del PAMI Juan José “Juancho” González Gaviola. Dos de sus hombres que han arremetido sin mirar mucho al costado y sin atender muchas llamadas telefónicas.
–Ojo con los cruzados. ¿Vos sabés cómo terminaron las Cruzadas? Acordate de la Cruzada de los niños, que acabó con todos muertos –lo chuceó, socarrón, un ministro de cuño duhaldista al propio Presidente.
Pero Kirchner, que acepta y hasta estimula esas discusiones (aunque recela mucho de que se conozcan), parece convencido de que la táctica elegida por Beliz, esto es, cercar a la Corte, arrinconarla, es el mejor camino. Y que todo diálogo, aún aquellos que otros políticos considerarían propios (si no ineludibles) del arte de gobernar, encierra el peligro de la transa o la abdicación. Por eso la táctica oficial, que encabeza el Presidente, que el ministro de Justicia apuntala y de la que ahora forma parte el bloque de diputados es apurar los tiempos del perezoso tribunal metiéndole presión, a pura política.
El flamante proyecto de ley del bloque de diputados del PJ integra esa estrategia. La norma, que es casi ininteligible y de improbable legalidad, revela que los compañeros legisladores se han puesto en línea con el Ejecutivo. El titular del bloque, José María Díaz Bancalari, sudó la gota gorda para convencer a sus pares. Lo logró merced a su muñeca y su predicamento pero muy especialmente por otro dato que es (desde su regreso) el activo alineamiento de Eduardo Duhalde con el Presidente. Duhalde en persona se movilizó para influir sobre sus legisladores. Nadie puede sospechar de que el ex presidente y varios de sus soldados se conmuevan especialmente por ventilar o juzgar las pasadas violaciones de derechos humanos: el móvil central de su obrar es el apoyo al Gobierno. Los duhaldistas no son, precisamente, cruzados, pero los políticos decididos y organizados pueden ser más duros y eficaces que los cruzados cuando deciden algo.
Lo que se busca con la eventual anulación-inconstitucionalidadinoponibilidad parlamentaria es acortar los tiempos de la Corte toda vez que es palmario que, sea cual fuera el proyecto que se haga ley, ésta terminará con su constitucionalidad sujeta a revisión por el alto tribunal.
Indultos en capilla
Una aparición pública de Aníbal Fernández hablando de la posibilidad de revisar, esto es revocar, los indultos a Enrique Gorriarán Merlo y Mohamed Alí Seineldín es toda una novedad de la semana. El ministro del Interior es acaso el único funcionario que anticipa medidas o lanza “globos de ensayo”, misión que obviamente cuenta con la anuencia de Kirchner. La perspectiva de cuestionar legal o judicialmente los indultos interesa al Gobierno. “Dese cuenta, si se anulan las leyes y se mantienen los indultos, los reales genocidas, los que lo decidieron e implementaron verán por televisión cómo se juzga a oficiales de rango inferior. Una solución odiosa e injusta”, explica un ministro concernido por el intríngulis. Y agrega: “Kirchner al principio pensaba que eso era imposible. Y lo cierto es que no hay antecedentes históricos de anulación de indultos. Pero estudiando a fondo y consultando vamos llegando a la conclusión de que es posible. Es más, hemos consultado juristas que piensan que estos indultos son revocables y anulables por inconstitucionales. Hasta un par de especialistas que usted calificaría como ‘de derecha’ opinan así. No, no me pregunte quiénes son”.
Página/12 le pregunta y el hombre, claro, no contesta.
Pero la perspectiva de atacar la validez de los indultos está en carpeta.
Una apostilla lateral. El ministro del Interior es también un duhaldista de ley y es sabido que Duhalde, ya de salida, dictó los indultos a Seineldín y Gorriarán para dejar sentada una opinión sobre “la pacificación”. Pero Kirchner no aceptó la sugerencia y la aparición de Fernández sugiere que en este punto también el ex presidente está dispuesto a jugar con su sucesor.
Duhalde se mueve en pos de la presidencia del PJ y quiere llegar a ella con su base territorial asegurada. Por ahora, viene bien. “La provincia de Buenos Aires ya está ganada. Vamos a sacar el 50 por ciento de los votos, si no más. En Diputados habrá alrededor de 42 diputados de la provincia, algo así como un tercio del bloque peronista, para ‘jugar’ con Kirchner”, contea, se ufana, predice un operador de primera línea del duhaldismo que tiene añejas buenas migas con Kirchner. La sola cuota de disidencia es la elección de Misiones, redondea, hasta en la Capital están de acuerdo.
Ojo con Berlusconi
“Macri es un potencial (Silvio) Berlusconi. Es un hombre de la derecha, tiene fuertes lazos con el establishment económico, maneja un club de fútbol. Si no gana será el eje de la oposición, toda la derecha, incluido el menemismo, lo rodearán. Hay que enfrentarlo”, cuenta el mismo relator que les dijo Duhalde a sus hombres en el Gobierno. Y augura algún gesto fuerte de Duhalde en estos días. El bonaerense, asegura su allegado, cree que Kirchner dio en el clavo cuando se jugó por Aníbal Ibarra. El santacruceño no sólo apuesta a ampliar su base política sino también a minar que despunte una eventual oposición que resucite a lo que queda del esperpento menemista.
En la Rosada no titubean en lo atinente en la apuesta a favor de Ibarra pero sí hacen audible, aun al aliado, cierta disconformidad con el tono de su campaña. “Lupín le dijo a Aníbal que hay que ser más duro con Macri. Que tiene que darle más duro, como hizo Kirchner con Menem, denunciarlo, historizarlo. Macri se autoexhibe como lo nuevo pero tiene una larga historia que hay que enrostrarle”, reflexiona uno de los hombres más cercanos al jefe de Gobierno porteño.
A dos semanas de la primera vuelta electoral las encuestas revelan que hay final abierto. El voto al empresario tiene un corte social muy parecido al que obtenía el menemismo en Capital: fuerte en los sectores más humildes y en los más altos. Y, como novedad, una implantación llamativa en los jóvenes. Algo que induce a pensar que el consejo de “historizarlo” ante el electorado es todo un acierto.
Ibarra tiene su mayor arraigo en los sectores medios y en las mujeres. Los sondeos revelan que, pese a la consistente y amplia coalición que ha formado, aún no ha capturado todo el voto del centroizquierda y del kirchnerismo. Algo que sus estrategas tratarán de lograr en los próximos días remarcando la confluencia entre Ibarra, Kirchner y Elisa Carrió. Tal como se ha planteado, la contienda será un test de fuego para el Gobierno y una sorpresiva segunda oportunidad para la derecha argentina que, fugado Menem y desaparecido en acción Ricardo López Murphy, busca un referente político. Quienquiera que aspire a ese lugar tiene un adversario atento en Kirchner, ese sayo les cabe a Macri y a Ramón Puerta. Y, como reveló ayer en este diario el periodista Martín Piqué, el cordobés José Manuel de la Sota es, para el Gobierno, sospechoso de querer liderar una corriente “neomenemista” en el peronismo.
El Gobierno puntea afanoso el resto del mapa electoral. Catamarca tiene todo el peso de un símbolo. Seguramente hará campaña Cristina Fernández de Kirchner, abanderada de la lucha contra Luis Barrionuevo, quien ya bregó por allá en la compulsa que el gastronómico de Chacarita purificó mediante el fuego.
Santa Fe inquieta menos al oficialismo. “Kirchner tiene un pie y medio en la candidatura de Jorge Obeid pero tiene medio con Hermes Binner. Ahí ningún resultado es letal para nosotros”, maquina un operador del Gobierno, eterno contador de porotos.
A salirse del libreto
“La foto no la tenemos. Pero estamos convencidos de que lo de las torres de Edesur no fue un robo.” Quien sospecha de los concesionarios está muy cerca del Presidente y alude a una sorpresiva, inédita denuncia lanzada por Kirchner fuera de todo libreto. El Presidente receló del apagón del miércoles y salió fuerte a cruzar a los concesionarios. En la Rosada temen que pululen aprietes en medio de la discusión con el FMI, que tiene como uno de los principales item el aumento de tarifas. Las encuestas requeridas horas después de que Kirchner sugiriera un autoatentado demostraron que una mayoría aplastante lo acompañaba en sus suspicacias. El oficialismo no ceja en su posición y seguirá muy de cerca las investigaciones.
La invectiva presidencial tuvo la curiosa virtud de poner a los concesionarios a la defensiva en la arena pública, un territorio favorable al mandatario. En la mesa de negociación con el FMI la correlación de fuerzas no es tan propicia. Roberto Lavagna tiene un par de demandas que parecen centrales para sellar el acuerdo: la compensación a los bancos y el aumento tarifario. El Gobierno sabe que allí algo tendrá que ceder, pero quiere predisponer todo lo que puede el terreno y también eso explica la denuncia presidencial.
El Gobierno sabe que en algún momento deberá anunciar medidas antipáticas y las permanentes apelaciones al pueblo de Kirchner buscan reforzar un lazo de confianza y de respeto de cara a esos momentos duros. En un discurso pronunciado el martes en Florencio Varela Kirchner le avisó a la gente que alguna vez tendrá que pedirle su ayuda y recibió una ovación que, dicen los suyos, lo conmovió. Lo más peliagudo para un gobernante surgido del voto popular que ha crecido en legitimidad no es pedir ayuda virtual ante adversarios que todos rechazan sino comprensión ante decisiones que afectan los intereses de sus representados. Cerrar las tratativas con el Fondo es una necesidad para el Gobierno que debe relanzar (o si es un poco más exigente) lanzar su prometida política neokeynesiana, aún pendiente.
La incertidumbre acerca del futuro es un buen motivo para diferir ese momento, pero esa instancia obligará a Argentina a ceder, con consiguientes sacrificios inmediatos para la población. Conseguir crédito político a futuro será en ese instante más difícil que lo que fue hasta ahora. De cara a ese escenario inminente, la decisión política oficial es insistir en diferenciarse del establishment económico, del sector financiero y de las privatizadas. Por ahora, duro con ellos...
...con los tapones de punta
“Kirchner salió con los tapones de punta contra Edesur”, tipea en su compu el politólogo sueco que escribe su tesis de posgrado sobre la Argentina. Arrobado, redondea su mensaje a su padrino de tesis, el decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo: “¿Se da cuenta qué buena metáfora, profesor? Con los tapones de punta, en doble sentido, por los tapones de los botines de fútbol y los de la luz”. Y envía el correo electrónico.
La respuesta llega al toque. El decano está furioso, en parte porque no entiende del todo el mensaje: en sueco los tapones de la luz y los de los botines de fútbol se dejan designar con dos palabras distintas.
“No me joda, amigo. Estoy hasta acá de sus metáforas políticoperiodístico deportivas. Pero, además no entiendo por qué habla de tapones de punta si Kirchner no cometió ninguna infracción. Usted debería decir ‘jugó fuerte, pero leal’ ‘metió pierna’ o algo así. Finishela”, responde el decano, entrando, sin percatarse en el juego de su discípulo.
“Va a tener que bancársela, profesor. Ahora se sumó a la política Macri, que es presidente de Boquita y estimulará la imaginación creativa de políticos, operadores y reporteros”, se entusiasma el politólogo, fiel a su cruzada de enriquecer con argentinismos la adusta jerga de las ciencias sociales escandinavas. Y en un plan casi orgásmico remata: “y encima en estos días gana centralidad Eduardo Moliné O’ Connor, el tenista de la Corte que hoy por hoy está match point”. Y envía su segundo correo del día.
El decano recibe el mensaje y reconoce cierta sana envidia por su discípulo que estudia ese país tan vivaracho, tan rompedor de reglas, que está en default y crece, que tiene una política tan provocativa y llena de sorpresas. Reconoce, para sus adentros, que le gustaría ser más joven y poder internarse en ese suelo fértil, hablar con sus protagonistas, alternar con sus mujeres y atosigarse de carne asada y vino del bueno. ¿Por qué no contemporizar, por una vez, con su enviado, se pregunta. Y, de buen grado, comparte sus códigos y su léxico, así sea por un ratito.
“Sea más preciso, mi amigo. ¿Match point a favor o en contra?”

 URUGUAY, ULTIMO PARAISO DE LA IMPUNIDAD

Silencio de plomo

Para Kirchner el hallazgo de los restos de la nuera de Juan Gelman es una cuestión de Estado, como para Suecia el esclarecimiento de los casos de Raoul Wallenberg y Dagmar Hagelin. El comisario a quien fue entregada la nieta de Gelman tenía estrecha relación personal con el ex presidente Sanguinetti y con el sector político del actual canciller, Didier Operti. Uruguay, cuya clase política cogobernó con la dictadura militar, no puede seguir siendo el paraíso de la impunidad.

 Los vientos de verdad y de justicia que barren Chile y la Argentina han comenzado a sentirse también en las costas del Uruguay. A los pedidos de extradición que el juez federal Rodolfo Canicoba Corral formuló en 2001 contra los militares uruguayos José Gavazzo, Manuel Cordero y Jorge Silveira y el policía Hugo Campos Hermida se suma ahora la decisión del presidente Néstor Kirchner de considerar como una cuestión de Estado la recuperación de los restos de la ciudadana argentina María Claudia García Irureta Goyena de Gelman. Así se lo prometió esta semana al poeta Juan Gelman, suegro de la adolescente de 19 años secuestrada en Buenos Aires en 1976 y trasladada en forma clandestina a Montevideo, donde fue asesinada luego de dar a luz a una beba. La misma posición sostiene Suecia respecto de los dos únicos desaparecidos de su historia. En un homenaje a Raoul Wallenberg (“La caída ilimitada”), la embajadora Madeleine StröjeWilkens comparó su caso con el de Dagmar Hagelin. En los próximos días se reunirá con el secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde para impulsar las investigaciones sobre su destino. Tampoco Francia olvida a sus ciudadanos desaparecidos en la Argentina. El viernes oficializó el pedido de extradición de Alfredo Astiz. Fuentes diplomáticas francesas afirman que es la primera de un centenar de solicitudes.
La excepción oriental
Desde México, donde vive, Gelman envió una carta personal a Kirchner, quien a través del secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde le pidió que viajara a Buenos Aires. Uruguay es el único país de la región en el que la impunidad de los más graves crímenes contra la humanidad fue votada en plebiscito por la mayoría de los ciudadanos. Esta decisión choca con el derecho de gentes y con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que descalifica tanto la posibilidad de perdonar a los autores de tales delitos como el cese de su persecución por el mero paso del tiempo.
En Chile, según un informe oficial de la policía de investigaciones, fueron detenidos “308 integrantes en retiro y activos de Fuerzas Armadas y de Orden” y se dictaron “247 autos de procesamiento tras las detenciones”. En la Argentina las detenciones se acercan al centenar, entre las causas por apropiación de bebés, saqueo de bienes y desaparición de personas, y pedidos de extradición. El gobierno nacional propicia la remoción de las leyes de punto final y de obediencia debida (ya declarada nula por cinco jueces de cuatro provincias, tres cámaras federales y el Procurador General de la Nación), para que los procesos se realicen aquí y no en otros países que reclaman la extradición de los más altos jefes de la dictadura militar. Pasado mañana el tema comenzará a tratarse en la Cámara de Diputados, a pedido de la diputada Patricia Walsh.
Uruguay tiene una diferencia fundamental con Chile y la Argentina: su dirigencia política cogobernó con los militares, lo cual creó complicidades que hoy gravan la democracia oriental. De hecho, la nieta de Gelman fue entregada a un alto jefe policial, el comisario Angel Tauriño, quien inscribió a la niña como hija propia. El comisario Tauriño era un hombre de íntima relación con el ex presidente Julio Sanguinetti y con la plana mayor de su sector político dentro del Partido Colorado, la denominada Lista 94. Eso pudo constatarse en las participaciones y ceremonias fúnebres a la muerte de Tauriño. El asesino de la nuera de Gelman, el policía militar de la Guardia Metropolitana Ricardo “Conejo” Medina, fue luego de la dictadura secretario privado e íntimo amigo del senador oficialista Pablo Millor. El actual canciller, Didier Operti, es otro militante de la Lista 94.
Las investigaciones realizadas por Gelman, su esposa Mara La Madrid y el periodista uruguayo Gabriel Mazzarovich llevaron en noviembre de 1999 al hallazgo de Macarena, la beba arrebatada a su madre 23 años antes, y abrieron un rumbo en el muro de la impunidad, que el gobierno oriental intenta apuntalar ahora con desesperación. Hace ya dos años, la entonces Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la ex presidenta de Irlanda Mary Robinson, dijo en Montevideo que la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado contradecía la normativa internacional humanitaria, ante la que debía ceder. El Uruguay es uno de los pocos países del mundo cuya clase política considera que su legislación interna está por encima de las convenciones y tratados y de los principios generales del derecho internacional. Los otros más notorios son China y los Estados Unidos de Norteamérica. Los gobiernos de Washington y Beijing se resisten al derecho en nombre de la fuerza.
Silencio de plomo
Al concluir la audiencia con Kir-
chner, Gelman y Duhalde respondieron preguntas de los periodistas en la sala de prensa de la Casa de Gobierno. “El presidente Jorge Battle Ibáñez conoce el nombre del asesino de mi nuera y sabe dónde la sepultaron. Mantiene un silencio
de plomo, un silencio sepulcral”, dijo Gelman. Esto provocó una precipitada desmentida. El asesor de Batlle, Carlos Ramela Regules, dijo que no había evidencias de que la nuera de Gelman hubiera muerto en el Uruguay. Según Ramela lo que saben el presidente y la Comisión para la Paz, que él integró como delegado presidencial, “es una versión brindada por el propio Gelman, pero no es la única”. Y agregó que “el trabajo de la Comisión para la Paz no se basa en suposiciones, nosotros no pudimos llegar a una confirmación sobre qué fue lo que pasó finalmente”. En un reportaje concedido a la radio de Montevideo “El Espectador”, Gelman respondió: “Supongo que por la cantidad de ocupaciones que tiene, Ramela está un poco olvidadizo, incluso de lo que firma”. Se refería al informe final de la Comisión para la Paz y a su confidencial anexo II.
Su inciso 1 afirma que María Claudia fue secuestrada en Buenos Aires junto con Marcelo Gelman el 24 de agosto de 1976, trasladada en la segunda semana de octubre de ese año a Montevideo y alojada en el Servicio de Información de Defensa (SID), llevada a fines de octubre o principios de noviembre al Hospital Militar, donde dio a luz una niña y devuelta a fines de diciembre al SID, donde le fue sustraída la niña, que fue “entregada a un policía, quien la inscribió como hija legítima”. El inciso 2 dice que luego del robo de la niña, María Claudia “fue derivada a una base clandestina militar, donde se le dio muerte, enterrando posteriormente sus restos en un predio militar”. Esa versión, añade, fue “confirmada por fuentes militares”. El inciso 3 consigna otra versión, “proveniente también de fuentes militares”: luego del parto y el despojo de la beba, María Claudia habría sido entregada “a los represores argentinos de Automotores Orletti, quienes la vinieron a buscar a Montevideo y la retornaron a la República Argentina en lancha, desde el puerto de Carmelo, habiéndole dado muerte en el vecino país”. Pero en este caso las fuentes militares son interesadas. Según el mismo punto se trata de aquellos “a los que se implica como involucrados en el operativo”. El inciso 4 afirma que “el secuestro de esta joven, sin relación alguna con el Uruguay, no tiene explicación lógica y sólo pudo obedecer al propósito de sustraerle su bebé”. Luego de ello, “se dio muerte a la detenida”. Uno de los firmantes de esos anexos es Carlos Ramela Regules. Ramela sabe entonces “que no se trata de una versión de Gelman, es una versión confirmada por fuentes militares; esto está firmado por él de su puño y letra”, dijo Gelman. “Y él mismo señala que la otra versión proviene de fuentes implicadas como involucradas en el operativo. Es obvio que los involucrados no van a declarar contra sí mismos”.
Ramela es el mismo funcionario que hace dos años declaró al diario El País que la Comisión no había verificado la existencia de asesinatos deliberados de prisioneros. “Los desaparecidos fueron torturados hasta morir, pero no hubo ejecuciones sumarias y tampoco hubo vuelos de la muerte”. Ante la conmoción que causaron esas palabras explicó que sólo se refería a la mitad de los 28 casos investigados y que sobre el resto no habían llegado a conclusiones indudables. El caso de María Claudia sería uno de ellos. Pero las investigaciones de la propia Comisión refutan esa hipótesis.
13 o 14
Durante años, Sanguinetti negó que María Claudia hubiera sido llevada al Uruguay y hubiera dado a luz a una niña. Pero la persistente investigación de Gelman y La Madrid, y la paralela del equipo de periodistas conducido por Mazzarovich, del diario La República, tornaron insostenible la posición del mandatario y concluyeron con la ubicación de María Macarena. Al asumir la presidencia, Battle intentó diferenciarse de Sanguinetti y capitalizar en su favor el hallazgo de Macarena, del que supo poco antes por un amigo militar. El flamante presidente aprovechó así el descubrimiento de Gelman, dejando correr la idea de que él había encontrado a la piba. “Cuando nosotros llegamos a Montevideo, a fines de marzo de 2000, para encontrarnos por primera vez con mi nieta, nuestro propósito era hacerlo sin publicidad, porque imaginábamos el tipo de choque emotivo que podía tener la persona, de 23 años, al saber que su identidad no era la que había creído durante toda su vida. Pero el presidente Batlle insistió en hacer esto público. Conocí a mi nieta, le pregunté si estaba de acuerdo, me dijo que sí y por eso se produjo todo lo que se produjo”, contó Gelman. “Es un mérito indudable del presidente Batlle haber convalidado ese hallazgo, ese encuentro. De un modo implícito convalidó todo lo que mi investigación había mostrado, es decir que militares uruguayos trasladaron como un envase a mi nuera, embarazada de ocho meses y medio, de Buenos Aires a Montevideo, esperaron el nacimiento de la beba y dos meses después se la arrebataron, asesinándola efectivamente en Uruguay”, agregó.
En la única entrevista que tuvieron, Battle le preguntó a Gelman en qué podía ayudarlo. “Haga lo necesario para recuperar los restos de mi nuera”, respondió el poeta. Battle encomendó entonces a Ramela y al jefe de la Casa Militar de la Presidencia, general Ricardo González, que investigaran el destino final de María Claudia. También designó como intermediario para el intercambio de información con Gelman en las investigaciones restantes a Gonzalo Fernández, el brillante penalista uruguayo que era abogado de Gelman. En agosto de 2000 Battle creó la Comisión para la Paz. Presidida por el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotuño, incluyó representantes de diversos sectores. Ramela representó al propio Battle y el letrado de Gelman al candidato presidencial por el Frente Amplio, Tabaré Vásquez.
Según la investigación periodística de Mazzarovich, María Claudia había sido sepultada en terrenos del Batallón 13 de Montevideo. El propio Battle interrogó a notorios represores sobre el tema. El lunes 5 de junio de 2000, Battle le comunicó a Gelman por medio de Gonzalo Fernández que se había reunido con algunos militares que actuaron durante la represión. El presidente llegó a la conclusión de que María Claudia no había sido enterrada en el Regimiento 13, donde había torretas desde las cuales aun de noche hubiera podido observarse la operación, sino en el Regimiento 14. Dijo que el pozo fue cavado por oficiales del Ejército uruguayo. Battle le comunicó a Gonzalo Fernández, y éste a su cliente, que quien asesinó a María Claudia luego del parto fue el policía Ricardo Medina, a quien mencionó como ahijado del comisario Tauriño. El presidente agregó que conocía en forma precisa la ubicación de los restos y que ordenaría que se los entregaran en un ataúd, para realizar los estudios del caso.
“Sabemos todo”
En el mismo mes de junio de 2000, Battle recibió al senador Rafael Michelini, el político oriental que más ha insistido en el esclarecimiento y castigo de los crímenes de las dictaduras del Río de la Plata. Su padre, el ex legislador colorado Zelmar Michelini, fue secuestrado y asesinado en Buenos Aires en mayo de 1976. En causas judiciales instruidas en Uruguay y la Argentina, Rafael Michelini narró esa audiencia de una hora y media con Batlle. “El tema fundamental fue el de los derechos humanos y la conformación de una Comisión para la Paz. La reunión, en el Edificio Libertad, sede del Poder Ejecutivo, fue de carácter institucional entre el Presidente de la República y quien habla, senador de la República”. Cuando llegaron al caso de la nuera de Gelman, Battle dijo:
–De María Claudia sabemos absolutamente todo.
–¿Todo? –preguntó Michelini.
–Todo, incluso quién la mató.
Michelini agregó en sus testimonios judiciales que Battle nombró “al policía Medina como autor del hecho, haciendo la salvedad de que no sabía cuál era el lugar exacto donde estaban los restos, aunque precisó que se trataba de cuestión de tiempo para saber el lugar exacto, ya que ahora se sabía sólo el área aproximada”.
Al mes siguiente, en julio de 2000, un informante militar del diario La República dijo que en el Batallón 13 de Infantería había tres pozos. La información provenía de un ex jefe de ese batallón, coronel (R) Rudier Csiocsia. “Uno [de los pozos] es el de la nuera de Gelman y hay otros dos que no sé de quiénes son. Salvo quienes los enterraron nadie sabe exactamente la ubicación, aunque todos dicen que es cerca del arroyo, dijo Csiocsia en una reunión con otros militares retirados, inquietos por los avances de la investigación. En ese encuentro, se sindicó como el informante del presidente Battle a un coronel retirado. Csiocsia agregó un detalle impresionante acerca del modo en que fue sepultada María Claudia y los otros dos asesinados: “En barriles de metal de 200 litros y cubiertos con un mortero de material arriba”. El dato es significativo. Un informe de la Subprefectura de San Fernando descubierto en 1989 describió cómo una caravana de cuatro vehículos se detuvo poco después de la medianoche del 13 de octubre de 1976 sobre el puente ferroviario que atraviesa el canal San Fernando y desde la caja de un camión arrojaron “bultos contundentes”. Con las primeras luces del día, la Prefectura rastreó el canal, hasta que dio con ocho tambores de doscientos litros, herméticamente cerrados. En uno de ellos estaba, hormigonado, el cuerpo de Marcelo Gelman. Murió a consecuencia de un disparo a quemarropa, cerca de la nuca, dice el peritaje.
Contacto directo
Un año y dos meses después de la audiencia de Battle con Michelini, el 3 de agosto 2001, el semanario Brecha de Montevideo reveló otros detalles de la conversación del presidente con el Senador. Battle dijo que era escéptico en cuanto a la posibilidad de identificar a los autores de las desapariciones de ciudadanos uruguayos. Por ello, tampoco haría pública la pormenorizada información que ya había obtenido acerca del asesinato y entierro clandestino de María Claudia. “No le puedo dar a un argentino lo que les niego a los uruguayos”, dijo. Ramela dijo que esa publicación buscaba “embarrar la cancha”, pero Michelini no la desmintió, como pretendía el gobierno. Luego de la audiencia de Gelman con Kirchner y del reportaje del poeta en la radio “El Espectador”, Ramela admitió que no se trataba de “la versión de Gelman” ni de “suposiciones”, como había dicho, pero ofreció una curiosa valoración de las fuentes militares consultadas por la Comisión.
La versión del regreso a la Argentina y el asesinato en Buenos Aires “proviene de fuentes más vinculadas”, de “quienes pueden haber tenido un contacto más directo con la cosa”. La de la ejecución en Uruguay, en cambio “proviene de personas que no tuvieron vinculación directa y que hablan en función de deducciones, supuestos o interpretaciones”, dijo el asesor presidencial a la prensa uruguaya. La respuesta de Gelman es demoledora: “¿Quiere decir el doctor Ramela, que el presidente Battle se basó en deducciones, supuestos o interpretaciones, cuando me comunicó a través de Gonzalo Fernández que Ricardo Medina había asesinado a mi nuera y entregado a mi nieta al comisario Tauriño o cuando le dijo al Senador Michelini que de María Claudia sabemos absolutamente todo, incluso quién la mató?”.
Lo único que Gelman no pudo contestar a la prensa uruguaya, porque no lo sabe, es qué pasos dará el gobierno argentino para llevar adelante lo que el presidente Kirchner definió como una cuestión de Estado. Fuentes del gobierno argentino que merecen fe dijeron que entre las medidas en consideración no se contempla la ruptura de relaciones diplomáticas.