viernes, 30 de junio de 2017

San Marcial Limoges

San Marcial Limoges

Todo lo que en realidad se sabe acerca de san Marcial es que fue obispo de Limoges y que es objeto de veneración desde tiempos muy remotos, como apóstol de la región de Limousin y fundador de la sede que ocupó. Es muy probable que haya vivido hacia el año 250. De acuerdo con la tradición que data del siglo VI y fue registrada por san Gregorio de Tours, era uno de los siete misioneros enviados desde Roma a las Galias, poco antes del 250. San Gaitán fue a Tours, san Trófimo a Arles, san Pablo a Narbona, san Marcial a Limoges, san Dionisio a París, san Saturnino a Toulouse y san Austremonio a la Auvernia. Cada uno evangelizó el distrito que había elegido y fue el primer obispo de la sede. En las más antiguas letanías de Limoges aparece el nombre de san Marcial como el de un confesor, pero al cabo de cierto tiempo, los monjes de la abadía local de san Marcial (que conserva las reliquias del santo), iniciaron una campaña para que se le honrase como apóstol. Ya para entonces, su leyenda se había desarrollado bastante y se le tomaba, no sólo como el apóstol de la Aquitania, sino como a uno de los que conocieron a Jesucristo, tal vez el chiquillo que llevaba el cesto de panes cuando la multiplicación de los mismos, o bien alguno de los setenta y dos discípulos. La cuestión de su título se consideró de tanta importancia, que fue tema de discusión en varios sínodos. En el siglo XI, el culto a san Marcial recibió impulso como consecuencia de la reconstrucción de la abadía dedicada a su nombre, la traslación de sus restos a un santuario edificado en la propia abadía y la propagación de narraciones fantásticas que recopilaban las diversas leyendas y las ampliaban y, sin embargo, pretendían ser las «actas» auténticas del santo obispo, tal como las había escrito su sucesor en la sede de Limoges, Aureliano.

Que esta fábula extravagante, llena de anacronismos e improbabilidades, se haya tenido por cosa cierta en épocas de credulidad absoluta, no es cosa de extrañar; pero sí sorprende que, hasta hoy, se la tenga por cierta en algunos lugares: se nos dice que Marcial fue convertido al cristianismo a la edad de quince años por las predicaciones de Nuestro Señor; fue bautizado por su pariente san Pedro; estuvo presente en la resurrección de Lázaro; atendió a Jesús en la Última Cena y recibió al Espíritu Santo con los otros discípulos, en Pentecostés. San Pedro, a quien acompañó primero a Antioquía y luego a Roma, lo mandó a predicar el Evangelio en las Galias. En nombre de san Pedro, resucitó a su compañero, Austricliniano, quien había muerto en el viaje. Al llegar a Tulle, curó a la hija de la familia que le había dado hospedaje, al lanzar fuera un mal espíritu que la poseía, y resucitó al hijo del gobernador romano, que había sido estrangulado por un demonio. Estos milagros produjeron la conversión de 3.600 personas. Los sacerdotes paganos que se atrevían a atacarle, quedaban inmediatamente castigados con la ceguera, hasta que las plegarias del santo les devolvían la vista. Otros, que llegaron a golpearle y a encerrarle en la prisión de Limoges, quedaron fulminados por un rayo, pero Marcial les devolvió la vida a ruegos de los ciudadanos. Uno de los sacerdotes que resucitó, era Aureliano, el supuesto autor de estas «actas». Los bautismos en masa siguieron a estos prodigios. Entre los penitentes de san Marcial estaba una noble dama llamada Valeria. Esta anunció su decisión de consagrar su virginidad a Nuestro Señor y fue degollada por los esbirros enviados por el duque Esteban, que era su prometido. Después del asesinato, la doncella recogió su cabeza y la transportó hasta la iglesia donde se hallaba san Marcial. El propio duque Esteban se convirtió e hizo una peregrinación a Roma, donde encontró a san Pedro ocupado en instruir a las gentes en un sitio llamado el Vaticano. El duque informó a san Pedro sobre las actividades de san Marcial y los progresos de las misiones en las Galias. El año cuarenta después de la Resurrección -el 74 de nuestra era-, san Marcial tuvo una visión en que se le anunció su muerte y, quince días más tarde, lanzó el último aliento, rodeado por sus fieles.

Se ha declarado que el papa Juan XIX autorizó que se diera el título de «apóstol» a san Marcial, pero en 1854, la Congregación de Ritos se negó a ratificar esa denominación y decidió que, en la misa, en las letanías y los oficios se venerase a san Marcial como obispo y confesor. Sin embargo, en el mismo año, el obispo de Limoges reiteró la solicitud del título al Papa Pío IX y obtuvo una respuesta favorable, para que, en la diócesis, san Marcial fuese honrado con los usos y precedencias de un apóstol.

Hay tres relatos antiguos sobre la vida de san Marcial. El primero, con una brevísima biografía y una larga lista de sus milagros, se encuentra en el «De Gloria Confessorum» (cap. XXVII y cf. Hist. Francorum, i, 28) de san Gregorio de Tours. Ahí se establece el arribo de san Marcial, por el año 250. La segunda es más extensa y, posiblemente pertenece al siglo IX. En ella se dice que el santo fue enviado a Limoges por san Pedro, pero sus trabajos de misionero, coronados por un éxito instantáneo y acompañados de grandes maravillas, se limitan a la diócesis de Limoges. El mejor de los textos de esta biografía, fue el que editó C. F. Bellet, en su libro L'ancienne vie de St. Martial et la prose rythmée (1897). La tercera biografía, la más fantástica, pretende haber sido escrita por san Aureliano, el sucesor de Marcial, pero que tiene mucho de la Historia Apostólica, un documento apócrifo que fue impreso, bajo el nombre de Abdias. Ahí se presenta a san Marcial predicando en todo el sur de Francia, con el apoyo del duque Esteban. Hay razones para pensar que semejante historia fue fabricada por Adhemar de Chabannes, con el objeto de aumentar la gloria de la Abadía de San Marcial, donde había sido educado. Parece que fue Adhemar quien falsificó la bula del Papa Juan XIX, para autorizar el culto a san Marcial como a uno de los auténticos apóstoles; también se sospecha de él en la falsificación de otros documentos semejantes. El asunto fue debidamente investigado por Louis Saltet, en el Bulletin de Littératare ecclésiastique (Toulouse, 1925), pp. 181-186 y 279-302; 1926: pp. 117-139 y 145-160; 1931, pp. 149-165. Ver a Duchesne en Anuales da Midi, vol. iv (1892), pp. 289-339; y su Pastes Episcopaux, vol. n, pp. 104-117; y finalmente, un extenso artículo de Leclercq en «Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie», vol. IX, cl. 1063-1167, complementado con una amplísima bibliografía.
De acuerdo con una biografía de Saturnino (el primer obispo de Tolosa) —a quien el célebre Gregorio de Tours (538-594) cita en su Historia Francorum (historia de los francos)— Marcial fue el primer obispo de Limoges (sur de Francia).

Las menciones más antiguas de san Marcial datan del principio de la Edad Media. Sidonio Apolinar (siglo V), obispo de Clermont-Ferrand, afirma que Augustóritum nombró a Marcial como obispo.

Durante los consulados del emperador Decio y de Grato (250-251), fueron nombrados obispos a siete clérigos y enviados desde Roma a Galia para cristianizar a los galos:

    Gatien a Tours
    Trófimo a Arlés
    Pablo a Narbona
    Saturnino a Tolosa
    Denis a París
    Austromonio a Clermont
    Marcial a Limoges.

Probablemente fue el presbítero Fabián —quien fungió como papa cristiano entre el 236 y el 250— quien los envió. Cuando los obispos llegaron a Francia, el papa había sufrido el martirio en Roma (20 de enero del 250)

Marcial fue enterrado en las afueras de la aldea romana, en un pequeño cementerio de la via Agrippa —que se había construido sobre la ruta europea de peregrinación hacia Santiago de Compostela (en Galicia). Su tumba se convirtió gradualmente en un sitio de paraje de los peregrinos compostelanos. En el siglo IX, varios monjes que vivían allí para dar abrigo a los peregrinos y colectar fondos, encontraron patronazgo en la orden benedictina.
El lugar donde fue enterrado el santo se convirtió en la abadía benedictina de San Marcial, que poseyó una importante biblioteca privada (sólo superada por la de la abadía de Cluný y un scriptorium (sitio de copistas de textos religiosos). En esta biblioteca se educó y trabajó el cronista Geoffroy du Breuil (siglo XII), quien sería abad de Vigeois (1170-1184).

En la abadía se formó un grupo de compositores, que en la actualidad se considera que forman la Escuela de San Marcial de Limoges. Se la conoce por la composición de tropos, secuencias, y un órganum primitivo (método de acompañamiento exclusivamente vocal). A este respecto fue una importante precursora de la Escuela de Notre Dame.

La abadía de San Marcial —una de las grandes iglesias de peregrinación del cristianismo occidental— sufrió tantas malversaciones, que en el siglo XIX sólo quedaban los deteriorados manuscritos de su biblioteca. El rey Luis XV compró la mayoría de estos textos, los llevó a París, y los usó para crear la Biblioteca Nacional.

Se desconoce en la actualidad hasta qué punto estos manuscritos reflejan las composiciones medievales de la abadía de San Marcial en particular, o si eran recopilaciones de trabajos de distintos lugares del sur de Francia. No se conoce el nombre de ningún compositor de esta escuela.

Entre 1966 y 1970 se efectuaron excavaciones cerca del emplazamiento de la antigua abadía de Saint Martial. Se descubrieron varias tumbas, junto con un mosaico del Alto Imperio (que indica la importancia de los personajes enterrados). Se cree que se trata de la tumba del obispo. Doce capiteles esculpidos romanescos se descubrieron bajo los cimientos de un establo, y el Museo del Obispado de Limoges los compró en 1994.
Desde el siglo X, el flujo de peregrinos a la abadía donde se encontraban los restos del histórico obispo Marcial, alentaron la creación de una elaborada hagiografía (biografía sagrada). Habría llegado a Francia acompañado de su discípulo, san Amador. Fue encarcelado y torturado, pero sobrevivió. Durante más de treinta años ejerció su cargo de obispo.

Más tarde Marcial fue movido en el tiempo: no habría sido enviado a Galia por el papa Fabián sino por el propio san Pedro (el primer papa del cristianismo), y había evangelizado él solo no sólo la aldea de Limoges sino toda la Aquitania. Realizó muchos milagros, entre los cuales el más importante había sido la resurrección de un muerto, tocándolo con una varita que le había dado san Pedro.

La mitología alcanzó su punto cúlmen con la Vida de san Marcial (siglo XI) de Ademar de Chabannes. Se la atribuyó a un tal «obispo Aureliano», supuesto sucesor de san Marcial, que había sido testigo de la presencia del santo en la Última Cena y en la crucifixión de Cristo, y había sido uno de los apóstoles originales. Ademar le hizo hebreo de nacimiento, y pariente cercano de san Esteban.

En La leyenda dorada (compendio de creencias folclóricas del siglo XIII), se dice que san Marcial realizaba muchos milagros, como la destrucción de ejércitos antirromanos, la resurrección de los muertos y conversiones y bautismos en masa.

En 1854, monseñor Buissas (obispo de Limoges) le solicitó al papa Pío IX que le otorgara a san Marcial los honores de discípulo directo de Jesucristo, pero el papa se negó. En los años 1920, se descubrió la falsedad de la red de documentos inventados por Ademar (que incluían una antigua carta papal y un imaginario concilio en Francia). Sin embargo, aún hoy la leyenda de san Marcial continúa viva en los círculos católicos más conservadores.
Es venerado en muchos sitios de España, sobre todo en Cataluña, donde muchos creen que es un santo español. Además es el patrono de la isla de Lanzarote y el compatrono de la diócesis de Canarias.

Monte Caseros - CORRIENTES

CORRIENTES Monte Caseros para descubrir

Con los brazos abiertos

Junto con la uruguaya Bella Unión y la brasileña Barra do Quaraí, forma un triángulo fronterizo donde confluyen acentos y costumbres litoraleños. Famosa por la pesca y el Carnaval, al arte que aparece entre las casas bajas se le suma como sello distintivo la amabilidad de su gente.


José Luis dice con orgullo que Monte Caseros es la triple frontera más austral de América, allí donde los habitantes hablan con una mezcla de acentos que deriva, en ocasiones, en un idioma “bastante portuñol”. Otra vecina, Adriana, lo define como un lugar de calma, una zona balnearia de río caudaloso  y playas anchas, tanto como sus calles, “que parecen avenidas”. Emilia, en cambio, prefiere hablar de la amabilidad de su gente, acostumbrada de generación en generación a sacar las reposeras a la vereda y conversar a puertas abiertas con el visitante de turno entre mates dulces, bizcochos caseros y chipás calentitos. Esa misma gente que, también, es capaz de prepararse todo el año para los carnavales que paralizan la región, esperando el estrépito del verano.
A la vera del río Uruguay, el mismo que con sus crecidas está afectando en estos días las zonas ribereñas de la ciudad (aunque al cierre de esta nota se esperaban menos lluvias y un descenso de las aguas), Monte Caseros es la puerta de entrada al sur de la provincia de Corrientes, un pueblo de más de 30 mil habitantes que, entre septiembre y marzo, se convierte en un paraje turístico para los amantes de la ribera, de la pesca deportiva y para los que buscan una flora y una fauna natural. Todo bajo un sol imponente que marca el ritmo de siestas y noches largas que suelen terminar, para los románticos, en la vista del amanecer en el río.
Entre las opciones para recorrer la vasta geografía del Litoral argentino, esta comarca meridional fundada en 1829 se erige, a la vez, como un espacio cultural con dos localidades hermanas a una lancha de distancia: Bella Unión, en Uruguay, y Barra do Quaraí, en Brasil. Los visitantes suelen embarcarse con un guía hasta este punto tripartito, navegar por el río Uruguay hasta su confluencia con el río Miriñay, y encontrarse con uno de los tres monolitos construidos en 1901, que afirman simbólicamente la unión de la triple frontera. Pero no es lo único que encuentran: los turistas aprovechan los free shops donde existen tiendas libres de impuestos por ser zona de aduana.
“Monte Caseros es famosa por el carnaval, con una tradición de cincuenta años. Acá se vive como si fuera una fiesta de pueblo, donde los barrios compiten con su propia comparsa, que a su vez están conectadas con clubes sociales y deportivos. Todo el año se preparan las carrozas, los vestidos, los bailes, las remeras y los instrumentos”, dice Cacho, un vecino que vive cerca del Corsódromo, un predio con capacidad para 20 mil personas, con hileras de tribunas que esperan la llegada de los visitantes mientras se usan para otros eventos como desfiles y competencias deportivas. Durante enero y febrero, el pueblo vive una suerte de celebración perpetua, con los seis hoteles en su máxima capacidad y la costanera en un esplendor que no se apacigua con las altas temperaturas.
La principal competencia se da entre las comparsas Orfeo y Carun Berá, que, según el relato de los lugareños, parece un Boca-River de la región. Hay familias, en efecto, que no se dirigen la palabra en los meses de fiesta por estar del otro lado de la contienda.  “Carnaval artesanal”, le llaman algunos por la delicada fineza de los trajes, y otros, no sin cierta jactancia, dicen que Monte Caseros es la “Capital del Carnaval del Arte”, diferenciándose de los carnavales más “comerciales”. Por la cercanía con Brasil y Uruguay, en las comparsas desfilan escuelas de samba y suena una fusión de batucadas y candombes.
“No es que aquí no se escuchen chamamés o chamarritas, pero la conexión directa con países limítrofes compone una cultura que así como tiene de guaraní, también de brasileño y uruguayo en las costumbres como la ropa, la música y la comida. Es algo rara la identidad, como que todo lo que nos rodea es parte nuestro. Es posible que tengamos más relación con alguien del otro lado del río que con un correntino que vive en el centro o en la capital de la provincia”, explica Emilse, de la Casa del Bicentenario, una de las 200 casas de ese tipo en el país. Fue inaugurada en 2012, construida con maderas que habían sido ruinas del ferrocarril y una puerta histórica que pertenecía al Banco Nación.
Allí, en el moderno auditorio, se organizan ciclos de cine, muestras de fotografía y pintura y funciones de teatro. “La labor comunitaria es clave y por eso estamos armando espectáculos para juntar donaciones a los inundados que hubo recientemente por el desborde del río”, apunta Emilse.

TRADICIÓN FERROVIARIA La historia de Monte Caseros parece marcada por la sombra del ferrocarril. Creado en 1875 por el entonces presidente Nicolás Avellaneda, se constituyó como la primera estación de trenes de la provincia. Luego fue un punto ineludible en la ruta comercial hacia el norte del país hasta que el menemismo lo cerró en los ’90. La vieja estación se convirtió en un Museo Histórico Nacional y dentro de las instalaciones se exponen objetos y documentos de los primeros habitantes de la zona. Pero más importante aún, y en una lucha cultural contra el olvido, los casereños se apropiaron del espacio, el mismo que otrora fue testigo de visitas ilustres como la de Atahualpa Yupanqui.
Entre bibliotecas y centro de archivo, recitales y obras de teatro, la vieja estación respira un aire renovado, donde los jóvenes coparon una oficina para armar la redacción del periódico Tu Voz, una experiencia propia que acaba de cumplir dos años con historias locales contadas con las palabras de los chicos. No están solos: los vecinos también se han organizado creando la Fundación Centro Cultural del Este, entre otras asociaciones.

ARTE EN LA CALLE En una recorrida por el pueblo de casas bajas y calles anchas, a lo largo de un nutrido centro comercial con ofertas de ropa, y entre casinos, árboles centenarios y motos que superan en cantidad a los autos, se observa una marca cultural que deja su huella en esculturas, murales y pintadas. Artistas locales como Matías Astarloa y Claudia Gil trabajan con chatarras y material reciclado para pelear contra el paso del tiempo y dar testimonio de la historia de la población, que profesa un culto por lo pagano –altares del Gauchito Gil –tanto como por lo religioso –santuarios de las vírgenes católicas–.
Frente a la vieja estación del ferrocarril, en efecto, hay un mural que cuenta la tradición de la ciudad y sus lugareños, en imágenes realizadas con la participación del escultor mexicano Ariosto Otero. “El cierre de la estación no sólo significó que dejara de pasar el tren, sino el cierre de los talleres donde trabajaba todo el pueblo. Fue un golpe durísimo, pero la gente se ha levantado. Sin embargo hay todavía predios que están abandonados”, dice José Luis, para quien Monte Caseros aún es “territorio virgen para el turismo”.
Así lo explica: “Tenemos la ventaja de estar en la costa del río Uruguay, con bancos de arena aún poco explorados. Estamos a 30 kilómetros de la ruta, lo cual nos preserva del movimiento. Es zona de puerto y de aguas termales y el Parque Acuático Termal está en proyecto de ampliar sus instalaciones. También está la oferta gastronómica, con chefs que volvieron de Europa con conceptos nuevos de shows y comida. El desafío es tratar de que la gente venga y se quede un tiempo, que no vea a Monte Caseros como un lugar de paso”.
Además de los carnavales de febrero, en esta región austral se realizan circuitos de mountain bike, una variada oferta de turismo rural, la preclasificación al Festival de Doma y Folklore de Jesús María, un serpentario y fincas con crías de faisanes y pacús, concursos de pesca deportiva de dorados, surubíes y bogas, y alquileres de lanchas en el Club de Pesca. Emplazada en la costanera, la vieja toma de agua -una especie de torre cilíndrica compuesta de piedras- se constituye como la centinela del pueblo.
Cerca de localidades litoraleñas como Federación, Chajarí y Curuzú Cuatiá, Monte Caseros concentra relatos de habitantes nativos como los yaros, los minuanes y los charrúas.  Tras la conquista española, dejó su estampa la cultura jesuita no sin desterrar la épica de los bandeirantes, como llamaban a los “piratas de tierra” provenientes de Brasil. “Con la llegada de inmigrantes europeos se conformó una rica diversidad cultural hasta hoy que se representa en las casas de la Sociedad Italiana y la Alianza Francesa. Y lo novedoso es que sin estar lejos del punto internacional de Paso de los Libres, ahora se aprobó la realización de un puente de dos columnas con Monte Caseros como cabecera de la triple frontera, con un acceso nuevo y una oportunidad económica por ser centro de aduana y administración”, se entusiasma José Luis.
Para Adriana, la posibilidad de un lugar de silencio y tranquilidad, “donde realmente se puede descansar sin sufrir robos y a la tarde nadar o andar en lancha por los paisajes del río tomando los jugos naturales de naranja, pomelo o mandarina de la zona” sigue siendo la atracción principal para cientos de visitantes. Por algo, dice la vecina, a Monte Caseros se la llama “la ciudad de los brazos abiertos”.

Tom Gauld

Tom Gauld

El futuro ya se fue

Aunque de niño nunca quiso ser astronauta, el escocés Tom Gauld confiesa tener nostalgia por el futuro tal como se lo imaginaba hace no tanto tiempo, con autos voladores y viajes espaciales cotidianos. Dueño de un humor impasible y melancólico, colaborador habitual tanto del diario The Guardian como de la revista New Scientist, en su recién editada Un policía en la Luna (Salamandra) cuenta la historia del último habitante de una colonia lunar fracasada, junto a un psicólogo robot y una máquina automática de café.

 En el mundo según Tom Gauld, la princesa Leia le pide a Luke Skywalker que la ayude a destruir el malvado imperio galáctico, pero él responde que hará algo mejor: lo dejará en ridículo escribiendo una novela satírica. Romeo y Julieta se salvan gracias a una cuenta de Skype. Y un viajero del tiempo construye una máquina para sacarse selfies con un hombre de las cavernas. En la era de la post verdad y del mundo visto a través de pantallas portátiles cada vez más pequeñas, al dibujante Tom Gauld parece obsesionarle otro tipo de espacio temporal. Uno en el que las ciencias intentaban dar sentido a lo incomprensible del mundo y la tecnología era un evento que, con asombro y optimismo, empezaba a asomarse en lo cotidiano. Esa época no tan lejana en la que se pensaba en un futuro metalizado: en tostadoras parlantes, autos voladores y patinetas a propulsión. “Aunque no se si de niño yo quería ser astronauta, en realidad solo quería dibujar”, reflexiona Gauld, al teléfono desde su estudio en Londres. “Crecí a principio de los ochenta y me gustaba mucho la ciencia ficción, en ese momento los libros tenían una mezcla muy curiosa de hechos científicos reales y de fantasía. Creo que, hasta ese entonces, aun se sentía en el aire una idea diferente del mundo. De que algún día, cuando fuesemos adultos, sería lo más normal pasar unas vacaciones en la Luna”, confiesa el autor. Ahora, recién empinado en la cuarta década, su forma de vacacionar en el espacio es sujeto a la fuerza de gravedad más poderosa: la que ejerce su escritorio de dibujo. El mismo que está ubicado en un estudio londinense que comparte con casi veinte personas, aunque a él no le moleste en absoluto, asegura, son todos dibujantes tan silenciosos como él. 
Se dice que las personas calladas tienen las mentes más estridentes, y así lo corrobora este autor que se pasó la infancia dibujando robots espaciales en un pueblito al norte de Escocia y que, como entusiasta de la literatura y curioso de las ciencias exactas, se ha construido a si mismo uno de los nombres más interesantes y reconocidos de las artes gráficas actuales. Tanto a través de sus divertidísimas y eruditas tiras semanales sobre literatura, política y arte, que se publican hace más de una década en el diario británico The Guardian, como en sus incursiones en el humor para amantes de la ciencia en la revista New Scientist. O a través de sus apariciones en The New York Times y de sus flamantes dibujos de tapa para The New Yorker. Conocido ya por burlarse –con malicia pero también con verdadero amor de fan– no solo de los escritores y de su oficio (y los científicos y el suyo), sino de las acaloradas batallas entre las ciencias y la religión, o entre la vanguardia y el costumbrismo literario. Y también, por sus escenarios predilectos y tan poco comunes en las tiras que a menudo publican los periódicos: los históricos, los bíblicos o las distopías futuristas. Pero lo que quizás más sorprenda a sus lectores es que en la era donde el cinismo acapara más likes, este autor extraño responde con una gran humanidad. Personajes pequeños que habitan universos distópicos. Melancólicas historias de ciencia ficción donde, en vez de rayos láser, hay astronautas depresivos. Y una encantadora fe curiosa y esperanzada en las ciencias, que a uno lo hace preguntarse si este autor no vive en una burbuja de látex atascada en el entresiglo. “Me doy cuenta que las historias que me interesa contar siempre tratan sobre temas ordinarios, más sensibles y humanos que de ciencia ficción” dice Gauld. Y agrega con un refrescante entusiasmo infantil “Pero lo que pasa es que me gusta demasiado dibujar batallas bíblicas y expediciones espaciales”.
   Nominada a tres categorías del premio Eisner, su segunda novela gráfica acaba de ser publicada en español por Salamandra Graphics. Al igual que un pueblo perdido que comienza a vaciarse al quedar fuera del recorrido de un tren o una autopista, Un policía en la Luna cuenta la historia del último de los habitantes de una colonia lunar fallida que empieza a ser evacuada. Gauld recuerda que tuvo esta idea rondando por bastante tiempo antes de decidirse a realizarla. Fue después de que, scrolleando en internet, casualmente encontrara a la venta un pequeño set de juguetes de hojalata de los años sesenta. Entre ellos, un deslumbrante y retro autito lunar envuelto en una burbuja protectora y comandado por un pequeño robot tan brillante como el vehículo. En esa patrulla espacial, reconoció toda la efervescencia y el optimismo de las primeras expediciones norteamericanas al espacio, antes de que el sinónimo de tecnología fuese establecer cuántos segundos puede durar un video en snapchat y antes de pensar si quiera, que por cuarenta años y contando, nadie volvería a pisar la Luna otra vez. La extraña melancolía de esa imagen, la de un hombrecito inspeccionando en soledad los misterios del espacio, inspiraron al protagonista de esta novela: un taciturno policía que soñó con vivir en la Luna y que ahora observa el fracaso, o más bien el desinterés, por lo que alguna vez fue la épica de la carrera espacial. “El hecho de que el juguete aun existiese, ahora que vivimos en el futuro pero que no vivimos en la Luna, que la tecnología no ha resuelto todos nuestros problemas y que tampoco esperamos que lo haga, me hizo pensar en esta historia sobre una colonia lunar que fue posible pero que ahora es abandonada. Intenté imaginar cómo hablar de este sentimiento generalizado que algunos tenemos, un extraño tipo de nostalgia acerca de que el futuro nunca llegó”. Por eso, un psicólogo robótico, un perrito lunar o una máquina de café parlante, son algunos de los compañeros del protagonista, ciertamente más mundanos que espaciales. Y, confiesa el autor, no le molesta engañar un poco a los lectores que convencidos por el título del libro, lo abren en busca de las explosiones de la ciencia ficción, y en cambio encuentran una máquinas de donas fuera de servicio y una serie de personajes deprimidos. Increíbles y divertidos personajes tan alargados y nerds como su autor, y tan inexpresivos a la usanza de la comedia deadpan como Buster Keaton en versión espacial. “Con suerte, espero que mis protagonistas sean extraños. Oscuros y esperanzados” dice Gauld. “Si intento hacer algo demasiado serio simplemente fracaso y si Un policía en la Luna no tuviese sentido del humor sería un bajón para todos” se ríe. Por eso la novela, es una mezcla de melancolía por el futuro y algo de esperanza en el presente que –en pleno ocaso de la fe ciega en las ciencias– enuncia que si ya no hay dios ni tecnología para salvarnos, quizás las relaciones humanas podrían. 
   Apostando por la economía de sus dibujos, sin pretensión pero tremendamente efectivos, Gauld logró condensar un estilo propio que cultivó desde que estudiaba artes en el Royal College of Arts. De sus primeros ídolos, recogió la callada sensibilidad humana de Daniel Clowes y el poder sincrético de Chris Ware. El humor de Kurt Vonnegut y el espíritu inquietante de Stanley Kubrick. Y junto a su amiga Simone Lia, fundó el sello editorial independiente Cabanon Press, famoso por su divertida serie de “cómics muy pequeños”: El monstruo peludo, El robot gigante o Robots, Monstruos, etc son algunos de los primeros títulos del autor, solo por si quedaba alguna duda sobre sus intereses primordiales. Eso fue antes de publicar en algunos de los periódicos más poderosos del mundo, en los que con la simpleza de sus trazos y lo ambicioso de sus ideas, Gauld se ha hecho famoso por su insistencia en ignorar la barrera que supuestamente opone la complejidad de las ciencias o la alta cultura, para sublimarlas en el lenguaje de la cultura popular. Donde Coetzee y Kanye West pueden compartir la misma tira, así como Charles Dickens y un robot gigante espacial. O donde el mismísimo Dios puede leer El espejismo de Dios de Richard Dawkins. Gauld confiesa que odiaría dibujar una calle del Londres contemporáneo, y que en este momento se encuentra trabajando en una novela gráfica ubicada en el Medioevo. De eso, aun no puede revelar demasiado, pero sí adelantar sobre su nueva colección de tiras que estará en librerías en octubre y que ha bautizado Baking with Kafka (Horneando con Kafka). Una compilación que le sigue a Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora, el premiado libro que reúne una primera tanda de trabajos publicados en The Guardian y que también fue editado en español por Salamandra. “Aunque siempre me gustó dibujar, recién en la universidad me di cuenta que podía usar esas imágenes para contar historias. Desde entonces he dedicado mi carrera a intentar dominar ese difícil arte. Aunque con el tiempo lo he encontrado disfrutable, puede ser realmente una tortura”, se impacienta. En el libro, no se hacen esperar las cavilaciones sobre el mismo oficio de la escritura. Hemingway con resaca, Virginia Woolf enojada con las adaptaciones al cine (¡Las escenas de baile y los finales felices están prohibidos!), o los divertidos consejos para escritores neófitos. “Tengo un montón de esos problemas, creo que por eso nace la broma, porque yo me siento así siempre que leo a alguien hablando sobre la escritura”, cuenta Gauld. Muchas de esas tiras hablan sobre su propia experiencia como artista y también como lector, sobre la pereza, charlar sobre libros que uno no ha leído o distraerse con robots parlantes. Y por supuesto, sobre la serie de portazos que le dieran las editoriales antes del despegue de su carrera: “¡Lo que pasa es que le tienen envidia a mi mochila voladora!”, les grita un escritor de ciencia ficción flotante a unos súper exitosos escritores de literatura formal, en la tira que da nombre a su libro. Toda una declaración de principios de este autor sensible y extraño que entró a la novela gráfica por la puerta ancha: subvirtiendo un texto de la mismísima Biblia. Uno bastante impensable, donde reinventaba el mito de David y Goliat desde el punto de vista del malvado gigante, acá convertido en apacible y bonachón. “Creo que si Un policía en la Luna trata de tomar algunos clichés de la ciencia ficción y darle un giro, Goliat intenta hacerlo con la historia bíblica. Me gusta la idea de que la mayoría de la gente ya conoce muy bien este relato desde el punto de vista de David y esperan un final más positivo. Pero bueno, no se los doy”, se ríe Gauld. Pero aclara, un poco más luminoso, sobre su obra: “Si bien me interesa la soledad y cierto pesimismo de la vida moderna, creo que es importante que en cada historia haya tanto de depresión como de esperanza”. 

"Huellas" - Varios Autores

Huellas, un libro imprescindible sobre los años de la dictadura

“Con esto quisimos llegar al corazón de los que ignoran”

Eugenia y Manuel Azurmendi, Esteban Lorenzano, Martín Elías, Felipe Fernández Moreira, Paula Silva Testa y María Giuffra hablan del modo en que reconstruyeron sus memorias para dar su propio legado “en un contexto en el que pretenden cambiar la historia”.


Voces y trazos de nuestra memoria, indica el subtítulo de Huellas, el flamante libro de Editorial El Zócalo. Esa primera persona del plural abarca a los autores, hijos de desaparecidos cuyas voces reconstruyen recuerdos de infancia, recorridos de vida, apuestas a futuro. Pero acierta además en plantar un nosotros colectivo que da sentido a la obra. “Son historias en nombre propio que proponemos compartir en un contexto en el que pretenden cambiar la historia”, explican los autores, y la definición resulta justa. Así, Eugenia Azurmendi, Esteban Lorenzano, Martín Elías, Felipe Fernández Moreira, Paula Silva Testa, María Giuffra desde las ilustraciones y Manuel Azurmendi desde un trabajo editorial también colectivo, trazan Huellas con voz propia, hacia una memoria social. El libro se presenta el próximo miércoles a las 18.30 en el Museo del Libro y de la Lengua (Av. Las Heras 2555), con la coordinación de la periodista Nora Veiras y en el marco del Programa de Derechos Humanos de la Biblioteca Nacional. 
La primera característica que salta a la vista en la hechura de este libro, ya antes de sumergirse de lleno en las historias, es su belleza estética y su cuidado editorial. Y es que el impulso inicial lo dio justamente la ilustradora, a partir de uno de los relatos y de su trabajo previo, y pronto se sumó El Zócalo. “Cuando me junté por primera vez con Manuel a contarle mi necesidad de ilustrar el relato de Esteban, él coincidió inmediatamente en la necesidad casi urgente de sacar este libro. ‘Ahora más que nunca’, dijimos. Y nos pusimos todos a trabajar”, recuerda Giuffra en diálogo con PáginaI12. Allí surgió una idea potente: “Un libro en donde se relatan historias de niños, y que además es ilustrado, se convierte en un objeto–tesoro. Un tesoro que es a la vez testimonio, documento de una época, contada por quienes sólo fueron partícipes protagonistas sin siquiera saberlo”, observa la ilustradora. “Quisimos llegar con nuestra historia al corazón de los que ignoran y que sea como un puñal, parecido a lo que vivimos nosotros”, concluye.
Pronto apareció la idea de Huellas como guía del trabajo: “Y fue tan fuerte desde un principio que nos fuimos dando cuenta de que, por un lado, eran las huellas que nos dejaron, pero por el otro lado era la huella que tenemos que dejar nosotros, la más importante, en definitiva. Esta huella la construimos como un compromiso que asumimos con nuestra historia”, advierten los autores. Para la Cooperativa El Zócalo, un emprendimiento gráfico autogestivo que se sostiene desde 2001, la incursión en el mundo editorial termina de cerrar toda una idea de trabajo, “porque como decimos al comienzo del libro, ‘se torna urgente decir’”, explica Manuel Azurmendi. “Si la cooperativa de trabajo y la autogestión como herramientas nos permiten recuperar y crear empresas inclusivas, los emprendimientos editoriales autogestivos nos permiten recuperar nuestras voces, las voces de los oprimidos. Quienes escriben estas historias en primera persona desnudan sus sentimientos y a través de ellos sienten y hablan miles. Las ilustraciones de María nos devuelven en imágenes esos sentimientos. Es tal la ausencia que la imagen, el dibujo, tanto como el recuerdo oral y escrito, se tornan imprescindibles”, explica sobre la elección editorial. 
Una vez trazado el rumbo, decidir qué contar no fue una tarea sencilla. “La historia es larga y no queríamos que fuera una biografía o una sucesión de datos. Como algunos datos importantes quedaban afuera, surgió la idea de que a los textos los acompañasen pequeñas biografías de cada uno. Y la editorial encontró una manera bellísima de hacerlo, que fue proponerles a personas muy cercanas a nosotros que las redactaran transmitiendo esos lazos afectivos que nos sostuvieron o nos sostienen. Finalmente, todo el libro combate la soledad y el desamparo que pueden ser sentimientos que nos atravesaron, desde la propia propuesta”, suma Eugenia Azurmendi. 
–¿Qué quisieron poner en primer plano sobre sus historias?
Eugenia Azurmendi: –Elegí poner de relieve el camino que fui haciendo durante mi vida para salir del silencio que se impuso sobre ella durante años. Un silencio que justamente fue instalado como un mecanismo más del accionar represivo. En mi relato trato de transmitir cómo fui tejiendo la trama de lo que hoy puedo contar sobre mi historia, a partir de lo que otros me contaron, de los vínculos de amor que pude ir construyendo, de la militancia con otros hijos y el hacernos cargo de nuestra historia desde la acción. Quise también compartir algo de ese amor y de la apuesta por el futuro que tenía esa generación de la cual formaron parte mis padres. 
Felipe Fernández Moreira: –Hay un par de núcleos que me interesaba trabajar especialmente. Por un lado, lo que es para mí el aspecto más complejo de la desaparición: la imposibilidad de un duelo, y la pregunta sobre en qué momento los familiares y seres queridos dejamos de esperar que esas personas retornen con vida. También quise poner en perspectiva de valor la tarea de mis abuelos en mi cuidado y crianza. Cómo fui viendo ese rol que tuvieron y relacionándome con ellos en el correr de los años.
Martín Elías: –Yo partí de mis recuerdos, pero más que en recuerdos y datos históricos, me basé en mis sentimientos. Eso es lo que quise plasmar. Traté de trasmitir los cambios de sentimientos que fueron surgiendo con los años. La bronca y enojo hacia mis padres, luego la indiferencia evadiendo lo sucedido, más tarde una profunda tristeza y crisis para llegar al día de hoy, tratando de resignificar su paso por este mundo. Y agradeciendo que me han regalado lo más importante que tengo: la vida.
Esteban Lorenzano: –Yo siempre tuve la misma idea sobre los desaparecidos en general y mi vieja en particular, y es que sustraer el factor político de su historia constituye una mutilación inaceptable. Ellos murieron bajo un ideal, luchando hasta las últimas consecuencias. Siempre vi una tensión constante entre una recuperación política y una a–política. Y entendí que bajo la consigna de “humanizar” a los desaparecidos, en realidad se los mutilaba, se les recortaba un pedazo fundamental de su historia dejándolos despojados de sentido. Los desaparecidos fueron desaparecidos por su lucha, y su lucha vale. Y vale la pena rescatarla. Eso es lo que quise poner en primer plano, en este texto y siempre.
–En el caso de las ilustraciones, cuentan sin palabras. ¿Pero cuánto de su historia aparece implícitamente reflejado en los relatos?
María Giuffra: –¡Yo diría que mi historia aparece explícitamente! Si bien cada vida tiene su experiencia particular, me siento totalmente reflejada en los sentimientos que mis compañeros relatan. Algunos hechos pueden haber sido parecidos, pero no es eso lo que me impacta, sino que casi todos pasamos por muchas etapas internas con respecto a la militancia de nuestros padres y a nuestra historia. Vamos y venimos, pasamos por tristezas, soledades infinitas, broncas, dolores completamente incomprendidos, hasta que nos conocimos entre nosotros. Por otro lado, el plan sistemático de la dictadura hace que muchas de las escenas se repitan: la puerta que se tira abajo es un recuerdo que muchos de nosotros tenemos, los gritos, incluso que maten a tus padres delante de vos... yo no lo viví personalmente, pero escuché infinidad de veces esta escena por parte de muchísimos compañeros. Son escenas del plan sistemático de exterminio que se repiten como escenas de vida.
–El último relato está estructurado como una carta a una hija, ¿por qué?
Paula Silva Testa: –Pensé este relato básicamente sobre mi infancia, cómo la viví y cómo la sentí. Cuando era chiquita no entendía que era diferente a otras infancias, eso lo fui registrando con el correr de los años, y justamente eso es lo que quise reflejar. Hoy soy mamá y veo en mi hija a la generación que nos sigue, a la que va a continuar con la memoria, la verdad y la justicia. Por eso pensé en una carta a mi hija Francisca, donde le cuento cómo viví cuando era chiquita aquellos tiempos revueltos, y que pese a todo, lo que siempre primó para mis viejos y para mí, fue el amor. Contar mi historia es hablar, de alguna manera, de cosas que nos pasaron a muchos. Creo que es un relato necesario, por compromiso y por amor. Y creo además que en los tiempos que corren, debemos retomarlos. 
–Para la escritura acudieron sólo a sus recuerdos, o sumaron algún trabajo de reconstrucción?
E. A.: –¡Abrí todos los cajones! Volví a leer las cartas que mi mamá le escribió a mi papá, los legajos en los que se describe el operativo del secuestro, volví a mirar fotos... Y además traté de reencontrarme con esos sentimientos de la infancia. Así me fui conectando con todo lo que me fue pasando a lo largo de tantos años, que ya son bastantes.  Fue un trabajo muy intenso, pero hermoso a la vez. 
F. F. M.: –En mi caso recurrí básicamente a mi subjetividad, lo que plasmé en el texto está mucho más inspirado en mi proceso interno que en un análisis histórico. Es en esencia el reflejo una mirada personal que fue cambiando con los años, a medida que fui pasando de no saber prácticamente nada, a ir sabiendo un poco más. Es un proceso de indagar en la historia que no está para nada cerrado, al que me puedo acercar muy lentamente, porque conmueve mi presente de forma muy intensa. Es más: a raíz de todo lo que viene sucediendo con este libro, siento que se abren mil preguntas más, mil puntas para seguir buscando respuestas.
–¿Qué quisieran que el lector encuentre en este libro, o qué les gustaría que se genere con la lectura de este libro?
M. G.: –Conciencia. Porque no es un libro de relatos periodísticos sobre los niños huérfanos de la dictadura: son historias contadas en primera persona. Entonces, quiero por un lado llegar a quienes ignoran o juzgan nuestra historia sin conocerla. Y por otro lado plantar huella, decir que es importante hacerse cargo de la propia historia y contarla, no silenciarla, no dejar que la cuente otro en tu lugar, tomar la palabra.
F. F. M.: –Me gustaría que el que abra este libro encuentre historias humanas, de carne y hueso, que logremos llegar a los lectores generando algún grado de empatía. Si bien en un sentido estricto estas vivencias son sólo aprehensibles por los que vivimos algo así, me gustaría invitar a sentir y reflexionar sobre la complejidad que se imprime en la vida de los afectados por la desaparición forzada. Lo que implica no saber cómo, ni cuándo, ni dónde terminó la vida de nuestros padres; lo complejo y doloroso que fue a su vez para nuestros abuelos perder a sus hijos en estas circunstancias y al mismo tiempo tener que mantenerse de pie para criar a sus nietos.
M. G.: –Y siempre está presente la esperanza de que este libro llegue a manos de los que aún hoy no saben que son nuestros hermanos. Ellos son la prueba de que la dictadura y su plan sistemático aún está vigente, ¿quién puede decir que la dictadura es pasado? Son cientos de personas que aún no saben quiénes son de verdad. Por eso es tan importante seguir hablando, seguir contando, seguir creando.

Con la preocupación en la producción

Primera recorrida de campaña de Cristina Kirchner junto a Jorge Taiana en el conurbano

Con la preocupación en la producción

La ex presidenta visitó una cooperativa de trabajo en San Martín. Le explicaron la baja en la actividad debido a las políticas de ajuste y por la suba en las tarifas.


Sin aviso previo, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner realizó ayer su primer acto de campaña visitando una cooperativa de trabajo en la localidad de San Martín junto a su compañero de fórmula Jorge Taiana. Allí renovó sus críticas al gobierno de Mauricio Macri y en particular a sus políticas económicas y habló con los responsables de la firma, que le relataron las dificultades que comenzaron a sufrir en el último año y medio, haciendo énfasis en la suba desproporcional de las tarifas de los servicios públicos.
Fernández de Kirchner y Taiana visitaron la cooperativa Cuero Flex, integrada por 72 trabajadores y dedicada al cuero reconstituido. Los precandidatos al Senado de la Nación por la provincia de Buenos Aires recorrieron las instalaciones y dialogaron con los trabajadores. “Cuero Flex pagaba 50.000 pesos de luz y ahora 500.000. Pagaba 18.000 pesos de gas y ahora 170.000 por medidor. Así no se puede seguir”, escribió luego la ex mandataria en su cuenta de Twitter.
“La producción de Cuero Flex cayó un 30 por ciento a raíz de la caída de consumo interno”, por lo que la cooperativa “no puede aumentar el sueldo a sus trabajadores”, agregó la ex mandataria. Por su parte, el ex canciller Taiana utilizó la misma red social para advertir que “este modelo económico neoliberal” que promueve el gobierno “castiga a la industria y en especial a la Pymes, y favorece la especulación financiera”.
Cuero Flex fue “otra de las víctimas del tarifazo”, denunciaron los candidatos de Unidad Ciudadana. En la recorrida, CFK y Taiana estuvieron acompañados por el concejal del Frente para la Victoria Hernán Letcher, que encabeza la lista en ese distrito, gobernado por Gabriel Katopodis, uno de los jefes comunales peronistas que apoyan a Florencio Randazzo en la campaña electoral. 
La estrategia de campaña de Fernández de Kirchner hasta las primarias del 13 de agosto consistirá en este tipo de apariciones en empresas, comercios, barrios y organizaciones que fueron golpeadas por las políticas económicas de Cambiemos junto a lo que ella llama “los protagonistas”: trabajadores, estudiantes, jubilados, docentes y sindicalistas. En estas recorridas estará acompañada de Taiana y de los intendentes locales en aquellos distritos que Unidad Ciudadana sea oficialismo y de los principales referentes en los municipios donde son oposición.
Todavía no está previsto que haga otro acto masivo, formato que será escaso en esta campaña, y que cuando suceda seguirá con las premisas que se marcaron la semana pasada en el estadio de Arsenal: sin banderas políticas ni mensajes partidarios y apuntando a mostrar unidad y un sólo adversario: el gobierno que encabeza Mauricio Macri. “La gran figura destacada es Cristina. Los demás, acompañamos”, describió la estrategia un jefe comunal muy cercano a CFK.

La vuelta a las razzias policiales

Los abusos de la policía son cada vez más frecuentes en la provincia de Buenos Aires

La vuelta a las razzias policiales

La Comisión Provincial de la Memoria y la APDH denunciaron prácticas violatorias de la intimidad y de los derechos a la libre circulación y a la presunción de inocencia por parte de la Policía Bonaerense. Reclamos a la gobernadora María Eugenia Vidal.


Volvés del trabajo, de la escuela o de la facultad, y un operativo de la policía local o bonaerense para el colectivo. Sin orden judicial, te hace descender, te piden documentos, revisan tus pertenencias, te ponen con las palmas sobre el micro para cachearte y terminás detenido en la comisaría por averiguación de antecedentes. Esas prácticas violatorias de la intimidad y de los derechos a la libre de circulación y a la presunción de inocencia volvieron a los barrios del conurbano de la mano de la Policía Bonaerense, al mando del ministro de Seguridad, Cristian Ritondo. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) las denunciaron como inconstitucionales, mientras que los colectivos de profesionales CIAJ y AJUS presentaron un hábeas corpus colectivo exigiendo al gobierno de María Eugenia Vidal “el cese de las conductas amenazantes y lesivas de la libertad”. “Se trata de una respuesta improvisada para satisfacer un reclamo social de seguridad, mientras tanto corren cada vez más los umbrales de tolerancia al autoritarismo, lo que deteriora el sistema democrático sin resolver la prevención del delito”, denunció Roberto Cipriano, secretario de la CPM.
El último fin de semana la APDH registró un operativo en Quilmes, en las paradas de las líneas 263 y 281. El pasajero que no tenía DNI no volvía a subir y quedaba demorado. No fue la primera denuncia. Hubo actuaciones arbitrarias del mismo tipo en La Plata, Berisso y Ensenada, en al menos once puntos rotativos y en distintos horarios. Las denuncias las hicieron pasajeros de micros de las empresas Plaza y de la línea 275.  
“Es una práctica hecha de muchas prácticas: retenes, armas largas, cacheos, requisas, detenciones por averiguación de antecedentes”, describió uno de los integrantes del CIAJ (Colectivo de Investigación y Acción Jurídica), Esteban Rodríguez Alzueta, en diálogo con PáginaI12, y aseguró que la grave novedad de los últimos operativos son las razzias, o sea, los operativos sin orden judicial que terminan con demoras en las comisarías. Sin embargo, advirtió que “desde comienzos de 2016” se intensificaron las “bajadas de bondi”, sin que terminen en detención, pero con el combo de “provocaciones, insultos, destrato y maltrato de la policía, siempre sobre la misma población: los jóvenes de los barrios periféricos”.  
Los operativos –similares a los denominados Control Poblacional, que implementa el Ministerio de Seguridad nacional, con fuerzas no policiales desde la gestión de Sergio Berni y con mayor intensidad desde la llegada de Patricia Bullrich- son protagonizados en los municipios por los agentes de la Policía Local, que al avasallamiento de los derechos y garantías de los pasajeros suman un agravante: “Es personal con muy poca capacitación, que responde con violencia, no explican el por qué de las requisas y amenazan con llevar detenido a quien consulta”, subrayó Cipriano a este diario.  
El secretario de la CPM emparentó la radicalización de los operativos con el reclamo de los choferes de colectivos y recordó que fue el propio Ritondo quien anticipó las razzias. Tras la denuncia del APDH, la Comisión requirió información al Ministerio de Seguridad provincial, pero “jamás aportan estadísticas, datos; no pueden precisar cuántos delitos se cometieron arriba de los micros, en qué lugares, en qué momento. Se debate sobre percepciones y no a partir de datos rigurosos, porque no es parte de una política pública sino manotazos para demostrar una actitud activa. Todo el accionar es improvisado y efectista”, denunció Cipriano. “Creer que se va a reducir el delito callejero por pedir documento a una persona que viaja en colectivo no tiene sentido”, subrayó Rodríguez Alzueta.

CIAJ

Por eso, ante “el resurgimiento de las razzias, promovidas por el propio ministro de Seguridad” que “hacen revivir páginas oscuras de nuestra historia reciente”, el CIAJ y AJUS (Abogados por la Justicia Social) presentaron un hábeas corpus colectivo que recayó en el Juzgado de Garantías 2 de La Plata, a cargo del juez Jorge Moya Panisello.
Los colectivos advirtieron que “bajo el argumento de la seguridad, violan y cercenan múltiples derechos constitucionales y convencionales”, y resaltaron que “dichos procedimiento son realizados sin que exista ninguna sospecha de la comisión de un delito” para exigir “el cese de las conductas amenazantes y lesivas de la libertad” al gobierno provincial y a las intendencias, donde se registraron las denuncias. Además de dejar asentado el reclamo ante Subsecretaría de Derechos Humanos, que depende de la Suprema Corte provincial.   
“La saturación territorial de efectivos, móviles, cámaras, retenes y razzias amplía los márgenes de arbitrariedad para la acción policial en el territorio, lo que la consolida como una fuerza ingobernable que violenta los derechos de los ciudadanos”, alertaron desde el CPM.

Una deuda pendiente de la Iglesia Católica

Ochenta y cinco organizaciones pidieron al obispo castrense que abriera los archivos sobre el terrorismo de Estado

Una deuda pendiente de la Iglesia Católica

En una carta entregada a Santiago Olivera, que asume hoy, le reclamaron un pronunciamiento acerca del rol de la institución durante la última dictadura. “Entre 1975 y 1982 al menos 102 sacerdotes ejercieron su trabajo pastoral en unidades militares”, señalaron.


Hoy inicia formalmente sus funciones el nuevo obispo castrense Santiago Olivera. Y por ese motivo un grupo de 85 organizaciones, entre ellas muchas dedicadas a la defensa de los derechos humanos, le presentaron una carta en la que sostienen que “asume un obispado con una deuda histórica pendiente: admitir la responsabilidad institucional que tuvo en el surgimiento, sostén y reproducción del terrorismo de Estado en Argentina (1975-1983)”.
En el documento se le reclama al obispo Olivera que, al comenzar su nueva tarea, resuelva de manera inmediata la “apertura y puesta a disposición para las causas judiciales y los organismos de derechos humanos, de los archivos del Obispado Castrense, tanto de la curia como de las distintas capellanías” y que, junto a otras medidas, realice un “pronunciamiento público acerca del rol cumplido por la institución durante la última dictadura cívico-militar”.
Los firmantes, entre los que se incluyen también un número importante de personalidades vinculadas a los temas religiosos, señalan que “pasadas ya cuatro décadas, resulta una provocación que la Conferencia Episcopal Argentina continúe ‘reflexionando’ y escuchando testimonios de ‘víctimas de la guerrilla y víctimas del terrorismo de Estado’ acerca de ‘los acontecimientos ocurridos durante la última dictadura militar’, como si desconociese lo sucedido o se hubiese mantenido al margen”.
El documento, entregado ayer al propio obispo Olivera, lleva la firma, entre otros, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Fundación Servicio Paz y Justicia, de Miembros de la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, de varias delegaciones de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, de asociaciones de ex presos políticos,  de la Asociación de Docentes de la Universidad de La Plata (Adulp), de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) de la provincia de Buenos Aires, Cristianos para el Tercer Milenio, CTA Autónoma de la provincia de Buenos Aires, Curas en la Opción por los Pobres, de distintas delegaciones de H.I.J.O.S., de la Junta de la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos, a los que se suman numerosas adhesiones individuales de personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, la investigadora Nora Barrancos, sacerdotes, militantes políticos, religiosos y laicos católicos y protestantes de diferentes profesiones.
Le dicen los firmantes al obispo Olivera que “la jerarquía católica que Ud. integra, continúa eludiendo su responsabilidad en el genocidio”. Porque, señalan, “en sus discursos y escritos, jamás ha hecho mención alguna de la actuación del obispado castrense, al mismo tiempo que esquivó exitosamente el proceso de verdad y justicia reabierto en la década pasada”.
En relación a ello se sostiene que la dictadura cívico militar tuvo, necesariamente, un componente eclesiástico-religioso. “Hace tiempo que los organismos de derechos humanos y un sector importante de la sociedad, venimos sosteniendo que la dictadura que ocupó el poder entre 1976 y 1983 fue cívico-militar y también eclesiástica. Su componente religioso fue tan necesario como el represivo, el político y el económico”, dice la carta. Porque “la profundidad y la extensión temporal que alcanzó, no se hubieran logrado sin la legitimación que la doctrina católica brindó al gobierno militar y a la violencia desplegada”, se subraya.
Y al respecto argumentan los firmantes de la carta a Olivera que “dicha legitimación reposó en el discurso público de los obispos, en el silencio aquiescente del Episcopado y centralmente en el trabajo que por décadas realizó el Vicariato Castrense al interior de las Fuerzas Armadas”. Porque “a través de esta institución situada simultáneamente sobre las estructuras eclesiástica y estatal, la Iglesia se convirtió en un engranaje fundamental de la maquinaria represiva”.
Parte de la prueba aportada se apoya en los diarios personales del fallecido obispo Victorio Bonamín, provicario castrense entre 1960 y 1982, que contienen anotaciones diarias del religioso en los años 1975, 1976 y 1982 respecto de los acontecimientos políticos y militares de la época, del funcionamiento de las capellanías militares a su cargo e incluso apreciaciones sobre la metodología represiva de entonces y de gestiones hechas por parte de familiares de presos políticos (ver facsimil).
De acuerdo a la información incluida en la nota, durante el período 1975-1983 pasaron por el vicariato castrense más de 400 capellanes y los generales que comandaron las cinco zonas militares en que se dividió el plan de exterminio fueron asistidos cada uno por dos capellanes en el período más feroz de la represión. “Al menos 102 sacerdotes ejercieron su trabajo pastoral en unidades militares donde funcionaron centros clandestinos de detención” se denuncia en la carta.
Respecto del tipo de trabajo que realizaban los capellanes militares se dice que estos sacerdotes “gozaban de una posición de estima al interior de cada una unidad militar”, con influencia incluso sobre los jefes de las unidades y que “en esas condiciones, ejercieron una forma de poder espiritual que favoreció sobre la conducta de los militares un resultado tan efectivo como la propia disciplina castrense”.
En sustento de que las torturas también contaron con el respaldo de los religiosos, se cita un apunte del diario de Bonamín, donde el obispo reseña el contenido de un diálogo que sostuvo con el arzobispo Adolfo Tortolo, entonces vicario castrense y presidente de la Conferencia Episcopal. “Problemas de Tucumán, respecto a torturas y prisioneros (otro argumento: Si, según Sto. Tomás, es lícita la pena de muerte…, la tortura es menos que la muerte…). Nuestros Capellanes necesitan aunar criterios”, escribió Bonamín el 1 de julio de 1976 en su diario personal.
En otro párrafo de la carta entregada ayer a Olivera se advierte que a pesar del avance de los juicios por delitos de lesa humanidad, en cuyo desarrollo han surgido evidencias de la participación de los capellanes militares, “el Poder Judicial todavía no ha puesto la mira en las responsabilidades de la Iglesia Católica respecto del terrorismo de Estado” y un solo sacerdote, Christian Von Wernich, ha sido condenado.
Refiriéndose de manera directa a Olivera los firmantes recuerdan que el nuevo obispo castrense “se ha expresado públicamente en los términos de una remozada ‘teoría de los dos demonios’, idea que conlleva una falsa lectura del pasado, que es funcional a la impunidad penal de los perpetradores del genocidio, y que se ha ido superando con el tiempo y el esfuerzo pedagógico de sobrevivientes, organismos de derechos humanos, intelectuales, docentes y referentes políticos” lo cual constituye, junto a otras manifestaciones del religioso, “señales de una perniciosa continuidad con el pasado”. Entre los reclamos de acción inmediata se pide también que los capellanes que aún viven “digan lo que saben sobre los cuerpos de los desaparecidos y sobre los nietos nacidos en cautiverio a los que aún falta restituir su verdadera identidad”.

El diario del fallecido obispo Victorio Bonamín en el que habla de una reunión con el vicario castrense Emilio Grasselli “por el problema que nos crean los que acuden a él por presos políticos”.

jueves, 29 de junio de 2017

Santa Emma de Gurk

Santa Emma de Gurk

En Gurk, en el territorio de Carintia, santa Emma, condesa, que vivió cuarenta años como viuda y dio muchas limosnas a los pobres y a la Iglesia. 
patronazgo: patrona de los niños; protectora de los ojos, dolores de cabeza, demencia, epilepsia y enfermedades en general.
 La pequeña ciudad austríaca de Gurk, en la Carintia, que dio un título arzobispal, tuvo su origen en un doble monasterio y una iglesia fundados por Emma o Hemma, a mediados del siglo once. Por parte de su madre, Emma estaba emparentada con el emperador san Enrique, en cuya corte se educó bajo la tutela de santa Cunegunda. Más tarde, se casó con Guillermo, el landgrave de Friesach, y la unión fue muy feliz. La pareja tuvo dos hijos, Guillermo y Hartwig; cuando crecieron, el landgrave los puso a cargo de la administración de las minas que eran base de su fortuna. Los mineros eran hombres rudos, violentos y pendencieros, y los jóvenes hermanos se veían en dificultades para gobernarlos, a no ser que recurriesen a castigos muy severos. Cierta vez en que el conde Guillermo mandó que fuese ahorcado un minero, los compañeros del ajusticiado se rebelaron y, en un motín tumultuoso, asesinaron a los dos hermanos. La trágica noticia llegó al castillo y, mientras Emma se abandonaba a su profundo dolor, el landgrave enfurecido lanzó improperios a diestra y siniestra y juró que mataría a todos los rebeldes con sus mujeres y sus hijos. Sin embargo, los consejos de sus amigos le calmaron y desistió de su venganza.
 Emma recurrió al auxilio de Dios con sus fervientes plegarias y logró que su marido perdonase a todos los rebeldes, a excepción de los dos que habían cometido los asesinatos. Entonces, el landgrave emprendió una peregrinación a Roma, por consejo de Emma; pero en el camino de regreso contrajo una enfermedad y murió, a corta distancia de su castillo. Ya sin esposo y sin hijos, la desventurada Emma entregó sus bienes y el resto de su vida al servicio de Dios y del prójimo. A más de prodigar las limosnas entre los pobres, fundó varias casas religiosas, de las cuales, la principal fue el monasterio antes mencionado. Se hallaba en los terrenos que eran propiedad de la viuda del landgrave, y el castillo de Gurkhofen formaba parte del edificio de la comunidad. En los dos establecimientos, separados por completo, se hicieron las instalaciones necesarias para acomodar a veinte monjes y setenta monjas. Las dos comunidades se turnaban para la laus perennis (es decir, el canto del oficio día y noche, sin interrupción). Se dice que la propia santa Emma recibió el velo en Gurk. Murió alrededor del año 1045 y fue sepultada en la iglesia de Gurk.
 No obstante que se sabe a ciencia cierta que fundó el monasterio de Gurk, la vida de santa Emma podría haber sido diferente a como se relata en la narración tradicional, que hemos reseñado: podría haber sido ella la que pertenecía a la familia Friesach y, al quedar viuda del conde Guillermo de Sanngau, en 1015, conservar junto a sí a su hijo. Veinte años después, éste habría sido muerto en el campo de batalla, y entonces Emma inició sus obras de caridad y sus beneficios a la religión.
 Emma de Gurk (algunas veces escrito Hemma ou Gemma) - (nació hacia el año 980 - murió hacia el año 1045 ; fechas inciertas) es una santa viuda, fundadora de varios monasterios en Austria.
 Emma era parte de una familia noble de Austria, emparentada con Enrique II del Sacro Imperio Romano Germánico. Portaba el título de condesa de Friesach-Zeltschach desde su nacimiento y había sido presentada a la corte imperial de Bamberg por santa Cunegunda.

Emma contrae nupcias con el conde Wilhelm de Sanngau con el cual tuvo 2 hijos: Hartwig y Wilhelm. Utilizaba su fortuna para hacer frecuentes limosnas a los pobres y era tan buena y benevolente hacia todos ellos, que ya era considerada como una santa en vida. Además, hizo construir una decena de iglesias.

El mismo día, pierde a su esposo y a sus hijos, quienes fueron asesinados. Después de eso, en 1043, funda un monasterio benedictino en Gürk, en Carinthie, donde ella se retira hasta el final de sus días.

Desde 1174, Emma está enterrada en la cripta de la catedral de Gurk. Antonio Corradini, artista italiano, esculpió un bajorrelieve en mármol sobre su tumba, representando el momento de su muerte.

Es gracias a ella que también pudo erigirse la abadía para hombres de Admont, en 1074.
 Pocos años después de su muerte, al momento de abrir su tumba, se descubrió su cuerpo reducido a polvo, a la excepción de su mano derecha, la que había dado tan generosamente limosna a los pobres.
 Santa Emma no es solamente venerada en Austria, sino también en Eslovenia. Durante más de 300 años, los fieles han ido en peregrinación a su tumba, en la catedral de Gurk, aumentando en el cuarto domingo de Pascua. En el siglo XX, estas peregrinaciones se vieron interrumpidas por razones políticas, las cuales actualmente se han retomado desde hace poco.
 Beatificada el 21 de noviembre de 1287 por el Papa Honorio IV.
Canonizada 800 años después el 5 de enero de 1938 por el Papa Pio XII  
Emma es representada vestida con regios vestidos de noble dama, llevando en sus manos una maqueta de iglesia, o vistiendo un hábito de religiosa con una rosa, o en el momento de distribuir limosnas a los pobres.
 Nació sobre 983, en la noble familia condal Friesach-Zeltschach, parientes de San Enrique Emperador (13 de julio), en cuya corte creció, llamando la atención por su caridad, prudencia y piedad. De su infancia se cuentan leyendas como que por el olfato podía saber donde estaban celebrando misa y si ya había sido consagrada la Hostia. En 1010 se casó con el piadoso conde Guillermo de Sann, y tuvieron dos hijos, Guillermo y Hartwig. Ambos esposos eran piadosos y amantes de la caridad con los pobres. Construyeron y embellecieron varias iglesias, fundando canonjías y hospitales en algunas de ellas.
Sus hijos estaban a cargo de unas minas de plata y hierro que la familia tenía, pero no eran buenos administradores, y sus malas acciones provocaron una revuelta de los siervos, que asesinaron a ambos jóvenes. Por contrición de aquel pecado hacia sus hijos y por los pecados de sus hijos, Emma emprendió una peregrinación a Roma. En 1036 su marido también fue asesinado por orden del conde Adalbero de Eppenstein, por meras razones políticas. Sin embargo, una leyenda surgió diciendo que había sido asesinado a la vuelta de dicha peregrinación romana. Guillermo había pedido refugio a un agricultor, que, viendo sus ropas ajadas por el viaje, le mandó a dormir al establo. Esa misma noche el conde murió por agotamiento, y por la mañana el agricultor y un guarda de bosques hallaron el cuerpo, revisaron las ropas y vieron su sello. Avisaron a Emma, y esta, como no habían elegido aún donde situar el panteón familiar, subió el cuerpo a un carro tirado por bueyes y donde estos se detuvieron por tercera vez, allí fue sepultado. En 1043 Emma mandó hacer una bellísima capilla sobre el sitio de la tumba plantando tres árboles, como recuerdo a su marido y sus hijos. La tradición quiere que los árboles que allí hay son los mismos que plantó la santa.
Ya viuda y sin hijos a los que dar herencia, Emma se consagró enteramente a la caridad. Todas sus posesiones las donó al obispado de Salzburg, que construyó varios monasterios y hospicios con la inmensa fortuna. Fundó una hermosa abadía benedictina en Gurk, que fue consagrada en 1043. Una leyenda cuenta que mientras se construía la iglesia, algunos trabajadores se quejaron de que no se les daba un salario justo. Entonces Emma puso ante ellos una bolsa de oro, de la que cada cual podía tomar lo que considerara correcto, según el trabajo realizado. Pero he aquí que a aquellos que tomaban más de lo que les correspondía, le desaparecían las monedas de las manos, y aquellos que tomaban menos, las monedas les aumentaban ante sus ojos. En esta abadía entró Emma como religiosa el mismo día de la consagración. Allí se venera una piedra en la que la tradición local dice que Emma se sentó antes de abandonar el mundo. Es costumbre que las mujeres embarazadas se sienten allí para pedir protección para sus hijos, e igualmente se sienta a los niños pequeños pidiendo la intercesión de la santa.
Emma subió al cielo el 29 de junio de 1045, a solo dos años de su vida monástica. En 1174 sus reliquias fueron trasladadas a la catedral de Gurk. En 1228 se comenzó a anotar los milagros que ocurrían por su intercesión junto a sus veneradas reliquias. En 1287 se le beatificó formalmente. La canonización no llegó hasta 1938, luego de siglos de trámites y parálisis del proceso, por diversas causas, accidentales (en 1469 se suspendieron todos los procesos por la peste en Roma) o políticas (en 1724 fracasó por las fricciones entre Roma y Austria) En 1938 se firmó el decreto de canonización, pero la ceremonia no se llevó a cabo por la anexión de Austria a la Alemania nazi. En 1940 se hizo efectiva. Aún así, su culto continuaba en Gurk, promovido por los redentoristas desde el siglo XIX, ellos lograron la canonización y mantienen viva la devoción. Además de lo mencionado antes, se le invoca para obtener la fertilidad, pasando por la cripta, debajo de su sepultura y besando un anillo que pende de las reliquias. También se le invoca contra los males oculares.

Anish Kapoor

Anish Kapoor

Otra tierra

Nacido en Bombay, Anish Kapoor vive y trabaja en Londres y desde ahí revolucionó la escultura con sus exploraciones sobre la materia y el vacío en piezas sugerentes, ambiciosas y poéticas que suelen usar materiales poco convencionales y son íconos urbanos. Ahora presenta Destierro en el Parque de la Memoria y en esta entrevista con Radar habla sobre su concepción del espacio público y por qué cree que el arte debe ser misterioso y evitar las explicaciones.


Elementos rituales. En ellos, entre otras cosas, pensó Anish Kapoor cuando decidió montar Destierro, su obra en el Parque de la Memoria con curaduría del brasileño Marcello Dantas. Destierro tiene que ver con lo ritual y con la imposibilidad de recuperar a ese otro que ya no está. Las obras forman un conjunto conceptual que problematiza la relación entre materia y percepción con dos elementos rituales fundamentales: la tierra y el pigmento color rojo rubí que alude a la sangre. “Este es un lugar potente: representa una tragedia inimaginable. La obra inevitablemente se entiende en este contexto. Es importante recordar que yo no perdí a nadie acá. Así que mi idea fue hacer una obra que no tuviera ninguna presunción sobre la experiencia de las víctimas”, dice Kapoor en la entrevista con Radar. Destierro es una yuxtaposición formal entre dos colores: la tierra roja y la máquina azul (color del cielo y del río). Para Kapoor no es necesario explicar su obra: cree que es imposible saber qué despertará en el espectador, qué reflexiones e inquietudes surgirán. “Si funciona formalmente, responderá todas las preguntas”, dice.  
Destierro incluye tres obras. La propia Destierro, en la sala Pays, es un site specific con 400 metros cúbicos de tierra y 27 kilos de pigmento rojo furioso Kapoor. Imagine es una obra que altera la percepción del color y la materia: sólo por momentos permite ver su color real. Anxiety, una instalación con sonido inaudible que se presentó sólo una vez antes en la galería Lisson de Londres, produce en el espectador sensación de ansiedad: sólo se puede permanecer en la sala hasta cinco minutos para evitar efectos contraproducentes. Se trata de un dispositivo de infrasonido que no se percibe auditivamente y que provoca sensación de extrañeza. “Durante la dictadura, todos vivieron algún nivel de ansiedad, unos más que otros. Yo quería que las jóvenes generaciones tuvieran una pequeña muestra de la fuerza y el dolor que experimentaron las víctimas que se recuerdan en el Parque”, dice Dantas. 

Como un foro en la era digital 

Lejos de cualquier divismo, Kapoor es un hombre que mira directo a los ojos y sonríe con calidez. Este artista que recreó la escultura con obras monumentales y deslumbrantes por sus formas y colores, tiene un ritmo de trabajo vertiginoso, apasionado. Kapoor, que vive y trabaja en Londres, es referente de la Nueva Escultura Británica junto a Tony Cragg y Richard Deacon. Emigró a Inglaterra en 1972 y estudió en el Hornsey College of Art. Dos años después de terminar sus estudios de arte, en 1980, tuvo su primera exposición. Realizó sus estudios de posgrado en la Chelsea School of Art en Londres. En 1990 representó a Inglaterra en la Bienal de Venecia y ganó el premio Turner. En 2003 fue condecorado con la Orden del Imperio Británico y en 2013 fue nombrado caballero en las Celebraciones del Cumpleaños de la Reina. En 2017 obtuvo el Genesis Prize.
Sus obras son íconos urbanos inolvidables: irrumpen en el espacio público y son capaces de desatar reacciones pasionales. Dirty corner, su imponente escultura de acero de 60 metros de largo y miles de toneladas en el jardín del Palacio de Versalles, generó debates encendidos. Cuando en una entrevista Kapoor dijo que para él la pieza era como la reina echada en la hierba, y el periodista lo interpretó como “la vagina de la reina”, suscitó acciones de vandalismo con mensajes antisemitas (Kapoor es judío-indio). Cansado de que removieran los grafitis sobre la escultura, Kapoor decidió dejarlos como símbolos de intolerancia. Tuvo que afrontar una situación inverosímil: un ministro de Versalles lo llevó a la corte aduciendo que el artista estaba exhibiendo material antisemita en público. 
La escultura Sky Mirror, que se instaló en el exterior del teatro en Wellington Circus, en Nottingham, Inglaterra, con su superficie de acero inoxidable inclinada, reflejó al cielo en la tierra. De 98 toneladas y forma singular, su icónica Cloud Gate en Millennium Park, hecha con placas de acero pulidas que forman una superficie espejada capaz de reflejar la ciudad, es una de las obras contemporáneas más visitadas del mundo. Leviathan, una escultura descomunal compuesta por gigantescas esferas de PVC de 120 metros de altura concebida para el Grand Palais, creó la ilusión de ser mayor que el espacio que la contiene. “Un monstruo marino es grande, amorfo, incontrolable y provoca emociones”, dijo Kapoor en alusión a Leviathan, la bestia bíblica. 
Las funciones simbólicas en el espacio público han cambiado, apunta Kapoor: “Ya no tenemos los modelos antiguos del Arco del Triunfo; ahora tenemos la tierra y el cielo”. Y agrega: “El espacio público es un foro realmente democrático. Como artistas tenemos que involucrar y hacer partícipes a todos. Generar participación democrática. ¿Cómo se puede hacer esto? La pregunta sería: ¿un objeto puede realmente lograr eso? Entonces, no debería tratarse de algo sólo para mirar: tiene que haber un involucramiento más profundo”. 
A Kapoor le preocupa profundamente la política: no es casual que haya elegido hacer esta instalación en el Parque de la Memoria. Y en el marco de la política mundial, le preocupa especialmente la situación de los refugiados. En 2015 lideró con el artista chino Ai Weiwei una marcha por el centro de Londres para pedir que la Unión Europea amplíe sus esfuerzos para recibir a miles de refugiados que huyen de los conflictos en Oriente Medio. Su amistad con Ai Wei Wei tiene larga data: lo apoyó mucho antes de conocerlo en persona. 
Los propios padres de Kapoor fueron refugiados. Debido al antisemitismo islámico, la familia de su madre emigró de Bagdad a Pune cuando era chica. Kapoor donará un millón de dólares del premio Génesis del gobierno israelí a una organización (posiblemente palestina) para ayudar a los refugiados. “Estuve en un campo de refugiados en Jordania. Es algo trágico. Te rompe el corazón. En este campo había 80 mil personas. Todos piensan que se irán la semana que viene, el mes que viene... Todos tienen esa esperanza, pero la verdad es que la gente se queda allí por cinco años o más. Vivimos en una época muy extraña en la que la política pareciera demandar que no haya espacio para los demás. Este es uno de los temas morales más importantes: hoy hay 65 millones de refugiados y la política no hace nada. Pareciera que no puede hacer nada. Pero como individuos nosotros tenemos el poder de cambiar las cosas: creo que cada uno de nosotros tiene que tomar el poder de alguna manera.”  
Kapoor insiste en que su obra no necesita explicaciones y así se desmarca de gran parte del arte contemporáneo que casi exige ser explicado. “Siento que si digo demasiado interferirá en la obra. El arte debe ser misterioso. No tenemos que olvidarnos nunca de que el objetivo real del arte es dejar detrás objetos que sean incomprensibles ¿Cuántas cosas que sabemos en nuestras vidas son comprensibles? No son muchas. Una o dos. La condición humana es misteriosa, la conciencia es misteriosa, la muerte es misteriosa. El arte debe tratar de ponerse a la altura de esos misterios”, dice el artista. Con el tiempo, cuenta, aprendió que los objetos no son objetos: los objetos pueden tener inmaterialidades y este aspecto inmaterial es algo que reconocemos. “Creo que somos seres religiosos, no me refiero a la doctrina, no son creencias, sino que tiene que ver con una realidad ritual”. Kapoor no obtura sus obras con explicaciones o conceptos rotundos: su arte alienta la poesía. Se expande. 
¿Tiene algún desafío pendiente?
–Muchos: no sé si me va a alcanzar la vida. Hay tanto por hacer. Tengo ambiciones muy altas para lo que puede lograr el arte. Creo que uno puede ser un médico mediocre, por ejemplo, y hacer cosas buenas, hacer mucho bien en la vida. Pero es muy difícil ser un artista mediocre. Por eso siento que tengo que ir siempre más allá. Siento que no hice nada, y tengo tanto por hacer.
Destierro se puede ver en el Parque de la Memoria  Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado,  Av. Costanera Norte Rafael Obligado. 6745. De lunes a viernes de Lunes a viernes de 10 a 17; sábados, domingos y feriados de 11 a 18. Gratis. Hasta 27 de agosto 

BRASIL> Belo Horizonte, Ouro Preto y Tiradentes

BRASIL> Belo Horizonte, Ouro Preto y Tiradentes

El oro de Minas Gerais

Partiendo desde Belo Horizonte y su impronta moderna, un viaje a través de los pueblos dorados y su arte del siglo XVIII. De las curvas de Oscar Niemeyer a las esculturas de Aleijadinho, y de Ouro Preto a Tiradentes, otra cara brasileña signada por la vanguardia y la historia.

 Exageremos un poco: si los bandeirantes portugueses se adentraron hace siglos en el interior de Brasil en busca de riquezas –después de pasar décadas anclados en el poderoso litoral– ahora hacemos algo parecido. En un plan mucho más liviano pero también buscando nuestra recompensa. Sorteando el inevitable lugar común que resume Brasil=playa, trazamos un viaje por Minas Gerais, centro neurálgico de aquella fiebre del oro brasileña, que tiene una vida histórica y culturalmente encantadora. Haciendo eje en Belo Horizonte –capital del estado de Minas, unos 450 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro– iniciamos un recorrido con subidas y bajadas que nos lleva a caminar por los pueblos más cautivantes de la historia colonial del país. Allí donde el siglo XVIII vio estallar el boom dorado en la región, y las bellas iglesias unieron lo intrincado de la pintura y la escultura barroca con el oro omnipresente.

“BEAGÁ” En la cronología partimos por el final. Desde una ciudad populosa, moderna y urbana como Belo Horizonte. Con ese apodo llaman los mineiros a su capital. BH suma con sus suburbios cinco millones de habitantes y es la capital estadual desde el año 1897, cuando la anterior ciudad fuerte, Ouro Preto, había quedado anclada en la colonia y se buscaba un nuevo centro. Uno que tuviera la mirada en el futuro. Y como no tenían una urbe así en el radar, la construyeron. “Hay pocas ciudades planificadas desde antes de su construcción. Belo Horizonte tiene un trazado con una avenida que la rodea, y calles atravesadas por grandes diagonales. Como La Plata, en la Argentina”, me dice José Natividad Tello Rodríguez, nuestro guía por cada recoveco del recorrido. A Beagá la rodea la Avenida du Contorno, y grandes diagonales cortan el trazado de calles: por ahí están Amazonas, Alfonso Pena, Barbacena y Avenida Brasil, entre otras.
Por fuera de ese Contorno, Belo Horizonte creció para todos lados, deslizándose entre montañas y valles. La Sierra del Curral enmarca un paisaje que une lo tradicional con la vanguardia. Tan de vanguardia que vio florecer las primeras artes del arquitecto que se transformaría en bandera estética del Brasil del siglo XX, el amado –y cuestionado por igual– Oscar Niemeyer. Para encontrarnos con sus orígenes nos encaminamos por la avenida Antonio Carlos con rumbo al norte. Apenas alejada unos diez kilómetros del casco “du contorno” llegamos a la Pampulha, el punto cero de la historia grande de Niemeyer.
Una gran laguna artificial de forma extraña es el corazón de esta zona que se construyó en la década del 40, por el impulso que el alcalde Juscelino Kubitschek quería darle a esta parte de la ciudad. Para planear la arquitectura en torno a la lagoa, Kubitschek convocó al joven Niemeyer. Al caminar nos vamos encontrando con el Casino, la Casa de Baile, el Club y la Iglesia, todos levemente extraños, sensualmente curvos –casi blandos– o drásticamente rectos y enmarcados por el paisaje creado por el paulista Burle Marx. Vamos parando en cada construcción, desde el círculo súper luminoso de la Casa de Baile hasta la altura vidriada en la que está el viejo casino devenido en museo. Una de las puntas de la laguna la corona el Mineirao, el remozado estadio de fútbol de la ciudad, sede del último Mundial.
Pero nos quedamos en la iglesia. Su parte posterior despliega los azulejos azules y blancos de Cándido Portinari. Él también pintó el interior de esta Igrejinha (iglesita, como le dicen por aquí) que tiene una historia increíble: terminada en 1943, su consagración formal como templo tuvo un solo problema: el obispo. Lisa y llanamente se negó a reconocer que “eso” fuese una iglesia. Quizá se haya sumado el detalle de la ideología comunista de Niemeyer, claro. Desde entonces, estuvo cerrada durante 14 años. La cosa recién cambió en 1959, cuando para una exposición en Milán se desempolvó una obra de Portinari que dormía dentro de cajas. Con entusiasmo, José cuenta que el papa Juan XIII vio la pintura, se maravilló y preguntó “¿de dónde vino esto?”.  Y dio la orden, por fin, de consagrar el templo.
Kubitschek luego fue presidente y lanzó la construcción de la ciudad de Brasilia. Y la idea fue la misma que generó Pampulha: promover el crecimiento en zonas no habitadas, y correr la idea de tener que vivir sí o sí en la playa. La capital del país se movió de Río de Janeiro a la nueva y mediterránea ciudad y ahí Niemeyer dejó su obra para siempre. Aquí en Belo Horizonte, camino del aeropuerto, se puede ver también la Ciudad Administrativa, una de las últimas obras de Niemeyer, del año 2010. El edificio de gobierno suspendido en el aire es simplemente cautivante.
Antes de dejar Pampulha y Belo Horizonte, una foto junto al “Todos contra Bush” que el propio arquitecto dejó escrito en un mural de la Casa de Baile, en 2007, cuando pasó por allí a celebrar sus 100 años de vida.

VANGUARDIA Y BARROCO La base será Beagá y aquí volveremos después de algunos de días de internarnos un par de siglos en el pasado. Tomamos por la BR 040 –las rutas con esa sigla comienzan en Brasilia– y nuestro destino está a 90 kilómetros, en el núcleo histórico de la región: el entrañable Ouro Preto. Mirada desde Belo Horizonte, la zona sur es un campo con brotes de historia colonial. Pueblos más o menos grandes, según cada caso, coronados por iglesias barrocas. O mejor dicho, por muchas, muchas, iglesias barrocas. Caminando ya por las empinadas calles de empedrado de Ouro Preto, José (aunque prefiere que le diga Natividad) desgrana la historia. Los adelantados bandeirantes descubrieron oro en los riachuelos de este valle hacia 1692. Hasta ese momento los portugueses se habían quedado cómodos con los tesoros de la costa. Una vez que se lanzaron, sin caminos ni referencias, dieron en esta zona con oro en polvo al ras del suelo. En 1796 fundaron el pueblo de Mariana, unos pocos kilómetros más al este, y dos años después Ouro Preto. José mira el horizonte y señala hacia las montañas. Su dedo apunta al responsable de permitir los bandeirantes volver a ubicar este valle: el Pico do Itacolomí, una piedra que sobresale en la cima y hoy es postal ouropretana.
Esos portugueses encontraron mucho, mucho oro. Y se fueron quedando. Primero con casas provisorias, pero después con construcciones cada vez más sólidas, y al final levantando templos lujosos, dorados e impregnados del Barroco que llegaba de Europa. Sólo Ouro Preto tiene trece iglesias y ocho capillas barrocas. Al principio eran pequeñas, rectas, sin torres –más o menos hasta 1740– muy recargadas por dentro, trabajadas por artistas que venían de Portugal con todo su “miedo al vacío” del barroco a cuestas. Luego, hasta 1770, fueron rectangulares pero más grandes y con torres y algunos adornos afuera. Ya no eran tan recargadas y los artistas eran locales que aprendieron de los portugueses. El paso siguiente fue el de las fachadas redondeadas, y esas son las más queridas por el pueblo, me dice Natividad. Porque fueron hechas totalmente por artistas brasileños.
“Cuando uno visita diferentes iglesias puede ver que las franciscanas son súper alegres, y las carmelitas, mucho más tranquilas” dice. Estamos parados con la vista en la puerta de la iglesia San Francisco de Asís, “la joya de Minas”, justo frente a la Praça de Antônio Dias. Iniciada en 1766, fue diseñada por Antonio Francisco Lisboa, El Aleijadinho, para muchos el mayor representante del barroco latinoamericano. Encontramos aquí sus esculturas trabajadas en piedra jabón. El Aleijadinho nos acompañará entre pueblos a lo largo de todo este viaje por el siglo XVIII.
Una cuaresmeida –un árbol de tono violáceo, similar al que la liturgia católica utiliza en el periodo de cuaresma– nos mira desde la izquierda, mientras nuestro guía desmenuza el sentido de las imágenes en el frente de la iglesia. “Las fachadas franciscanas son como un libro abierto, se pueden decodificar buscando el símbolo de los dos brazos cruzados (San Francisco y Jesús) y los cinco estigmas”. Y la fecha aproximada de construcción surge de mirar el movimiento y los materiales: en este caso es redondeada y con columnas de piedra, que no se usaron hasta pasada la mitad del siglo. Ya sabemos un par de tips que nos van a permitir sacar algunas conclusiones en las futuras iglesias y templos, sin tener que perseguir al guía.
Adentro de San Francisco, la explosión es de color. Es cuando aparece el otro protagonista, Manuel de Costa Athayde (Mestre Athayde) y sus pinturas. Mucha madera, láminas de oro y un techo con la Asunción de la Virgen María, donde el trabajo con la perspectiva y los ángeles y querubines estalla en lo alto.

SABOR MINEIRO Escalinatas mediante, apenas un salto y estamos en la feria permanente frente a la iglesia, donde la piedra jabón es el estrella de cientos de artesanías. Desde mínimos adornos a enormes piezas de piedra. El sol pega fuerte en esta tarde, y las subidas y bajadas ya pasan factura. La mejor idea es dedicar un rato a otra de las obras de arte mineiras: la gastronomía. Entre las mesas del Chafariz camina su dueño Vicente Tropia, que nos recibe con una copa de cachaça y nos enseña la quintaesencia minera: comida potente a base de cerdo, más algo de tutu (un puré de frijoles con harina de mandioca), feijao, farofa, lingüiça (salchicha) y el infaltable couve, una hortaliza salteada que lo acompaña a todo.
De vuelta al empedrado el subir y bajar nos lleva hasta la Iglesia del Pilar, donde todo lo que aprendimos parece caerse a pedazos. “Es una iglesia sobria”, arriesgamos después de aprender sobre volúmenes de fachadas, movimientos y piedra jabón. “Eso es mentira”, responde José y nos baja de un saque. En realidad, dice, hay una trampa. El frente actual de la Iglesia del Pilar es una segunda fachada, más sobria, pero su interior no puede más de tanto “horror al vacío”. Realmente impresiona. Una verdadera telaraña dorada de figuras, ángeles de plata, angelitos negros, más pequeños, más grandes. Dice ser la segunda más rica de Brasil, después de una en Salvador de Bahía, algo ciertamente incomprobable. Y como si no alcanzara con la riqueza, la del Pilar ostenta ser la iglesia con más figuras de ángeles de todas.
Cuando salimos, agazapada en un rincón encontramos a la restauradora de esta iglesia. Pura sonrisa y timidez, trabaja lentamente sobre las paredes a la luz de un pequeño velador. Cuenta que en un espacio entre el retablo y el techo encontraron muchas cabezas de angelitos que nunca fueron utilizadas, y que aún descansan ahí.
Y aunque parezca todo montado por un guionista, el nombre de la restauradora es Ángela.

CONGONHAS, OBRA MAESTRA La traducción del nombre Aleijadinho sería algo así como “lisiadito”. Se sabe que alrededor de los 40 años de vida, Antonio Francisco Lisboa comenzó a padecer una enfermedad degenerativa que le atacó los miembros. Sus retratos de mulato con gesto poco amigable lo muestran siempre con una mano escondida entre las ropas. Dejó esculturas, imágenes y trazos por toda la zona, pero para llegar a su obra máxima nos encaminamos ahora a Congonhas, a unos 50 kilómetros de Ouro Preto. En el camino pasamos por su espejo, el pequeño Ouro Branco, que hoy ha perdido casi todo rastro del fulgor del pasado. En Congonhas nos espera un imán para los conocedores de arte barroco de todo el mundo: el Santuario del Buen Jesús de Matosinhos, el conjunto colonial más importante del país. Está formado por la iglesia, capillas, y figuras de tamaño natural, en un torbellino de trabajos de Aleijadinho y Athayde. Las pequeñas capillas guardan las esculturas que van desde la última cena hasta la crucifixión. Los rostros exagerados, de grandes narices, casi grotescos, nos llevan cuesta arriba hasta desembocar en las escalinatas de los doce profetas. De Isaías a Joel, de Baruc a Jonás. Todos en tamaño natural, con sus miradas en el horizonte y las espaldas cansadas por los siglos. Entre ellos hay uno que se ha vuelto símbolo de toda la obra de Aleijadinho: el profeta Daniel, de tamaño levemente mayor que los demás, y tallado en una sola pieza de piedra.
La parada final es Tiradentes. Nos estamos alejando cada vez más de la capital, pero no se puede conocer el Brasil colonial sin Tiradentes, distante unos 200 kilómetros de Belo Horizonte y 150 de Ouro Preto. Para los conocedores de la costa brasileña, Tiradentes sería algo así como una Paraty de montaña. Empedrados, construcciones coloniales y un marcado perfil turístico. Su nombre nos viene sonando desde el comienzo del viaje: Tiradentes se llama la plaza central de Ouro Preto, Tiradentes es la ciudad administrativa de Belo Horizonte. Y esta ciudad lleva ese nombre: el de su hijo más ilustre. Ninguneado durante muchos años, Joaquim José da Silva Xavier, Tiradentes, fue el responsable de la Inconfidência Mineira de 1722, el primer y fallido intento de independizar a Brasil del Reino de Portugal. Castigado con la muerte (y muchas atrocidades más) el tiempo lo elevó al lugar de héroe nacional.
El final del viaje colonial también está elevado. En el punto más alto de la ciudad, la última iglesia dorada de este recorrido: San Antonio. Líneas rectas en su fachada, trabajos del Alejaidinho y un interior a puro oro. Para un cierre de expedición barroca como debe ser, hay que intentar llegar a esta iglesia un viernes por la tardecita. Ese día, entre sus gruesos muros suena el órgano original de la iglesia, que data de 1788.
El regreso a Belo Horizonte es de unas cuatro horas por ruta y casi 300 años en el tiempo. Y del arte pasamos al sabor. Beagá es la capital brasileña de los bares, tomando como lema la canción de Michel Teló -ese mismo que supo quemarnos la cabeza con su si eu ti pego- cuando dice “Se não tem mar, vamos pro bar”. No hay mar por aquí pero sobran los botecos (bares tradicionales) donde comer unos petiscos (distintos platos para compartir, al estilo picada argentina) y buscar la cerveza estúpidamente gelada. Esto es, según me cuentan los mineiros, la forma en que sí o sí debe estar la cerveza. Cubierta por una capa de escarcha, y si es posible, no escaparse nunca de una frappera. Gelada hasta el momento de tomarla, y brindar por el otro Brasil.