jueves, 18 de enero de 2018

San Antonio de Egipto

San Antonio de Egipto

Memoria de san Antonio, abad, quien, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres, siguiendo la indicación evangélica, y se retiró a la soledad de la región de Tebaida, en Egipto, donde llevó vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, apoyó a san Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes.

San Antonio nació en una población del alto Egipto, al sur de Menfis, el año 251. Sus padres, que eran cristianos, le guardaron tan celosamente durante sus primeros años, que Antonio creció en una ignorancia absoluta de la literatura y no conocía otra lengua que la propia. A la muerte de sus padres cuando Antonio tenía veinte años, heredó una considerable fortuna y el cuidado de su hermana pequeña. Seis meses después, oyó leer en la iglesia las palabras de Cristo al joven rico: «Ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y poseerás un tesoro en el cielo». Sintiéndose aludido por esas palabras, Antonio volvió a su casa y regaló a sus vecinos lo mejor de sus tierras; el resto lo vendió, y repartió el producto entre los pobres, guardando sólo lo estrictamente necesario para él y su hermana. Poco después, oyendo en la iglesia el comentario de las palabras de Cristo: «No os preocupéis por el día de mañana»... distribuyó lo poco que había guardado y colocó a su hermana en una casa de vírgenes, que era probablemente el primer monasterio femenino del que se conserve memoria. Por su parte, Antonio se retiró a la soledad, siguiendo el ejemplo de un anciano ermitaño de los alrededores. El trabajo manual, la oración y la lectura constituyeron en adelante su principal ocupación. Su fervor era tan grande que, en cuanto oía hablar de algún virtuoso ermitaño, partía en busca de él para aprovechar su ejemplo y sus consejos. De este modo, Antonio se convirtió pronto en un modelo de humildad, caridad, espíritu de oración y otras virtudes.

El demonio le asaltó con muchas tentaciones, representándole todo el bien que podía haber hecho, si hubiese conservado sus riquezas, y haciéndole sentir todas las dificultades de su condición de ermitaño. Era ésta una tentación común del enemigo, que tiende a hacer que los hombres se sientan descontentos de la vocación a la que Dios les ha llamado. Como el joven novicio resistiera valientemente el asalto, el demonio cambió de táctica y empezó a molestarle noche y día con pensamientos obscenos. Antonio opuso a estos ataques la más severa vigilancia sobre sus sentidos, el ayuno prolongado y la oración. El demonio se le apareció entonces; primero, bajo la forma de una hermosa mujer para seducirle, y después, bajo la forma de un negro para aterrorizarle, hasta que al fin se dio por vencido y le dejó en paz. El santo se alimentaba exclusivamente de pan con un poco de sal, y no bebía más que agua. Nunca comía antes de la caída del sol y, en ciertas épocas, sólo cada tres o cuatro días. Dormía sobre una burda estera o en el suelo. Deseoso de mayor soledad, se retiró a un antiguo cementerio, adonde un amigo le llevaba un poco de pan, de vez en cuando. Dios permitió que el diablo le atacara nuevamente allí en forma visible, y que hiciera toda especie de ruidos para infundirle temor. En una ocasión, el demonio le golpeó tan rudamente, que un amigo encontró a Antonio medio muerto. Al volver en sí, exclamó: «¿Dónde te has escondido, Señor? ¿Por qué no estabas aquí para ayudarme?» A lo que una voz respondió: «Aquí estaba yo, Antonio, asistiéndote en el combate; y, como has resistido valientemente al enemigo, te protegeré siempre y haré que tu nombre sea famoso en toda la tierra».

Desde que había abandonado el mundo, en el año 272, Antonio vivió en sitios no muy alejados de su pueblo natal, Komán. San Atanasio hace notar que antes de él muchos otros siervos de Dios habían vivido en el retiro cerca de las ciudades, y que algunos llevaban una vida retirada, sin salir de ellas. El nombre con el que se designaba a estos siervos de Dios era el de ascetas, tomado del sustantivo griego que significa práctica o entrenamiento, ya que se entregaban al ejercicio de la mortificación y la oración. En los más antiguos escritos encontramos la mención de estos ascetas, y Orígenes nos cuenta, hacia el año 249, que se abstenían de la carne, como los discípulos de Pitágoras. Eusebio relata que san Pedro de Alejandría practicaba austeridades comparables a las de los ascetas, así como Panfilio, y san Jerónimo aplica la misma expresión a Pierio. San Antonio había llevado esta forma de vida, cerca de Komán, hasta el año 285 más o menos, pero a los treinta y cinco años de edad, pasó a la ribera oriental del Nilo y fijó su morada en la cumbre de un monte. Allí vivió casi veinte años, sin ver apenas ser humano alguno, fuera del hombre que le traía pan cada seis meses.

Para satisfacer los deseos de muchos, hacia el año 305, a los cincuenta y cuatro de su edad, abandonó su celda en la montaña y fundó un monasterio en Fayo. El monasterio consistía originalmente en una serie de celdas aisladas, pero no podemos afirmar con certeza que todas las colonias de ascetas fundadas por san Antonio estaban concebidas en la misma forma. El santo no tenía residencia permanente en ninguna de las colonias, pero las visitaba de cuando en cuando. San Atanasio cuenta que para ir al primer monasterio, san Antonio tenía que atravesar el canal Arsinoítico, que estaba infestado de cocodrilos. Parece que las distracciones que ocasionaron al santo estas fundaciones le produjeron graves escrúpulos, y aun se cuenta que le asaltó la tentación de desesperación y que sólo pudo vencerla a fuerza de insistir en la oración y el trabajo manual. En la época de las fundaciones, san Antonio se alimentaba con seis onzas de pan mojado en agua, añadiendo algunas veces unos cuantos dátiles. Generalmente comía al atardecer. En su ancianidad tomaba además un poco de aceite. Aunque en ciertas épocas sólo comía cada tres o cuatro días, parecía vigoroso y se mostraba siempre alegre. Los visitantes le reconocían entre sus discípulos por la alegría de su rostro, que era un reflejo de la paz de que gozaba su alma. San Antonio exhortaba a sus hermanos a preocuparse lo menos posible por su cuerpo, pero se guardaba bien de confundir la perfección, que consiste en el amor de Dios, con la mortificación. Aconsejaba a sus monjes que pensaran cada mañana que tal vez no vivirían hasta el fin del día, y que ejecutaran cada acción, como si fuera la última de su vida. «El demonio -decía- teme al ayuno, la oración, la humildad y las buenas obras, y queda reducido a la impotencia ante la señal de la cruz». Contaba a los monjes que, en una ocasión en que el demonio se le había aparecido, le había dicho que pidiera cuanto quisiera porque él era el poder de Dios, el tentador desapareció tan pronto como invocó el nombre de Jesús.

Al recrudecerse la persecución de Maximino, el año 311, san Antonio se dirigió a Alejandría para animar a los mártires. Vestido con su túnica de piel de cordero, no tuvo miedo de presentarse ante el gobernador, pero se guardó de provocar presuntuosamente a los jueces y de entregarse ingenuamente, como lo hacían otros. Una vez pasada la persecución, volvió a su monasterio y, poco después fundó otro, llamado Pispir, cerca del Nilo. Sin embargo, vivía generalmente en un monte de difícil acceso, con su discípulo Macario, quien se encargaba de recibir a los visitantes; si Macario encontraba a éstos suficientemente espirituales, san Antonio conversaba con ellos; si no, Macario les daba algunos consejos y san Antonio sólo aparecía para predicarles un corto sermón. El santo tuvo cierta vez una visión en la que toda la tierra se le apareció tan cubierta de serpientes, que parecía imposible dar un paso sobre ella. Ante tal espectáculo, el santo exclamó: «¿Quién podrá escapar, Señor?» Una voz respondió: «La humildad, Antonio».

San Antonio cultivaba un pequeño huerto en la montaña, pero no era éste su único trabajo manual. San Atanasio refiere que su ocupación más ordinaria era la confección de esteras. Se cuenta que en cierta ocasión le asaltó la tentación de abatimiento, al sentirse impotente para la contemplación ininterrumpida, pero la visión de un ángel que tejía esteras y oraba a intervalos regulares, le hizo comprender que debía mezclar el trabajo con la oración. Por lo demás, el mismo ángel le dijo: «Haz lo que me ves hacer y encontrarás la solución». San Atanasio nos dice que el santo no interrumpía la oración mientras trabajaba. San Antonio pasaba gran parte de la noche en contemplación. Algunas veces, cuando el sol del amanecer le llamaba a sus diarias tareas, el santo se quejaba de que, con su luz exterior, le oscurecía la luz interior que brillaba en las sombras de su soledad. Antonio se levantaba siempre a media noche, después de un corto descanso, y hacía oración con los brazos en cruz hasta el amanecer, cuando no hasta las tres de la tarde, según cuenta Paladio en Historia Lausiaca.

El año 339, san Antonio tuvo una visión en la que le fueron revelados, bajo la figura de unas muías que derribaban a coces un altar, los desastres que debía causar dos años más tarde, la persecución arriana en Alejandría. Semejante visión le produjo un horror tan profundo, que no se atrevía a dirigir la palabra a los herejes, más que para exhortarlos a abrazar la verdadera fe, y echó de la montaña a todos los arrianos, llamándoles serpientes venenosas. A petición de los obispos, hacia el año 355, hizo un viaje a Alejandría para refutar a los arrianos. Allí predicó la consustancialidad del Hijo con el Padre, acusando a los arrianos a confundirse con los paganos «que adoran y sirven a la creatura más bien que al Creador», ya que hacían del Hijo de Dios una creatura. Todo el pueblo se reunía para verle y escucharle. Aun los mismos paganos, impresionados por su dignidad, se apretujaban a su alrededor, diciendo: «Queremos ver al hombre de Dios». Antonio convirtió a muchos de ellos y obró algunos milagros. San Atanasio le acompañó a su vuelta hasta las puertas de la ciudad, donde curó a una muchacha poseída de un mal espíritu. Como el gobernador le rogase que permaneciera más tiempo en la ciudad, Antonio respondió: «Como el pez muere fuera del agua, así muere el espíritu del monje fuera de su retiro».

San Jerónimo relata que Antonio visitó en Alejandría al famoso Dídimo, el ciego que dirigía la escuela catequética de dicha ciudad, y que le exhortó a no lamentar demasiado la falta de la vista, que no pasa de ser un bien que el hombre comparte con los insectos, sino por el contrario, regocijarse de poseer la luz interior de la que gozan los apóstoles y que les permite ver a Dios y fomentar su amor. Los filósofos paganos que iban a discutir con él, volvían admirados de su mansedumbre y sabiduría. Como cierto filósofo le preguntase cómo podía pasar su vida en la soledad sin tener ningún libro, Antonio le contestó que la naturaleza era su gran libro y que ése suplía a todos los otros. En otra ocasión, al ver que ciertos filósofos se burlaban de su ignorancia, les preguntó con gran sencillez si había que preferir los libros al sentido común o más bien al contrario, y cuál de estos dos bienes había producido al otro. Los filósofos respondieron: «El sentido común». «Pues bien, -les dijo Antonio-, eso significa que el sentido común basta». A otros cavilosos que le preguntaban por qué creía en Cristo, Antonio les dejó callados, demostrándoles que degradaban la noción de divinidad al atribuirla a las pasiones humanas, que la humillación de la cruz es la gran demostración de la infinita bondad, y que la resurrección de Cristo y los milagros por Él obrados prueban que la ignominia de la Pasión es, en realidad, la mayor de las glorias. San Atanasio anota que Antonio discutió con esos filósofos griegos valiéndose de un intérprete. Un poco más adelante afirma que ningún afligido visitó nunca a Antonio, sin volver lleno de consuelo a su casa, y relata muchos de sus milagros, visiones y revelaciones.

Alrededor del año 337, Constantino el Grande y sus dos hijos, Constancio y Constante, escribieron una carta al santo, encomendándose a sus oraciones. Al ver que sus monjes se sorprendían de ello, san Antonio les dijo: «No os admiréis de que el emperador escriba a un pobre hombre como yo; admiraos más bien de que Dios nos haya escrito a los hombres y nos haya hablado por su Hijo». Antonio decía que ignoraba cómo responder al emperador; pero al fin, importunado por sus discípulos, le escribió una carta que san Atanasio nos ha conservado, en la que le exhorta a no perder de vista el juicio de Dios. San Jerónimo menciona otras siete cartas de Antonio a diversos monasterios. Una de sus máximas favoritas era la de que el conocimiento de nosotros mismos es la base para el conocimiento y el amor de Dios. Los bolandistas copian una carta de san Antonio a san Teodoro, abad de Tabena, en la que el santo cuenta que Dios le ha revelado que tiene misericordia de los verdaderos adoradores de Cristo, a pesar de sus caídas, con tal de que se arrepientan sinceramente. Una regla monástica, que lleva el nombre de san Antonio, nos revela, según toda probabilidad, los principales puntos de su sistema ascético. En todo caso, su ejemplo y consejos han servido de base a todas las reglas monásticas de las épocas subsiguientes. Se cuenta que san Antonio, al observar la sorpresa de sus discípulos ante las multitudes que abrazaban la vida religiosa, les dijo con lágrimas en los ojos que vendría un tiempo en el que los monjes se regocijarían de vivir en las ciudades, en casas ricas y con mesas bien provistas, y que sólo se distinguirían por el vestido, del resto de las gentes; pero que habría aun entre ellos algunos que buscarían sinceramente la perfección.

San Antonio visitó a sus monjes poco antes de su muerte, que predijo exactamente, pero se negó a quedarse para morir entre ellos. San Atanasio deja ver que los cristianos habían empezado a imitar la costumbre pagana de embalsamar los cadáveres, hábito que había condenado frecuentemente como producto de la vanidad y la superstición, por lo que san Antonio ordenó que le sepultaran en la tierra, junto a su celda de la montaña. Volviendo apresuradamente a su retiro en el monte Kolzim, cerca del Mar Rojo, cayó enfermo poco después. Entonces repitió a sus discípulos, Macario y Amatas, la orden de sepultarle allí secretamente, diciendo: «El día de la resurrección recibiré mi cuerpo incorrupto de las mismas manos de Jesucristo». Les mandó igualmente que dieran una de sus túnicas de piel de cordero y el sayal en el que yacía, al obispo Atanasio, como testimonio público de que moría en comunión de fe con el santo prelado; que dieran su otra túnica al obispo Serapión, y que conservaran para ellos su cilicio. «Adiós, hijos míos, Antonio se va y no volverá a estar con vosotros». Diciendo estas palabras, les abrazó, extendió un poco los pies y murió apaciblemente. Su muerte acaeció en el año 356, probablemente el 17 de enero, día en que le conmemoran los martirologios más antiguos. Tenía ciento cinco años. Desde su juventud hasta esa avanzada edad, había mantenido siempre el mismo fervor y austeridad. A pesar de ello, nunca había estado enfermo, conservaba la vista en perfecto estado y no había perdido ningún diente. Sus dos discípulos le enterraron según sus deseos. Parece que en 561, sus restos fueron descubiertos y trasladados a Alejandría, después a Constantinopla, y finalmente a Vienne de Francia. Los bolandistas han editado una narración de muchos milagros obtenidos por su intercesión, especialmente los relacionados con la epidemia conocida con el nombre de «Fuego de san Antonio», que azotó a Europa en el siglo XI, hacia la época de la traslación de sus famosas reliquias a occidente.

Las imágenes representan frecuentemente a san Antonio con una cruz en forma de T, una campanita, un cerdo, y a veces un libro. La cruz parece ser un símbolo de la avanzada edad y de la autoridad abacial del santo, aunque no es imposible que constituya una alusión al constante uso de la señal de la cruz que san Antonio hacía en las tentaciones. El cerdo representaba originalmente al diablo, pero en el siglo XII adquirió un nuevo significado, debido a la popularidad de los Hermanos Hospitalarios de san Antonio, fundados en Clermont en 1096. Por sus obras de caridad se hicieron amar del pueblo, que les autorizó, en muchas partes, a engordar gratuitamente sus cerdos en los bosques. Probablemente, uno o dos cerdos del rebaño llevaban atada una campanita, o tal vez los porqueros anunciaban su llegada tocando una campana. En todo caso, parece cierto que la campanita está relacionada con los miembros de esa orden, y que de allí pasó a ser un atributo de san Antonio. El libro representa sin duda el «libro de la naturaleza», en el que el santo compensaba su falta de lecturas. Algunas imágenes simbolizan en lenguas de fuego la epidemia del «Fuego de san Antonio», contra la que se invocaba especialmente al santo. [Dicha epidemia recibió también el nombre de «fuego sagrado» y de «fuego del infierno». Más tarde se identificó esa enfermedad con la erisipela; pero originalmente parece haber sido un mal mucho más contagioso y virulento, producido por la harina de grano plagado.] La popularidad de san Antonio, que se debe en gran parte a la prevalencia de esa epidemia (ver, por ejemplo, la Vida de san Hugo de Lincoln), fue muy grande en los siglos XII y XIII. Probablemente por asociación con el cerdo, san Antonio empezó a ser invocado como patrón de los animales domésticos y del ganado, y el gremio de los carniceros y otros se pusieron bajo su protección. La liturgia bizantina invoca el nombre de san Antonio en la preparación eucarística, y el rito copto y el armenio le conmemoran en el canon de la misa.

Simon Raymonde

Simon Raymonde

La música de las esferas

En su adolescencia vio en vivo a Joy Division, The Cure, Bauhaus y todos los grandes grupos de la escena post punk británica, de la que luego fue parte cuando se sumó a los legendarios Cocteau Twins como bajista. Tras la separación de la banda a finales de los noventa se dedicó de lleno al sello Bella Union, que hoy cuenta en su catálogo con artistas de la talla de Flaming Lips, Mercury Rev y Father John Misty. Y ahora, tras veinte años sin un proyecto musical propio, Simon Raymonde acaba de dar vida al dúo Lost Horizons para editar Ojalá, un trabajo basado en improvisaciones con trece vocalistas invitados que rankea entre los mejores discos del año.


Simon dice que no tiene idea. “Nada, incluso hay veces que no tengo ni una puta pista”, ríe del otro lado de la línea. Y puede ser. Al fin y al cabo, si consideramos el tipo de música a la que Simon Raymonde se dedicó siempre –desde sus inicios como bajista de Cocteau Twins a su participación en el supergrupo This Mortal Coil o sus años actuales como fundador y director del sello discográfico Bella Union–, es evidente que entender qué es lo que se supone que funciona comercialmente no es algo que parezca importarle demasiado. Y es en esa misma línea ajena a escenas, estilos o fórmulas que acaba de formar Lost Horizons, el proyecto junto al baterista Richie Thomas que lo encontró en una banda por primera vez desde la separación de Cocteau Twins en 1997. Juntos acaban de editar Ojalá, un álbum creado a través de improvisaciones guiadas por duos interpretativos en pianos, guitarras, bajos y baterías a los que luego sumaron diferentes capas instrumentales y la participación de trece vocalistas invitados. “Extrañaba mucho todo esto, con el trabajo que demanda el sello estuve dejándome de lado por demasiado tiempo, así que ya era hora”, cuenta desde Londres, y agrega: “Cocteau Twins fue una parte muy especial de mi vida, después de trabajar con alguien tan talentosa como Liz Fraser era difícil pensar en volver a hacer algo que estuviera a la altura, así que directamente dejé esas ganas de lado. Pero lo extrañaba”.
Los Mercury Rev tuvieron mucho que ver en el regreso de Simon al ruedo. Fue hace un par de años, cuando lo invitaron a ser parte de la banda como guitarrista durante una gira por Europa y Norteamérica. “Esa experiencia con los Mercury Rev superó totalmente mis expectativas”, confiesa Raymonde. “No por la banda, que por supuesto me encanta, sino porque recién arriba del escenario me di cuenta de cuánto extrañaba todo eso, así que en cuanto volví a casa empecé a pensar en cómo podría hacer algo y con quién”. Cuenta Simon que, como buen freak del control que es, antes de arrancar necesitaba tener la certeza de que lo haría con una banda realmente buena, con gente con la que pudiera colaborar y proyectarse a la vez. “Y Richie era perfecto para eso. Nos conocimos en los ochenta, cuando él tocaba batería en los Jesus & Mary Chain, y más allá de la amistad sigo pensando que es uno de los mejores bateristas que conocí. ¡Y encima es un saxofonista genial! Aceptó enseguida, pero de movida no nos propusimos armar una banda, grabar un disco ni nada de eso: la idea era simplemente juntarnos a pasarla bien, improvisar en el estudio y ver qué podía salir de eso”.  
Un bajón inesperado casi suspende el comienzo del proyecto: la fecha que Simon y Richie habían fijado para arrancar fue el 10 de enero de 2016, el mismo día en que el mundo amaneció con la noticia del fallecimiento de David Bowie. “Yo quería suspender”, recuerda Simon. “Pero Richie propuso continuar, usar ese sentimiento para seguir y construir algo a partir de eso, y esas primeras sesiones se extendieron a cuatro días y de ahí terminó saliendo casi la mitad del disco”. Por sugerencia de Warren Ellis, violinista de  Dirty Three y compañero habitual de los proyectos musicales de Nick Cave, aquellas jornadas de improvisación fueron llevadas a cabo en el estudio ubicado sobre las costas de Brighton donde Nick y Warren suelen grabar sus colaboraciones. Allí, Simon se turnaba al piano, la guitarra o el bajo mientras Richie creaba texturas desde la batería o eventualmente se sumaba también con guitarras o saxo. “La manera en que lo grabamos fue muy similar a lo que hacíamos con Cocteau Twins: en aquellos días apretábamos rec y Robin tocaba algo en la guitarra y yo en el bajo, y si en veinte minutos la cosa no funcionaba la dejábamos y nos íbamos a hacer cualquier otra cosa. Mucha de la energía creativa de la banda salía de ese acercamiento a lo inesperado, y en Ojalá ese mismo método nos resultó muy bien”. 
Entre los cantantes que participan del disco aparecen intérpretes de registros tan variados como el referente del hip-hop británico experimental Ghostpoet, el reclusivo Tim Smith de Midlake, la ascendente songwriter de la escena dream-folk Marissa Nadler o la cantautora y actriz Sharon Van Etten, telonera de Nick Cave y colaboradora de Lee Ranaldo en su última producción. A ellos se sumaron otras cantantes prácticamente desconocidas en la escena musical actual: una de ellas es la fantástica Beth Cannon, quien abre el disco con una performance cuya intensidad transcurre entre gritos y tonos dulces que resuenan sobre un fondo de coros gospel. Otra de las participaciones destacadas del álbum es la de Karen Peris, vocalista de los norteamericanos The Innocence Mission: “Karen es mi cantante favorita de los últimos veinte años, pero ella nunca había participado de un proyecto fuera de su banda así que estaba un poco nervioso cuando le escribí, no la conocía y no sabía si iba a querer participar. Cuando finalmente aceptó me sentí feliz como un adolescente”, recuerda Simon. Y con respecto a la manera en que se decidió por cada uno de los colaboradores, explica: “Una vez que teníamos una canción comenzaba a hacerme una idea visual de qué voces podrían hacerla más grande. Me decía cosas tipo ‘Uh, qué bien sonaría esta canción con Beth Cannon, cómo me gustaría escuchar a Ghostpoet en esta otra’, y al momento de contactarme con ellos y explicarles lo que quería lo dejaba muy abierto, para que cada uno de ellos se sintiera libre y lograra dejarse llevar de la misma manera en que lo habíamos hecho junto a Richie durante las grabaciones previas. En un punto fue una tarea de curadoría similar a la que hago en el sello, así que esa selección entre artistas tan personales se dio de una manera bastante natural”. 

LOS AÑOS POSTPUNK

Hijo de Ivor Raymonde, compositor y arreglista británico que cobró notoriedad durante los años sesenta y setenta a través de sus trabajos como productor de Dusty Springfield, The Walker Brothers, Julio Iglesias o Ian Dury, Simon encontró durante su adolescencia en el post-punk la fuerza creativa que necesitaba para dedicarse de lleno a la música. “Todos los fines de semana viajaba para ver los shows de mis bandas favoritas”, recuerda. “Joy Division eran los mejores, algo bestial. Los vi cuatro veces en vivo y cada vez sonaban mejor que la anterior. Siouxsie and the Banshees también, daban un show increíble. ¡Y los Cure! Todavía no eran conocidos cuando vi un show de ellos en el Marquee de Londres, y me acuerdo de salir diciendo ‘¡Qué banda increíble!’ También vi a The Clash, Bauhaus... Fue una época muy rica. Quizá sea por mi edad, pero tengo la sensación de que desde entonces no hubo otro período musical que haya tenido esa fuerza”.
Otra de las grandes bandas de la época eran los Cocteau Twins, formados en 1979 en Escocia por el guitarrista Robin Guthrie y la cantante y letrista Elizabeth Fraser. Entre melodías etéreas y un aura de belleza inasible que los acompañaría a lo largo de nueve  discos editados en su mayoría a través del mítico sello 4AD (hogar de bandas emblemáticas de los ochenta como Dead Can Dance, The Pixies o The Birthday Party), los Cocteau Twins crearon algunas de las canciones más bellas y adelantadas de su época, tanto que su influjo trascendió las escenas de su tiempo y se expandió sobre toda la escena post-rock y dream-pop de los noventa y los dos mil. Simon era fanático de la banda y para verlos acostumbraba a viajar en auto hacia Escocia junto a Ivo Watts (fundador del sello 4AD). Desde entonces comenzó una amistad con Liz y Robin que se afianzó cuando le ofrecieron ser bajista de la banda a partir de su tercer disco, Treasure, editado en 1984. “Tengo recuerdos maravillosos de esa época, pero no voy a pretender que todo era genial porque no lo era”, confiesa Simon. “Robin y Liz eran pareja y hubo algunos problemas que generaron un gran drama continuo a lo largo del tiempo, pero fuera de eso, participar de lo que se hacía musicalmente en la banda fue algo fascinante. Hoy hay artistas del sello que se acercan y me dicen cuánto los influyeron los Cocteau Twins, pero en aquel momento no teníamos dimensión de nada de eso. La belleza estaba en el sentido de salvación que nos daba hacer lo que nos gustaba, grabando la música que sentíamos y saliendo a tocarla por todo el mundo”. 
Los Cocteau Twins son una de esas pocas bandas que tras su separación nunca volvieron a juntarse. Tampoco parece que una futura reunión esté en los planes de ninguno de ellos, sobre todo después de un intento fallido que tuvo lugar tras un ofrecimiento que recibieron para encabezar el festival de Glastonbury en 2005: “En aquel momento fue muy frustrante, pero hoy miro hacia atrás y me alegra que todo se haya caído antes de que siquiera nos juntáramos a ensayar. De hecho, pienso que deberíamos habernos separado años antes de lo que lo hicimos. El final había sido muy emocional y complicado, ellos con un bebé y separados desde hacía dos años y yo en el medio, en un tour de siete meses en micro. En el 2005 volvimos a intentarlo, y teníamos un buen plan para continuar luego del reencuentro, pero al final todo salió muy mal. Dejar todos esos problemas de lado no era una tarea fácil. Si hubiéramos continuado con la idea de juntarnos no la habríamos pasado bien, y esa fue la razón por la que finalmente desistimos de hacerlo. Es una pena, los Cocteau Twins fueron sin dudas una de las cosas más maravillosas que me pasaron en la vida”. 

LA BATALLA CULTURAL

Bella Union nació en 1996, creado por Simon y Robin con el fin de editar el que finalmente sería el último disco de Cocteau Twins, Milk & Kisses. Cuando la banda decidió no continuar, Simon eligió enfocarse en desarrollar el sello y ver qué salía de eso: hoy en día Bella Union es una de las discográficas independientes más respetadas del mundo, con un catálogo en el que figuran desde artistas como Flaming Lips, Father John Misty o Dirty Three a otros proyectos menos conocidos que incluyen bandas coreanas de noise o pianistas de formación clásica. “Llevar un sello discográfico no es fácil, es una lucha constante de finanzas versus cultura. Personalmente no tengo una mente de negocios ni me involucro con las bandas desde ese lugar: puedo ayudarlos con el orden de los temas en un disco, pero no pensando que así podrían vender más ni nada. Nunca tuve ni idea de todo eso. Hay quienes podrían pensar que con el tiempo que llevo en la música ya he visto todo y sé como funcionan las cosas, pero ¿sabés qué? No tengo la más puta idea. Y creeme: cuando un artista del sello aparece en un supermercado en la lista de los más vendidos junto a Ed Sheeran o quién sea que se le parezca, la recompensa más grande no es material sino esa sensación de estar haciéndole un fuck you gigante al establishment”.
En un contexto en que la tecnología arrasó con la industria discográfica al punto de que hoy los grandes sellos comienzan a prepararse para existir casi exclusivamente de manera digital, ¿cuál es el futuro Bella Union? ¿Consideran la posibilidad de convertirse en un sello digital? “De ninguna manera”, avisa Simon de manera rotunda. Y concluye: “No me interesa, me resulta aburrido. O sea, soy viejo y tengo toda una historia con discos físicos, desde los siete pulgadas con compilados de canciones pop que escuchaba de chico en la casa de mi tía a los discos de grupos punk que me tiraba a escuchar en casa después de verlos en vivo durante el fin de semana. Y algo de lo que me pasaba entonces es lo que siento que le pasa ahora a las bandas nuevas del sello que editan su primer disco: ver su reacción cuando su música está recién subida a la red no se compara para nada con la expresión en sus rostros cuando reciben el disco y lo abren. Quizá sea una idea de viejo, pero sigo pensando que todo eso nunca va a envejecer”.

Santa Margarita de Hungría

Santa Margarita de Hungría

En Buda, en Hungría, santa Margarita, virgen, la cual, hija del rey Bela IV, fue prometida por sus progenitores a Dios en voto para liberar a la patria de los tártaros, por lo cual, siendo niña aún, entró en el monasterio de monjas de la Orden de Predicadores, donde hizo profesión a los doce años, y allí se consagró totalmente a Dios, dedicada a imitar generosamente a Cristo crucificado.

La vida de santa Margarita es particularmente interesante, ya que poseemos, por fortuna excepcional, una copia completa de los testimonios de su proceso de beatificación, que comenzó menos de siete años después de su muerte. No hay duda ninguna de que fue hija de Bela IV, rey de Hungría y campeón de la cristiandad, cuando las hordas de los tártaros amenazaban acabar con la Europa Central. El noble linaje de Margarita hace resaltar todavía más los detalles de su extraordinaria vida de abnegación. La Orden de Santo Domingo, a la que Bela y su esposa, la reina María Lascaris, favorecieron mucho, tuvo por otra parte buen cuidado de guardar memoria de una de sus primeras y más ilustres hijas. Pero quien se tome el trabajo de leer los testimonios que dieron unas cincuenta de sus compañeras acerca de la mortificación y caridad de Margarita, quedará plenamente convencido de que su valor en la lucha contra el mundo y la carne no podían menos que ejercer una profunda influencia en quienes la rodeaban. Se ha descrito a Bela IV como «el último genio de la Casa de Árpád»; si la determinación tiene una influencia real en la historia, las cualidades de Margarita prueban que ella había heredado no poco del genio de su padre.

Margarita nació cuando Hungría, acosada por sus enemigos, atravesaba por momentos difíciles, y se cuenta que los padres de la niña prometieron consagrarla a Dios, si éste les concedía la victoria. Sus oraciones fueron oídas, y Margarita, a los tres años de edad, fue confiada al convento de las religiosas de Santo Domingo, de Veszprem. Poco después, Bela y su esposa construyeron un convento en una isla del Danubio, cerca de Budapest, donde Margarita, a los doce años de edad, hizo profesión ante el beato Humberto de Romans. Por terribles que sean los detalles sobre el ansia de penitencia de la joven, y sobre su decisión de vencer todas las repugnancias de la naturaleza, la cantidad de los testigos hace imposible poner en duda su autenticidad. Margarita parece haber sido excepcionalmente bella; la mejor prueba de ello es que el rey Ottokar de Bohemia aspiró a su mano, después de haberla visto con hábitos de religiosa. Indudablemente que hubiera sido fácil obtener la dispensa de Roma, y Bela se inclinaba a ello por razones políticas; pero Margarita declaró que estaba dispuesta a arrancarse la nariz y los labios, antes de abandonar el claustro. A juzgar por los testimonios de sus hermanas sobre la energía de su carácter y sobre su valor, no se puede dudar de que la santa habría cumplido su promesa.

La mayoría de las religiosas en aquel convento del Danubio pertenecían a la nobleza, y trataban a la princesa Margarita con especial consideración. Ella, al advertirlo, reaccionó en forma exagerada: en toda ocasión escogía los trabajos más humildes, repugnantes y fatigosos. Su caridad y ternura con los enfermos que padecían los males más repulsivos, eran extraordinarias. Pero será necesario omitir detalles, porque el lector moderno no tiene paciencia para oírlos todos. Margarita tenía una profunda simpatía por los pobres. Varios de sus actos dejan la impresión de que el amor a Dios y el deseo de inmolación de Margarita, no carecían de cierto elemento de obstinación. Sin duda que la salud y aun la virtud de la santa habrían ganado, con su superior o un confesor capaz de dirigirla realmente; pero era casi inevitable que los superiores de Margarita la dejasen proceder libremente, dado que era la hija del rey, a quien el convento le debía todo.

Por lo demás, el relato que hicieron las hermanas de Margarita sobre ella, no carece de pormenores humanos y agradables. La sacristana cuenta que Margarita le acariciaba la mano y le prodigaba todos los halagos posibles para que dejase abierta la puerta de la capilla durante la noche, a fin de pasar ante el Santísimo Sacramento las horas que habría debido consagrar al descanso. Margarita tenía una confianza ilimitada en la oración, y sus peticiones a Dios tenían algo de imperioso. Varias religiosas narran un incidente acaecido cuando la santa tenía apenas diez años: dos frailes dominicos habían ido de visita al convento, y Margarita les rogó que prolongasen su estancia. Ellos replicaron que debían partir inmediatamente, pero la niña dijo: «Yo voy a obtener de Dios que haga llover en tal forma, que no podréis iros». Aunque los frailes aseguraron que no había lluvia capaz de detenerles, Margarita se dirigió a la capilla a orar y la tormenta que se desató en seguida fue tan violenta que impidió que los buenos frailes partieran de Veszprem. Esto recuerda el famoso incidente de santa Escolástica y san Benito. Y no es necesario suponer una intervención sobrenatural; pero las compañeras de santa Margarita atestiguaron bajo juramento tantos casos del mismo tipo, que resulta difícil atribuirlos todos a simples coincidencias. Aunque los testigos hablaron de muchos éxtasis y milagros, hay en sus declaraciones un tono de moderación que inspira confianza. Casi todos los testigos contaron que las oraciones de Margarita habían salvado a una sirvienta que se había caído en un pozo. La misma sirvienta, llamada Inés, dio testimonio de ello. Cuando le preguntaron los jueces qué sabía de la santa, Inés se contentó con responder: «era buena, santa y edificante, y se mostraba más humilde que nosotras las sirvientas». Por lo que toca al accidente, Inés contó que la noche era tan oscura, que «si alguien la hubiese abofeteado, no habría podido identificarle», y que la boca del pozo estaba descubierta y sin travesaño, por lo que cayó hasta el fondo. Por tres veces salió a la superficie del agua hasta que consiguió asirse a la pared y más tarde le echaron una cuerda y la sacaron.

Es indudable que Margarita acortó su vida con sus penitencias. Al fin de cada cuaresma, el ayuno y la falta de sueño la reducían a un estado lamentable. Un Viernes Santo llevó su indiscreción al colmo, lavando los píes no sólo de las setenta religiosas de coro del convento, según el privilegio que le correspondía como a hija del fundador, sino también de todas las sirvientas. Para enjugar los pies empleó su propio velo. A pesar de la fatiga consiguiente para una mujer que no había comido ni dormido en mucho tiempo, se quejó a sus hermanas de que aquel Viernes Santo había sido el día más corto del año, pues no habían tenido tiempo de orar ni de practicar todas las penitencias que hubiese deseado. La fecha de la muerte de la santa parece haber sido el 18 de enero de 1270, cuando ésta no tenía sino veintiocho años. El proceso de beatificación, al que nos hemos referido, no se terminó nunca, pero el culto a Margarita fue aprobado en 1789. La canonización tuvo lugar en 1943.

Festival de Cine de Sundance

Festival de Cine de Sundance, clásico de la realización independiente

Del frío de Utah al calor de esta era

El encuentro creado por Robert Redford afronta su nueva edición con la inevitable influencia de Me Too y Time’s Up. Se verán 110 películas, con fuerte presencia latina.


El Festival de Cine de Sundance, la cita más importante en Estados Unidos para las películas independientes, abre sus puertas sin olvidar el movimiento Time’s Up contra el acoso sexual a las mujeres y con un notable sabor latino en su programación. El frío y la nieve de Park City (Utah) acogen desde hoy y hasta el próximo 28 de enero este certamen que fue creado por Robert Redford para estimular y promocionar los largometrajes de ficción y los documentales creados al margen de los grandes estudios de Hollywood. La edición 2018 de Sundance contará con 110 películas de 29 países diferentes, que fueron seleccionadas entre 3901 títulos que se presentaron para su inclusión en el programa. 
“El trabajo de los narradores independientes puede desafiar y posiblemente cambiar la cultura, iluminando las imperfecciones y posibilidades de nuestro mundo”, señaló Redford en un comunicado de prensa al anunciar los participantes de este año en Sundance. Entre las películas más esperadas del festival figuran Ophelia, una reimaginación del personaje de Hamlet de William Shakespeare protagonizada por Daisey Ridley y Naomi Watts, y Colette, con Keira Knightley dando vida a la escritora francesa.
Tras el éxito de Big Little Lies y su aparición en Star Wars: Los últimos Jedi, Laura Dern tratará de seguir con su buena racha en The Tale, mientras que un clásico del cine independiente como Gus Van Sant presentará Don’t Worry, He Won’t Get Far On Foot de la mano de Joaquin Phoenix.
No faltarán en las pantallas de Sundance otras estrellas de Hollywood como Kristen Stewart (Lizzie), Peter Dinklage (I Think We’re Alone Now), Jon Hamm (Beirut), Chloé Grace Moretz (The Miseducation of Cameron Post), Robert Pattinson (Damsel), Paul Rudd (The Catcher Was a Spy) y Claire Danes con Jim Parsons (A Kid Like Jake).
Además, varios actores famosos mostrarán en el festival sus habilidades detrás de las cámaras. Paul Dano debutará como realizador con Wildlife, un largometraje que ha escrito junto a la también actriz Zoe Kazan y en cuyo elenco sobresalen Carey Mulligan y Jake Gyllenhaal; e Idris Elba se atreverá también como director con la película Yardie. Otro intérprete como Ethan Hawke también estrenará como cineasta la película BLAZE.
El cine latino reclamará su cuota de protagonismo en Sundance con varias cintas entre las seleccionadas para competir por los galardones del festival. Como muestra, el mexicano Luis Gerardo Méndez protagoniza Tiempo Compartido, de Sebastián Hofmann; mientras que los cubanos Rodrigo y Santiago Barriuso exhibirán Un traductor con el brasileño Rodrigo Santoro como cara conocida del reparto. Las argentinas Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia presentan The Queen of Fear. El brasileño Aly Muritiba competirá con Rust y su compatriota Gustavo Pizzi hará lo propio con Loveling. Por otro lado, el mexicano Carlos López Estrada develará la cinta Blindspotting, el chileno Sebastián Silva mostrará Tyrel, y el cineasta de origen puertorriqueño Reinaldo Marcus Green acudirá con Monsters and Men bajo el brazo, una cinta que protagoniza John David Washington (hijo de Denzel Washington). También se colará entre las cintas de Sundance el actor mexicano Gael García Bernal, que forma parte del elenco de The Kindergarten Teacher. 
Y más allá de las películas y los premios, la atención de Sundance se centrará asimismo en la enorme controversia que ha sacudido al mundo del espectáculo en los últimos meses ante los incontables casos de agresión sexual que han salpicado a numerosas estrellas como Kevin Spacey, Dustin Hoffman, James Franco, Brett Ratner, John Lasseter, Louis C.K., Bryan Singer o James Toback. El productor Harvey Weinstein, cuyos escándalos sexuales dieron pie al movimiento Me Too (yo también), era además una figura muy conocida y poderosa dentro de Sundance y del circuito de cine independiente. Recientemente, los organizadores de Sundance actualizaron su código de conducta para añadir que se comprometen a que los asistentes al certamen están “libres de acoso, discriminación, sexismo y comportamientos amenazantes e irrespetuosos”.
Y al calor del movimiento “Time’s Up” y justo un año después de las Marchas de las Mujeres que tomaron las calles en Estados Unidos, este sábado se celebrará en Park City una manifestación por el respeto que pedirá no sólo la igualdad para las mujeres sino también el fin de la discriminación para todas las religiones, etnias y orientaciones políticas y sexuales. Otra muestra de que la industria del cine debe empezar a hacerse cargo de los nuevos tiempos que corren.

miércoles, 17 de enero de 2018

TOKIO - Japón

TOKIO> El Museo Nacional de Ciencia e Innovación Miraikán

Un encuentro con Asimo

Una muestra de robots humanoides del Japón: Asimo, diseñado por Honda, corre y salta en una pierna con plasticidad pasmosa; dos robots realistas de Hiroshi Ishiguro, el célebre creador de una réplica de sí mismo; y una interacción con Paro, una foquita cibernética que acompaña ancianos.

 Abordo el Yurikamome, un tren aéreo sin chofer que parece sobrevolar las aguas de la Bahía de Odaiba: en la orilla izquierda veo el corte de la dimensión horizontal de Tokio, esa muralla de vidrio y titanio que es el perfil urbano de la megalópolis más high-tech de la tierra en el imaginario global. Veo pasar aviones y helicópteros sobre obras maestras de la arquitectura contemporánea: rascacielos gemelos; la Sky Tree -una torre de TV de 634 metros, la segunda estructura más alta del mundo después del Burj Khalifa en Dubái; una “Torre Eiffel” encogida y hasta una Estatua de la Libertad.
Odaiba es una isla artificial ganada al mar, el rincón más futurista de una ciudad que ya en los ‘80 inspiró la escenografía de la primera Blade Runner, el lugar natural para el Museo Nacional de Ciencia Emergente e Innovación Miraikán. Desciendo frente al edificio de Fuji TV, obra maestra del gran arquitecto Kenzo Tange: una mole rectangular de acero que lleva adentro una bola plateada de 1200 toneladas. Avanzo entre edificios cilíndricos, cuadrados, piramidales invertidos y una estatua luminosa del robot Gundam de 20 metros, que parece caminar por su ambiente natural. Pero esto no es ciencia ficción sino el hoy

FACE TO FACE CON ASIMO Entro al museo con el objetivo central de ver una demostración de habilidades por una de las estrellas de la robótica mundial: el humaniode Asimo, creado en los laboratorios Honda en homenaje al autor de ciencia ficción Isaac Asimov. Me siento en el suelo frente a una cinta separadora como las que ordenan las filas en los aeropuertos. Apenas la punta de mi pie derecho traspasa el límite imaginario proyectado desde esa línea de tela: pero un vigilante me pide que lo corra 10 centímetros para atrás. Otra cinta perpendicular a la anterior divide los sectores de adultos y niños: apoyo mi mochila en el parante para que no estorbe a nadie, justo bajo la cinta, una mitad en cada lado de la división. El hombre identifica mi nueva infracción y regresa a pedirme muy respetuosamente que por favor la corra 10 centímetros a la izquierda. El show está por comenzar.
La música crea tensión y magia, una voz dice cosas en japonés y de repente se abre hacia arriba una compuerta. Sale caminando un Asimo triunfal, un bípedo de 1,30 metros parecido a un astronauta lunar que es de lo más avanzado que existe en plasticidad de movimientos.
Cinco minutos alcanzan para demostrar las hasta ahora pocas utilidades de esta creación: corre a 9 km/h, avanza saltando en un pie, camina hacia atrás y al costado, sube y baja escaleras. Un ayudante humano coloca una pelota a tres metros de Asimo y se prepara en posición de arquero: el robot patea, la pelota se eleva unos centímetros, pica y el hombre la ataja con mucha facilidad. Asimo ya patea pero jamás podría hacerle un gol siquiera a un arquero aficionado.
El plan de gestar a Asimo comenzó en 1986 y llevó una década hacerlo caminar. Fue presentado recién en el año 2000 y desde entonces está en permanente desarrollo con asombrosos avances. Lo veo ejecutar sin caerse cada una de sus habilidades. Pero la estrella de Honda no tiene solo capacidades físicas sino también mentales: habla inglés y japonés, obedece órdenes orales, distingue el origen direccional de un sonido e identifica la particularidad de una voz para dirigir la mirada a esa persona en un grupo. Tiene el cerebro en la cintura y sensores infrarrojos, láser y ultrasónicos con los que mapea el espacio para esquivar obstáculos. La sensibilidad de sus manos y el movimiento individual de cada dedo le permiten tomar una botella, desenroscar la tapa y servir agua en un vaso para llevarla en una bandeja. Además determina por tacto la fragilidad de un vaso de cartón y adapta la fuerza para no aplastarlo.
El célebre robot puede ser programado y teleoperado por control remoto inalámbrico y comandos de voz. A su vez interpreta gestos de la cara, extiende la mano cuando alguien se la ofrece, reconoce el sonido de objetos al caer y distingue caras relacionándolas con su nombre. Su altura es la de un niño de 13 años para atenuar así temores y accidentes si tropezara.
Asimo ya dio la vuelta al mundo varias veces, ha conducido a la Orquesta Sinfónica de Detroit, bailó en Disneylandia y hasta jugó al futbol con Obama. Según el mensaje corporativo de Honda –que no revela los secretos de sus mecanismos internos– fue pensado como un “compañero” que pueda ayudar a un enfermo y limpiar un hogar. También aseguran que en el futuro podría apagar un incendio o entrar a zonas contaminadas como la central nuclear de Fukushima. A medida que siga progresando, la verdad es que podría servir prácticamente para cualquier cosa.

ROBOTS PARA TODOS Cruzo la luminosa sala central del Miraikan para tocar con mis manos a la blanca y pomposa foquita Paro, pionera en robótica terapéutica presentada al público en 2004, testeada miles de veces para mejorarle sus funciones de compañía y capacidad de dar afecto, e incluso recibirlo. El sentido común dice que un objeto no podría dar cariño como una mascota; visto así, estaríamos ante un negocio oportunista que aprovecha la soledad de tantos japoneses. Pero los estudios científicos y videos sobre la interacción de Paro con ancianos y niños autistas convencen al más desconfiado. Ya pocos discuten que Paro genera en mucha gente emociones y sensaciones momentáneas pero intensas.
Me acerco a la foquita cibernética y levanta apenas la cabeza mirándome con ojitos suplicantes. Le acaricio la frente y se sacude emitiendo un gemido agudo de foquita bebé. Le rozo la panza y me ronronea interactuando conmigo a través de sus sensores en todo el cuerpo. Es una foquita kawaii –ese concepto japonés que denota ternura infantil– a la que quiero y me quiere: creamos un vinculo de a dos, real o irreal, discutible pero que a miles de japoneses les hace la vida un poco más agradable.
A metros de Paro hay dos robots del excéntrico científico Hiroshi Ishuguro, una especie de pop-star japonés de la ciencia, famoso por haber hecho un geminoide: un robot réplica de su creador, incluso con su mismo pelo. De hecho el inventor fabricó dos Geminoides porque con los años su cuerpo fue cambiando. Lo curioso es que Ishiguro tuvo que rejuvenecer a su segundo replicante luego de hacerse en su propia carne retoques plásticos con los que se quitó años de encima: “Mi geminoide se veía más viejo que yo”.
Los robots de Ishiguro no se caracterizaron en un principio tanto por su sapiencia autónoma como por su asombrosa similaridad con los humanos: el científico crea androides que no se parecen a nadie en particular y también geminoides. Hasta la llegada del geminoide Erika en 2015, todos eran teleoperados. Es decir que pertenecían al nivel más básico de Inteligencia Artificial, casi como marionetas parpadeantes a control remoto, siempre sentadas: apenas mueven brazos, manos, cabeza, ojos y boca con una plasticidad aceptable. Hablan a través de un sencillo sistema sintetizador de la voz de su operador; la computadora que lo controla está fuera del cuerpo, oculta al igual que el parlante de la voz, a veces camuflado en un florero. Y tienen sensores visuales que les permiten reconocer una presencia humana, reaccionando físicamente a ese estímulo con la cabeza y los ojos.
Me paro frente a una creación de Ishiguro. Es Otonaroid, una mujer adulta de belleza común con pelo largo y levemente bizca, que a cierta distancia parece real y viva. Está en modo automático así que mueve lenta y repetitivamente cabeza y pupilas, parpadeando de vez en cuando. Una vez por hora, Otonaroid es teleoperada desde una cabina para hacerla dialogar con el público. La miro fijo a los ojos buscando detalles para certificar que no es del todo humana, mientras converso con un brasileño que teleopera a este objeto humanoide: cuando él mueve la cabeza dentro de su cabina, Otonaroid lo imita. Y él habla a través de ella como los ventrílocuos.
Al lado está Alter, un robot creado en el laboratorio de Ishiguro, compuesto solamente por el torso de una persona de sexo indefinido, que es como esos humanoides de las películas que perdieron en batalla parte de la piel y traslucen su esqueleto metálico. En este caso falta cubrirle un fragmento de la cabeza, los brazos, el pecho y la espalda, lo cual le da un aire algo espeluznante al traslucir sus “tripas” plateadas. La cara, el cuello y los antebrazos están cubiertos por “piel” y la expresividad cambiante de la cara es pasmosamente real, así como el movimiento constante de sus brazos. Pero lo que hace tan distinto a Alter es que toda su movilidad no es programada sino que toma las decisiones por sí mismo, de manera algo azarosa ya que recoge variables como la temperatura del ambiente y los sonidos. A partir de estos datos procesados va cambiando sus gestos faciales y movimientos de brazos que, si bien son muy fluidos, no son exactamente iguales a los humanos.
El cerebro de Alter es una computadora diseñada copiando las redes neuronales humanas. Hasta la aparición de este androide, lograr que uno de ellos hiciera una actividad durante diez minutos insumía un larguísimo trabajo de programación. Pues en este caso se trata simplemente de encenderlo y puede estar horas haciendo movimientos sutilmente distintos entre sí, decididos por él mismo. Es decir que Alter se mueve como quiere, solo y sin que nadie le dé ordenes. Y la verdad es que, en este caso sí, parece vivo. Por otra parte sus sensores captan todo el tiempo los movimientos de los visitantes para estudiarlos e ir acumulando enormes cantidades de información, que le permiten ir imitando cada vez mejor nuestra naturaleza. Alter aprende de la experiencia, de observarnos, de robarnos información.

"Tres anuncios para un crimen" - Martin McDonagh

Se estrena Tres anuncios para un crimen, ganadora del Globo de Oro

La comedia del dolor

El dramaturgo cineasta británico-irlandés Martin McDonagh es conocido por su teatro desafiante en piezas como The Pillowman y por películas como Escondidos en Brujas: siempre, en su carrera y en su escritura, intenta esquivar la corrección política y dinamitar todo lo posible los preconceptos morales del espectador. Ahora su película 3 anuncios sobre un crimen, protagonizada por Frances McDormand, acaba de ganar el Globo de Oro y es otra pieza compleja: la madre de una joven asesinada cuyo crimen está impune se decide a, primero, poner los tres anuncios del título en el camino de entrada a su pueblo (Ebbibg, en Missouri) y después enfrentarse a la policía local en una escalada violenta que tiene comedia, drama y sobre todo inquietud para cualquiera que busque respuestas fáciles.


En una ceremonia de premiación dominada por los trajes largos de estricto color negro, las frases “Me Too” y “Time’s Up” y el apasionado discurso de Oprah Winfrey –saludables consecuencias del efecto dominó generado por la caída de Harvey Weinstein luego de incontables revelacionesde casos de abuso sexual–, el Globo de Oro a la mejor película dramática obtenido por 3 anuncios por un crimen, uno de los cuatro galardones recibidos por el film, coronó una noche donde la mujer fue el centro de la escena. (A pesar de ello, como bien señalaron Natalie Portman y Barbra Streisand sobre el escenario, la ausencia de realizadoras con nominaciones resultó apabullante, como suele ser la costumbre en Hollywood.) La historia de una madre que lucha con uñas, dientes y tres carteles a la vera de la ruta, presionando al comisario del pueblo para que la violación y asesinato de su hija adolescente no quede impune –todo ello en un medio ambiente sometido al a ley de los hombres– pareció brillar como lo hace la cereza sobre la torta. Pero el tercer largometraje del británico-irlandés Martin McDonagh, protagonizado por una extraordinaria Frances McDormand, también ha disfrutado de su propia cuota de polémicas en este nuevo orden de las cosas. Configuración que,en más de una ocasión, tiende a confundirlo justo con lo políticamente correcto y la complejidad con las sospechas de indeterminación. Y es que si bien Three Billboards Outside Ebbing, Missouri está centrado, efectivamente, en esa encarnizada pelea maternal de alcances sociales, es también un film acerca de la confusión entre los conceptos de justicia y venganza y los infernales círculos de violencia que se eternizan por la fuerza de la retroalimentación. Alguna voz se alzó recientemente para describir al film como “moralmente ambiguo”, acusación que el propio realizador se apuró a responder en una reciente entrevista con Los Angeles Times: “Esa ambigüedad es exactamente lo que estaba buscando, por lo tanto, no resulta una sorpresa. Considero que es una buena película y ese rechazo es muchas veces una reacción refleja. Creo que con el paso del tiempo –no ahora, pero sí dentro de un tiempo– el corazón del film será definitivamente visto como algo que merece ser reconocido”. La otra fuerte objeción que se ha hecho escuchar, ligada inexorablemente a la primera, está relacionada con la relevancia creciente que va adquiriendo un personaje aparentemente secundario, el policía racista y violento interpretado por Sam Rockwell. ¿Es el film moralmente ambiguo o son las criaturas que lo habitan las que reflejan identidades equívocas, paradójicas incluso? Los riesgos de la corrección política como filosa lima que elimina cualquier aspereza o protuberancia, por pequeñas que estas sean.
La imagen de esas tres enormes estructuras abre la película y regresará a la pantalla en varias ocasiones. A veces envueltas en la niebla mañanera, evidenciando su escaso uso en tiempos recientes, otras bajo el sol reluciente, ostentando sus nuevos ropajes de ploteo y, en una ocasión inolvidable, consumiéndose en un fuego tan selectivo que no puede sino ser intencional, enemigo. De alguna manera, el trío de monumentos modernos hace las veces de coro griego, comentando sin palabras ni interjecciones los cambios en las circunstancias que golpean a los héroes y villanos –si es que esa tajante división es posible– allí abajo, en el teatro donde tiene lugar el drama, ese pueblito de Missouri llamado Ebbing. Mildred, el ceño fruncido como en casi cada plano del film, detiene su auto y decide ahí mismo, con la fuerza de un ¡eureka!, que una campaña publicitaria puede ser una manera efectiva de destacar y, tal vez, desbaratar la inoperancia de las fuerzas policiales. Su hija lleva muerta siete meses y nada parece indicar que el o los responsables del hecho vayan a ser hallados, juzgados y condenados. La visita de la mujer a las oficinas de la empresa de publicidad local pone en órbita el tono general de 3 anuncios por un crimen: partes iguales de drama y comedia (muchas veces oscura, densa, pegajosa), cuyo parentesco con el cine de los hermanos Coen es más superficial que profundo: el universo duro, torpe y palurdo que describe McDonagh es observado casi siempre a nivel raso, nunca desde las alturas. Red Welby (el colorado Caleb Landry Jones) es menos zonzo de lo que aparenta y el primer pago por adelantado para la fabricación de los afiches pone en marcha la operación, que, a juzgar por las primeras reacciones, va en camino de convertirse en un éxito. “Violada mientras moría”. “¿Y todavía no hay arrestos? ¿Cómo es  posible, jefe Willoughby?”. En ese orden, con simples letras negras sobre fondo rojo. Como en una de esas campañas ingeniosas que apelan al misterio y a la sorpresa, aunque en esta ocasión no se trate de promocionar las bondades de un producto sino, precisamente, todo lo contrario. No importa que Willoughby, el sheriff, esté muriendo de cáncer, algo que todo el pueblo sabe de primera mano (aunque ese elemento de la historia vaya a jugar un papel preponderante en su desarrollo). Porque, al fin y al cabo, ¿qué tiene que ver la piedad con todo esto? Y sin embargo...

Pueblo chico, infierno grande

McDormand rechazó en un primer momento el papel de Mildred por cuestiones ligadas a su propia edad biológica: “Me gusta interpretar papeles que tengan mi edad real y no más jóvenes”, afirmó en la conferencia de prensa durante el Festival de Venecia, donde la película tuvo su premier mundial. Apostando a esa lógica, le parecía poco realista que una mujer de clase trabajadora esperara hasta los 38 años para tener a su primer hijo, un muchacho que en el tiempo de la ficción tiene unos veinte años (Lucas Hedges, quien encarnó a otro hijo sacudido por la muerte de un familiar en la reciente Manchester junto al mar). Fue finalmente el marido de la actriz, Joel Coen –que quizás haya visto algo de su propia obra reflejada en el guion de McDonagh– quien la convenció de aceptar el papel, escrito específicamente para ella. En un film cuyas virtudes artísticas dependen, en una medida importante, del casting correcto, la presión o seducción ejercida por el autor durante casi dos años rindió finalmente sus frutos. Es precisamente en los dos duetos actorales –el primero de ellos conformado por la protagonista de Fargo junto a Woody Harrelson (el sheriff moribundo), el segundo con el oficial de policía interpretado por Rockwell– donde la traslación exitosa del papel a la pantalla encuentra uno de sus pilares esenciales. Otro de esos cimientos, desde luego, es la descripción descarnada –aunque no exenta de cariño– de un microcosmos que McDormand conoce a la perfección: a pesar de haber nacido en Chicago, pasó una parte importante de su infancia mudándose de un pueblo rural de los Estados Unidos a otro, viajando junto a sus padres adoptivos, ambos nacidos en Canadá.
En el estreno local de la película en Missouri, McDormand afirmó que “hay una palabra para describir a aquella persona que pierde a su pareja: viudo o viuda. Cuando perdés a tus padres sos un huérfano. Pero no hay ninguna palabra en el idioma inglés que defina a aquel que pierde a su hijo o hija. Hablamos mucho durante la preparación del personaje respecto de ese tema y de cómo, luego de siete meses de parálisis, Mildred se radicaliza y toma decisiones a sabiendas de que habrá daños colaterales –entre otros, su hijo Robbie–, pero que la única manera de sobrevivir de allí en más es la acción y no la parálisis. Esa es la parte más específica y subjetiva de la historia, que puede formar parte de una conversación mucho más grande, relacionada con el trauma y el duelo cultural. Creo que, desde la época de la industrialización, en los Estados Unidos no hemos podido encontrar el camino adecuado para tratar el trauma de la pérdida”. La escalada de violencia verbal y física se dispara desde el mismo momento en el que los anuncios comienzan a ser visibles desde la ruta, el comentario y la comidilla de todo el pueblo. El tráiler de 3 anuncios por un crimen destaca la proliferación de golpes y lastimaduras como parte constituyente de la narración, derivados del slapstick que adoptan la fisonomía de la comedia del dolor (muscular, óseo, epidérmico), característica en el cine del realizador que ya estaba presente en su ópera prima, Escondidos en Brujas, e incluso en su obra previa como dramaturgo, que algunos críticos relacionan con el teatro de la crueldad de Artaud. El gag del dentista que prueba un poco de su propia medicina –aunque en una parte del cuerpo definitivamente inapropiada– resulta un buen ejemplo, como así también el del trío de estudiantes que recibe consecutivamente, como en un corto de Los tres chiflados, un certero puntapié de la inopinada madre vengadora. Pero los momentos de humor, que suelen rozar la incomodidad, nunca desinflaman por completo la capa de humores viscosos que infecta la trama, a tal punto que en varias ocasiones la humanidad de los personajes parece quedar absolutamente a la deriva, oculta ante el opaco velo de la agresividad, el prejuicio, el egoísmo o la simple ignorancia. El hecho de que esas cualidades nunca terminen de usurpar la primera plana, transformando a los habitantes de esta Ebbing de ficción en una simple caricatura grotesca y cruel, es una verdadera primera vez en la carrera cinematográfica de Martin McDonagh.

Tema del canalla y el héroe

¿Es posible, esperable, deseable que un personaje que hace alarde, ante propios y ajenos, de su capacidad para torturar prisioneros negros pueda finalmente encarnar en un héroe durante el tercer acto de la historia? En otras palabras, ¿puede alguien desagradablemente violento y racista transformarse en aquel que posee la clave para hallar al responsable de crímenes mayores? La manipulación constante de las emociones del espectador forma parte del juego que propone McDonagh, especialmente luego de abandonar las instancias marginales del relato, incluida una subtrama con el “enano del pueblo” –como lo llaman sin ningún atisbo de corrección, política o de otra índole–, interpretado por Peter Dinklage (Tyrion de Juego de tronos). “Nada es blanco o negro”, afirmó recientemente el realizador en una entrevista con Slash Film. “Hay muchas áreas grises y si diéramos un paso hacia atrás respecto del enojo y la furia y viéramos la humanidad del otro lado, habría mucho más espacio para maniobrar del que creemos que existe. El guion fue escrito hace ocho años, por lo tanto, no es una respuesta directa a la América de Trump o a lo que ha venido ocurriendo en Missouri durante los últimos dos años”. ¿El dolor de una madre es justificación suficiente para la ejecución de actos que den inicio a otros dolores? ¿Existe alguna posibilidad de empatía en el reino de la impiedad? Las últimas escenas de 3 anuncios por un crimen subrayan esas preguntas y varias posibles respuestas. A esa altura, la bronca y el odio parece haber carcomido a casi todos los personajes centrales de la historia y un signo de interrogación gigante, del mismo tamaño de los carteles en la ruta, aparece en la cabeza del espectador. El plano final antes de los títulos de cierre cambia esa señal por tres puntos suspensivos, evitando la posibilidad de una clausura real ante una decisión personal que es, ante todo, moral. El recorrido de  3 anuncios... es sinuoso, por momentos desconcertante, incómodo en más de una instancia. Una comedia oscurísima que, a pesar de rozar sus banquinas, no se deja tentar por la ancha carretera de la misantropía.

Feria del Libro de Villa Gesell y Mar Azul

Feria del Libro de Villa Gesell y Mar Azul

Una relación cercana con los lectores

Más de treinta editoriales acercarán sus publicaciones a los veraneantes y a los residentes hasta el próximo martes en la Casa de la Cultura de Gesell y en la cafetería La Zorra, con entrada libre y gratuita. “El libro resiste e insiste en verano”, dicen los organizadores.


“El libro resiste en verano”, podría ser el lema de la Feria del Libro de Villa Gesell y Mar Azul, que empezará este jueves y se extenderá hasta el próximo martes en la Casa de la Cultura de Gesell y en La Zorra, cafetería y restaurant, con entrada libre y gratuita. Las Cuarenta, Malisia, Club Hem, Pixel, Blatt & Ríos, Milena Caserola, Hekht, La Cebra, Tinta Limón, Caburé, Carapachay, Mansalva, Caballo Negro, Adriana Hidalgo, Interzona, Serapis, Bajo La Luna, Mil Botellas, La libre, Caja Negra, Chirimbote, Criatura, El Cuenco de Plata, Madreselva, Muchas Nueces, Santiago Arcos, Planta y Sudestada, entre otras editoriales, llevarán sus catálogos a la playa, como lo hicieron el año pasado en San Bernardo y en Santa Teresita. La programación cultural incluirá lecturas, presentaciones de libros y música con Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Damián Ríos, Reynaldo Jiménez, Leandro de Martinelli y Patricia González López.
“La Feria del libro de Villa Gesell insiste, en tiempos de crisis, en prolongar los catálogos de nuestras editoriales en la provincia de Buenos Aires”, dice Néstor González de Las Cuarenta a PáginaI12. “Durante 2017 hemos concurrido a varias ferias de la provincia, donde nuestros títulos son poco conocidos. Esta iniciativa parte de la intención de llevar –a un lugar que muchos escritores han elegido para vivir todo el año y muchos veraneantes acuden por su belleza natural– autores y libros que se ven sofocados por las políticas económicas actuales. Buscamos edificar una relación cercana con nuestros lectores. Sabemos que gran parte de los visitantes, tanto de Gesell como del Partido de la Costa, son del conurbano bonaerense, donde nuestros libros tienen una llegada limitada. Con el auspicio y los cuidados del Municipio de Villa Gesell, encontramos un buen lugar para acercar nuestro trabajo y junto a artistas locales pasar un buen momento juntos. El libro resiste e insiste en verano”, afirma González, uno de los organizadores de la Feria junto con la distribuidora Malisia.
El editor de Las Cuarenta cuenta que el año pasado “no fue una excepción en el derrotero que este gobierno marcó con sus medidas antipopulares” desde diciembre de 2015. “La caída de las ventas marca una tendencia para toda la industria del libro: los trabajadores gráficos, autores, traductores, editores... El retroceso hoy se nota más que nunca. Lo que supimos conseguir, a paso firme, merced a una diversidad propiciada por políticas culturales activas de los gobiernos anteriores al 2015, hoy se encuentra en peligro por la destrucción del poder adquisitivo y la invasión de las importaciones. La palabra se va retirando de los espacios necesarios para el debate. Este vacío nos empuja a la acción y no el afán emprendedor del pequeño empresario que busca hacerse lugar en un mercado tomado por multinacionales –aclara González–. Desde nuestra perspectiva, como distribuidores en catorce provincias, destacamos que la pérdida en nuestro extenso país es bastante desigual. Mientras en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la absorción, reducción o desaparición de librerías se hace poco visible y potencialmente recuperable frente a cualquier brote de la economía, en las provincias, las librerías independientes, que detentan el 70 por ciento de las ventas en nuestro país, no corren con la misma suerte. Su existencia es el producto de muchos años de esfuerzo y lleva consigo la virtuosa tradición de generaciones de lectores con hábitos y preocupaciones que solo un librero local, vecino, de carrera, sabe leer. Hoy están en peligro de extinción. Cuánto vendemos no es el único problema. El aumento de nuestros costos editoriales sumado al retroceso frente a la inflación nos ubica en un escenario de descapitalización. Nuestros precios no siguen la inflación y nuestro stock se reduce cada vez más rápido hasta quebrarnos”.
Las editoriales que participan de la Feria del Libro de Villa Gesell se las han ingeniado para llevar casi todo el material que tienen editado. Entre los títulos que se exhibirán se destacan Sublunar. Entre el kirchnerismo y la revolución, de Javier Trímboli (Las Cuarenta); Para una política de la liberación, de Enrique Dussel (Las Cuarenta); Presa. Un decálogo del caso Milagro Sala, diez ensayos de varios autores (Eme); La máquina de la inseguridad, de Esteban Rodríguez Alzueta (Eme); Hospital de campaña, de Gabriel Cortiñas (Club Hem editores); Club de fumadoras, de Bárbara Wapnarsky (Blatt & Ríos); Las malas lenguas, de Alejando López (Blatt & Ríos); En cualquier lado, de Pablo Katchadjian (Blatt & Ríos); Cris Morena. La mujer que transformó la adolescencia argentina, de Pablo Méndez Shiff (Milena Caserola); Animate flaco, de Washington Cucurto (Milena Caserola); Nuca, de Reynaldo Jiménez (Hekht); En casa. Una odisea del espacio doméstico, de Mona Chollet (Hekht); Literatura argentina y política, de David Viñas (Santiago Arcos) y Los chongos de Roa Bastos. Narrativa contemporánea del Paraguay, de varios autores (Santiago Arcos).
“Esta crisis nos propone nuevas formas de intervención, el nacimiento de nuevos colectivos que permitan hacer frente a la pérdida de espacios y de recursos para la proyección de catálogos e ideas. Los más sensibles al dolor ajeno no pueden evitar encontrar espacios para alzar la voz –plantea González–. Texto y contexto encuentran a sus actores”. El editor de Las Cuarenta advierte que los libros no se toman vacaciones. “En un rincón de una casa suburbana, en la costa, en las sierras: siempre se puede encontrar placer con un libro. Queremos contagiar a los que aún no han adoptado estos hábitos tan placenteros. Que, por otro lado, estimulan un pensamiento emancipador tan necesario en estos tiempos”